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La construcción de la identidad

La construcción de la identidad

Si nos paramos a analizar aquellos componentes que forman la identidad nacional nos percataremos de que está integrada por elementos percibidos como propios y como ajenos. Es decir, por lo común y por lo diferente. Esta perspectiva se caracteriza por la aseveración de que lo que da sentido a la existencia, y por tanto, a la identidad son los otros, sin ellos no habría un nosotros y viceversa. Es decir, al formar una identidad estamos excluyendo todas las demás, por ejemplo, si yo me defino como española automáticamente no puedo ser francesa. Para algunos autores, como Miquel Rodrigo Alsina (1997), la identidad no se construye sobre lo mimético sino sobre lo diferente. Con nuestra identidad no solo nos damos sentido a nosotros mismos, sino que se lo damos a los demás: por tanto, establece un cierto sistema de significación, estructura y orden. Al crear un discurso identitario que delimita un grupo pueden ponerse en funcionamiento mecanismos de inclusión pero, también, de exclusión.

La identidad es un intento de responder a ¿quién soy? Pero, también, es un intento de responder a ¿quiénes somos? Es decir, por un lado encontramos la identidad individual y por el otro, la identidad grupal. La identidad individual es poliédrica, y está formada por cada una de las identidades grupales que poseemos, por ejemplo, el yo perteneciente al grupo de trabajo, el yo perteneciente a la familia, el yo perteneciente a la comunidad, etc. Nuestra identidad personal se pone en relación con un entorno, y cuando nos sentimos que en ese entorno comparten algunos de nuestros atributos empezamos a formar parte del grupo incorporando esa identidad grupal a nuestra identidad individual. Por tanto, tal como afirma Miquel Rodrigo Alsina “nuestra identidad es exclusiva e individual, pero al mismo tiempo tiene una proyección grupal ”.

Nuestras identidades grupales son las caras del poliedro de nuestra identidad individual. La identidad grupal también ha sido definida por diversos autores como identidad social. Para Benedict Anderson (1983) las identidades sociales son imaginadas, porque los miembros que pertenecen al grupo ni siquiera se conocen. Para conseguir la unión y formar una identidad común se “inventan” diferentes vínculos comunicativos donde construir repositorios de sentido compartido. Por tanto, la comunidad es creada de manera artificial.

Los miembros de la nación son sociabilizados en un universo simbólico común, que se sitúa por encima de la experiencia individual. En la misma línea se pronunció Eric J. Hobsbawm (1983). Para él, las tradiciones que se utilizan para dar sentido al grupo y formar las identidades sociales son igualmente “invenciones”, que se construyen instrumentalizando el recurso a la Historia como base legitimadora (que se construyen desde la contemporaneidad). Es decir, usamos y evocamos el pasado como más nos interesa, respondiendo a criterios que tienen sentido en clave actual.

Pero la identidad no sólo es un producto histórico definido desde la diacronía. Como percepción, asimismo se construye mediante la articulación de visiones o estereotipos culturales. El profesor Edward W. Said (1978) fue más allá, afirmando que la percepción eurocéntrica de Oriente en el siglo XIX fue una creación de Occidente, y que ésta ha condicionado desde los modos de ver y percibir hasta, por oposición, las formas de autodefinirse. Es decir, la imagen identitaria de Oriente fue inventada, desde Occidente, en estricta clave occidental, y en virtud de criterios y normativas socioculturales estrictamente europeas.

En la actualidad, las imágenes y los estereotipos en estas construcciones tienen un papel fundamental que ven incrementada su influencia gracias a la globalización y los medios de comunicación de masas. Las narrativas que estos trasmiten tienen una gran capacidad de atracción y de identificación de grupos sociales. Por tanto, en cierto modo puede afirmarse que desde la estructura de la comunicación, desde los ámbitos encargados de crear, programar y producir estas narraciones, se posee la llave de las construcciones identitarias. Tal y como afirma Enric Castelló (2008, 54), “los medios de comunicación se convierten en creadores, deformadores, reforzadores y destructores de identidades”. En este sentido encontramos las diferentes narrativas identitarias en los medios de comunicación, que pueden tomar formas informativas, documentales o de ficción, o bien jugar con mecanismos híbridos, donde se combinan estas funcionalidades mediáticas potenciales.

Pero la identidad es volátil y cambiante, no permanece a lo largo del tiempo, y cambia dependiendo de diversos factores que analizaremos a continuación.

Hoy en día vivimos en un mundo multicultural donde se coexiste con múltiples identidades que entran en interacción. Para Melucci (2001) todo proceso de identidad tiene lugar en un espacio o sistema social de relaciones. La naturaleza de esas interacciones altera la manera de construir la identidad, y al mismo tiempo, se modifica la manera que percibimos la de los demás. Asumimos que la identidad es única y exclusiva, por lo que no pueden poseerse varias a la vez. Es decir, no podemos simultanear varias identidades al mismo tiempo. Pero para Manuel Castells (2007) existen unas “identidades proyecto”, que se basan en la creencia de que las identidades se mezclan creando una especie de “identidades mixtas”. Pero aceptar esta premisa sería admitir que existen identidades puras creando una superioridad de identidades que puede llevar a conflictos y enfrentamientos étnicos culturales.

Otra de las características de la identidad es que esta se adapta al contexto en el que vivimos. Si el contexto cambia la identidad cambia con él. Por ejemplo, en la actualidad no tenemos las mismas referencias que hace unas décadas, las funciones y roles sociales han variado y se han adaptado a “los nuevos tiempos” modificando las identidades. Asimismo, el contexto espacial hace que las identidades muten. La familia no se entiende de la misma manera en los países europeos que en los americanos. Si un individuo se traslada de un país a otro debería adaptar su identidad al nuevo escenario.

El contexto personal es otra de las situaciones que hacen variar la identidad. Dependiendo de nuestro entorno personal, económico, familiar y laboral tendremos una identidad u otra. Por ejemplo, no es lo mismo vivir solo que en pareja o en familia; al igual que no es lo mismo vivir con una renta per cápita alta que con el sueldo mínimo.

Al transformarse una identidad se produce lo que Berger y Luckman (1966) denominaron “crisis de sentido”. Para el individuo cambian los valores comunes compartidos, como la función o lo que se entiende por familia, mutan las relaciones, aparecen nuevas perspectivas religiosas, o desaparecen formas de convivencia. Es decir, el antiguo sistema de identidad ya no nos sirve para explicar el mundo. El individuo ya no se siente cómodo con su identidad anterior pero, le cuesta adaptarse a la nueva, por lo que se sentirá perdido y fuera de lugar hasta que recupere determinadas señas de reconocimiento.

En ocasiones, los cambios se producen de forma rápida, inesperada y se presentan al unísono (traslado de país, disolución de la pareja, pérdida del empleo, etc.). Se puede producir, entonces, una ruptura traumática de la identidad. Los sistemas de identificación y reconocimiento se pueden romper de golpe, y los nuevos aún no han sido asumidos por el individuo, que se encuentra en un limbo identitario y no logra reconocerse ni a sí mismo ni a su entorno. Muchas veces idealiza la vida anterior y rechaza la nueva situación. Es en este escenario donde las identidades se fragmentan.

ESTE ES UN EXTRACTO DE MI ARTÍCULO “LA REPRESENTACIÓN DE LA IDENTIDAD EN LA SERIE VIENTOS DE AGUA” Iberoamérica Global, Vol.3 Núm. 2, Dec 2010.

 
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Publicado por en 12 abril 2014 en Comunicación, Uncategorized

 

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Diego Martínez Barrio: los años de la guerra civil

Tras dimitir como presidente del gobierno, Martínez Barrio se traslada a Valencia donde presidió la Junta Delegada del Gobierno para la región de Levante para asegurar la lealtad de esa zona a la República.

Foto: Keystone | Getty Images

Foto: Keystone | Getty Images

El 17 de agosto de 1936 se le nombre Presidente del Comité de Reclutamiento del Ejército Voluntario, con base en Albacete. También fue designado Presidente de la Junta Central de Ayuda a las poblaciones españolas a partir de 1937. Durante esos momentos fue entrevistado por diferentes periódicos españoles y extranjeros, al tiempo que viajó fuera del país encabezando la Delegación española en la Liga Mundial contra la guerra y el fascismo y, en julio de 1938, en la Conferencia Internacional de la Paz celebrada en París. Su ánimo cada vez estaba más decaído porque de Sevilla le llegaban las noticias de los sufrimientos de sus familiares y amigos. Al menos pudo lograr en octubre de 1937, que su cuñado Ángel se pudiera trasladar a Valencia, a través de un canje, tras pasar 15 meses recluido en las cárceles de Queipo de Llano.

Durante toda la guerra presidió las Cortes, que se reunieron en total siete veces:

  1. 1 de octubre de 1936 en Madrid
  2. 1 de diciembre de 1936 en Valencia
  3. 1 de febrero de 1937 en Valencia
  4. 1 de octubre de 1937 en Valencia
  5. 1 de febrero de 1938 en Cataluña
  6. 1 de octubre de 1938 en Cataluña
  7. 1 de febrero de 1939 en Figueras

Las reuniones celebradas por la Diputación Permanente entre el 15 de julio de 1936 y el 12 de diciembre de 1938, un total de 41 reuniones, fueron presididas por Martínez Barrios, excepto dos, ya que el político andaluz estaba en las reuniones internacionales fuera de España.

Al finalizar la guerra, aparte de verse desposeído de sus bienes en Sevilla (su casa y su taller de imprenta), Martínez Barrio también perdió el ajuar de su vivienda en Madrid, que pasó a manos del General Moscardó, el héroe del Alcázar de Toledo.

En la inmediata posguerra, Martínez Barrio sería condenado, el 11 de septiembre de 1941, por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, a pena de rebeldía de 30 años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta y perpetua, al estimar los jueces franquistas que toda su vida política se había inspirado “en la antipatriótica tendencia masónica, adulterando las situaciones de matiz moderado en que actuó, alentando la subversión al iniciarse el Movimiento con la utilización de toda la red masónica, que manejaba, alentando la revolución con todas sus energías y poderes durante el transcurso de la Cruzada Salvadora ”. Con esa sentencia se culminaba la campaña de denostación, que habían sufrido los políticos republicanos al inicio de la contienda. En dicha campaña tuvo un papel protagonista Queipo de Llano, que le dedicó alguna que otra de sus charlas radiofónicas.

Tras la última reunión de las Cortes, que tuvo lugar en el castillo de Figueras en Gerona el 1 de febrero de 1939, con Barcelona ya tomada por las tropas franquistas, Martínez Barrio se vio forzado a salir del país para salvar su vida. El 5 de febrero de 1939 atravesó, junto a Azaña y Negrín, La Vajol y el paso fronterizo de Le Pethus. Según el propio testimonio de Azaña, a falta de un par de kilómetros para llegar a la frontera los coches no pudieron continuar su camino y tuvieron que finalizar el resto del trayecto a pie, por un terreno accidentado. Antes de abandonar el vehículo, Martínez Barrio arrancó el banderín con el escudo de la Presidencia de las Cortes, banderín que conservaría hasta su muerte y que forma parte hoy de los fondos del Legado de Martínez Barrio, depositado en el Ayuntamiento de Sevilla.

Fuentes y bibliografía:

  • ÁLVAREZ REY, Leandro, Diego Martínez Barrio. Palabra de Republicano, Ayuntamiento de Sevilla, ICAS, 2007.
  • ARTOLA, Miguel, Partidos y Programas Políticos, 1808-1936. Tomo I: Los partidos políticos, Aguilar, 1975.
  • ARTOLA, Miguel, Partidos y Programas Políticos, 1808-1936. Tomo II: Manifiestos y programas políticos, Aguilar, 1975.
  • AZAÑA, Manuel, Memorias políticas y de guerra. Tomo I (1931-1933), Crítica, 1978.
  • AZAÑA. Manuel, Memorias políticas y de guerra. Tomo IV (Cuadernos de la Pobleta 1937), Afrodisio Aguado, 1981.
  • CARR, Raymond, España 1808-1975, Ariel, 1985.
  • FERNÁNDEZ ALONSO, María Isabel, Martínez Barrio: del radicalismo a la moderación. Análisis de su labor en tres momentos importantes de la Segunda República, en Historia y Comunicación Social, Universidad Complutense de Madrid, 1993, p. 13-27.
  • GÓMEZ ORTIZ, J. M., Los gobierno republicanos. España 1936-1939, Bruguera, 1977.
  • MARTÍNEZ BARRIO, Diego, Memorias. La Segunda República española vista por uno de sus principales protagonistas, Planeta, 1983
  • TUSELL, Javier, Las elecciones del Frente Popular. Tomo I y II, Cuadernos para el diálogo, 1971.
  • TUSELL, Javier, Diego Martínez Barrio: Memorias inéditas. ¿Por qué fracasó la República?, en Historia 16, nº 93, 1984.
  • TUSELL, Javier, El Directorio y la Segunda República. La dictadura de Primo de Rivera, el fin de la Monarquía y la República (1932-1936), Espasa Calpe, Biblioteca El Mundo, 2004.
  • TUSELL, Javier, Guerra y Dictadura. La guerra civil, la posguerra y el fin del aislamiento internacional (1936-1951), Espasa Calpe, Biblioteca El Mundo, 2004.
  • VV.AA, Homenaje a Diego Martínez Barrio, Imprimerie La Ruche Ouvrière, París, 1978.
  • 10.1 Internet
  • http://www.wikipedia.org
  • http://www.fuenterebollo.com
 
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Publicado por en 2 enero 2014 en Historia, Historia de España

 

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¿Por qué se construye el Valle de los Caídos?

Un año después del final de la Guerra Civil, el 1 de abril de 1940, Franco anunció los planes de construcción del Valle de los Caídos, un recinto que serviría para recordar y rendir homenaje a los caídos por la “Gloriosa Cruzada[1]” de España. Según Pedro Muguruza, arquitecto del proyecto “ya hacía más de un año que el Caudillo tenía el propósito de erigir un gran monumento nacional a los Caídos de la Cruzada[2]”. También, desde algunos medios de comunicación se pedía un monumento de estas características en Madrid para rendir tributo[3]:

Madrid les debe un templo expiatorio; un templo que, como el Colisseo, recuerde siempre su sacrificio y su gloria; donde a toda hora se ruegue a Dios por su descanso eterno; que sea como el alma de Madrid hincada de rodillas ante los que en su recinto cayeron; como el luto perpetuo de la ciudad. Un templo donde –con todos los privilegios y las gracias espirituales que el Santo Padre no regatearía- estén siempre vivas una plegaria y una luz.

La primera vez que Franco habló del Valle de los Caídos en público fue el 3 de junio de 1939, durante la inauguración de un monumento en memoria de Emilio Mola[4]:

Nuestro monumento a la Victoria no será un monumento más… será un lugar que tendrá basílica, tendrá monasterio y tendrá cuartel; tendrá la reciedumbre de España, tendrá la aspereza de la tierra, tendrá la soledad de la oración.

El objeto del monumento fue claro de un primer momento, y así se estableció en el Decreto del 1 de abril de 1940 de Presidencia de Gobierno.

La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra Historia, y los episodios gloriosos de sus hijos.

(…) A estos fines responde la elección de un lugar retirado donde se levante el templo grandioso de nuestros muertos en que por los siglos se ruegue por los que cayeron en el camino de Dios y de la Patria. Lugar perenne de peregrinación en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposen los héroes y mártires de la Cruzada.

Como vemos, en ningún momento se hace alusión ni a los muertos del bando republicano ni a ninguna posible reconciliación. Es más, en el mensaje de fin de año del 31 de diciembre de 1939, Franco descartaba cualquier forma de amnistía o reconocimiento de los vencidos:

Necesitamos una España unida, una España consciente. Es preciso liquidar los odios y pasiones de nuestra pasada guerra, pero no al estilo liberal, con sus monstruosas y suicidas amnistías, que encierran más de estafa que de perdón, sino por la redención de penas por el trabajo, con el arrepentimiento y con la penitencia (…) Son tantos los daños ocasionados a la patria, tan graves los estragos causados en las familias y en la moral, tantas las víctimas que demandan justicia, que ningún español honrado, ningún ser consciente puede apartarse de estos deberes[5]

No será hasta mediados de la década de los cincuenta cuando el régimen cambie todo el simbolismo del 18 de julio. En ese momento, España comenzaba a abrirse al exterior y era más importante trasmitir una imagen de reconciliación y, por lo tanto, enterrar el discurso de vencedores y vencidos para ganarse las simpatías de las democracias internacionales. Para ello era indispensable que el Valle de los Caídos se convirtiera en el lugar de todos los españoles y aceptase fallecidos sin distinción del bando en el que combatieron. La maquinaria propagandística del régimen se irá poco a poco apropiando del término de reconciliación.

El 23 de agosto de 1957 se promulgó el Decreto-Ley por el que se crea la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos:

El sagrado deber de honrar a nuestros héroes y nuestros mártires ha de ir siempre acompañado del sentimiento de perdón que impone el mensaje evangélico. Además los lustros de paz que ha seguido a la Victoria han visto el desarrollo de una política guiada por el más elevado sentido de unidad y hermandad entre los españoles. Este ha de ser, en consecuencia, el Monumento de todos los Caídos.

En este Decreto-Ley se menciona el perdón y se afirma que es “el Monumento de todos los Caídos”, el cambio en los diecisiete años que transcurrieron entre un decreto y otro es claro. La paz se convierte en la máxima justificación del monumento. A su vez, en la guía turística publicada por Patrimonio Nacional el año de su inauguración podemos leer[6]:

El Monumento a los Caídos por España, idea concebida durante la Cruzada y ratificada al término de la misma, debe ser estimado por todos los españoles como justo tributo a la memoria de quienes, en defensa de un tan puro ideal, hicieron desinteresada la entrega del mayor y más rico patrimonio del hombre: la vida.

(…) El Monumento de Santa Cruz del Valle de los Caídos es un auténtico cenotafio dedicado a los hombres que supieron alcanzar los más puros valores de un pueblo. Para los españoles no será el Monumento tumba de soldado desconocido. Nuestros héroes, como hombres justos, rectos, de inmaculada pureza, tienen por nome y cognomen el que les dan los principios de unidad de religión, de equidad en lo humano y de exaltación de la Patria, por la que cayeron. Y si la robusta horizontalidad de los brazos de la Cruz monumental ampara por igual a todos los españoles, su esbelta línea perpendicular se erige en faro de religiosas cimentado con el ideal de los mejores, quienes responden unánimemente al nombre de España.

La idea de reconciliación adoptó nuevos rasgos durante la transición, e implicó lo que se ha caracterizado como un “pacto de silencio”, que no permitió una condena explícita del régimen o la plena rehabilitación política y jurídica de los represaliados por el franquismo. Ese “olvido” queda patente al leer lo siguiente en una guía turística del Valle de los Caídos editada en el año 2000, veinticinco años después de la misma[7]:

El deseo expreso de su fundador fue construir la última morada para los caídos por ambos bandos durante la guerra civil de 1936-1939.

Como hemos visto con anterioridad, el deseo expreso de su fundador, Francisco Franco, fue hacer un monumento homenaje a los caídos en la “Gloriosa Cruzada” y no para todos los españoles, esa idea no nace hasta la década de los cincuenta, 10 años después del inicio de la construcción del recinto.

Trabajadores del Valle de los Caídos (Patrimonio Nacional) Foto: Belén Moreno

Trabajadores del Valle de los Caídos (Patrimonio Nacional) Foto: Belén Moreno

ESTE ES UN EXTRACTO DE MI ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA HISTORIA ACTUAL: EL VALLE DE LOS CAÍDOS UNA NUEVA APROXIMACIÓN.


[1] Informaciones, 5 octubre de 1940, portada. Ese término también se emplea en el decreto fundacional.

[2] Informaciones, 2 abril de 1940, p. 3.

[3] Informaciones, 27 septiembre de 1939, portada.

[4] Recogido en Lafuente, Isaías, Esclavos por la patria, la explotación de los presos bajo el franquismo, Madrid, 2002, 113.

[5] Citado por Preston, Paul, El Gran manipulador, La mentira cotidiana de Franco, Barcelona, 2008, 91.

[6] Patrimonio Nacional, Guía turística de Sta. Cruz del Valle de los Caídos, Barcelona, 1959, 6-7.

[7] Tornero, José Manuel, Santa Cruz del Valle de los Caídos, León, 2000, 5.

 
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Publicado por en 20 octubre 2013 en Historia, Historia de España

 

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Código emprende: cómo relacionarse con los periodistas

Mi hermana Isabel Moreno me descubrió esta semana el programa de TVE Código Emprende, un reality al estilo “El Aprendiz” (que emitió hace unos años La Sexta) en el que 6 emprendedores son evaluados.

La verdad es que me ha sorprendido por la calidad de la información que se comparte. Los consejos de Carles Torrecillas me parecen sencillos y muy oportunos. Muchas veces las cosas que hacemos bien en nuestro día a día son difíciles de verbalizar y convertir en claves estratégicas para tu negocio.

Un buen ejemplo es el caso de su exposición de las reglas comerciales en las visitas a puerta fría:

  1. Buscar al interlocutor válido
  2. Preguntar por sus necesidades
  3. Explicar cómo puedes ayudarles: exposición de tus productos y servicios (ventaja competitiva)
  4. Exponer un ejemplo de un cliente similar al que ya estemos ayudando
  5. Darle tus datos de contacto
  6. Hacer seguimiento

Creo que algunas de estas reglas se pueden aplicar en nuestra relación con los medios comunicación:

Escuchar > Exponer > Invitar  > Seguir = Confianza

  1. Escuchar al interlocutor, preguntarle por sus necesidades: ¿qué información le interesa? ¿Qué necesita cubrir?
  2. Exponer cómo vas ayudarle: ¿qué tipo de información puedes enviarle? ¿qué le vas a aportar?
  3. Invitar a contactar contigo: dejarles tus datos de contacto, abrirse a la colaboración
  4. Recordarle que estás ahí: síguele en las redes sociales, comenta sus artículos, felicítale cuando te guste su trabajo…

Así podrás generar una relación de confianza con el periodista. Nunca hay que olvidar que el periodista no es un cliente que quiera nuestro producto (no debemos tratarle como si fuera un soporte publicitario), nos tiene que comprar a nosotros y a nuestra empresa :)

¿Quién dijo que un reality no pueda generar conocimiento?

 
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Publicado por en 12 octubre 2013 en Comunicación

 

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¿Por qué un robot no puede contestar en las redes sociales?

Por mucho que lleve tiempo en el mundillo de las redes sociales aún no he perdido la capacidad de sorprenderme. Es público y notorio (que chascarrillo más bueno) que Facebook es una fuente de críticas, bueno Facebook y el bar de mi padre, el rellano de mi escalera y la “cocina” de mi empresa, y es que si algo nos gusta a los humanos hacer es criticar sobre todo ante una audiencia.

Facebook nos proporciona audiencia (el número de me gusta de una página) y por ello somos muchos que ante una disconformidad con la marca ponemos el grito en el “cara libro”, pero también hay algunos que en momentos de inspiración felicitan a la marca.

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Publicado por en 16 agosto 2013 en Comunicación

 

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“Abuelo, te voy a sacar de aquí” Un documental sobre el Valle de los Caídos

El pasado 19 de marzo TV3 estrenó el documental “Avi, et trauré d’ aquí” en castellano “Abuelo, te voy a sacar de aquí” dirigido por Montse Armegou y Ricardo Belis, dos realizadores que se pueden considerar como los padres de los documentales de Memoria Histórica.

Aviu, et trauré d'aquí

Documental emitido por TV3 en marzo de 2013

Un género: los documentales de Memoria Histórica

“Las fosas del silencio” (2003) y “El convoy de los 927″ (2004) se consideran los primeros documentales de una genealogía con una temática común: abogar por la recuperación de la Memoria Histórica. Ambos fueron dirigidos por Montse Armegou y Ricardo Belis.

En este ciclo pueden recordarse Las fosas del olvido (Alfonso Domingo e Itziar Bernaola, 2004), El tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez, 2005) o la serie La memoria recobrada (Alfonso Domingo, 2006)[1]. Con posterioridad, cabría añadir dos trabajos más, dedicados monográficamente al Valle de los Caídos: Franco, Operación Caídos y El Valle de los Caídos, la obsesión de Franco (2009) [2] Read the rest of this entry »

 
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Publicado por en 25 marzo 2013 en Historia de España

 

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Diego Martínez Barrio y Unión Republicana: El estallido de la Guerra Civil

El gobierno que se formó fue puramente republicano, ya que los socialistas se negaron a participar. Bajo el mandato de Manuel Azaña, como presidente del gobierno, Diego Martínez Barrio fue erigido Presidente de las Cortes.

El 7 de abril las Cortes destituyen al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y al día siguiente Martínez Barrio fue designado para ese puesto hasta el 11 de mayo cuando fue sustituido por Manuel Azaña y recupera su anterior puesto como Presidente de las Cortes. A esas alturas para Diego Martínez Barrio las posibilidades de convivencia no habían desaparecido totalmente: “era posible gobernar, pues unos y otros, los grupos aferrados a la violencia, la extrema derecha y la extrema izquierda, aplacaban sus ímpetus cuando se le hablaba alto”.

A Santiago Casares Quiroga le correspondió la presidencia del gobierno. Para Martínez Barrio su gestión fue una peculiar mezcla de “inconcebible pasividad y explosiones de cólera”. Casares, ni siquiera logró la colaboración de algunos de los ministros de Azaña en la etapa inmediatamente anterior.

Lo peor del gobierno, no fue lo que hizo, sino lo que no supo evitar. El desorden público que reinaba en Espala era importante, los actos de violencia se prolongaron hasta el momento del estallido de la guerra. Se ha calculado que el número de muertos pudo ser de alrededor de 350, cifra que resulta bastante superior a los 200 muertos que precedieron la toma del poder de Mussolini. Además, había que sumar los producidos por la revolución de octubre de 1934. Por supuesto, la violencia fue practicada por lo dos lados: las masas del Frente Popular incendiaron iglesias, periódicos de derechas y locales de esos partidos, mientras que los falangistas ponían bombas en locales sindicales o intentaban asesinar a figuras como Jiménez Asúa y Eduardo Ortega y Gasset. A menudo la violencia era espontánea y reactiva. Por supuesto, la descripción de esta violencia no justifica, en absoluto, la posterior sublevación, que produjo un número de víctimas infinitamente superior, sino que testimonia las deficiencias de la acción gubernamental y la angustiosas sensación, sentida por muchos, de que el adversario podía tomar la iniciativa e imponerse impidiendo la acción propia.

Mientras tanto, Casares Quiroga tenía una estrategia que consistía en esperar a que la sublevación, una vez vencida, le sirviera a él para afirmarse en el poder. Al mantener esa pasividad demostraba una ignorancia real de la situación española. Su error era tan manifiesto que fueron muchos los políticos del Frente Popular que a lo largo de las últimas semanas de la República denunciaron la existencia de una conspiración.

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Publicado por en 9 marzo 2013 en Historia de España

 

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