¿Exceso de realismo o product placement?

El Código Da Vinci

En 2003 se publica el Best Sellers internacional “El Código Da Vinci” escrito por el norteamericano Dan Brown, una novela de intriga donde los dos protagonistas recorren las calles de París y Londres en busca del Santo Grial.

Esta novela, número 1 en ventas en todo el mundo, está plagada de marcas comerciales que nos acechan desde del principio de la obra.

Como ya hemos comentado antes, la novela se desarrolla en París (más tarde se desplazarán a Londres) por lo que el autor intenta trasladaros desde el primer capítulo a la capital francesa. El protagonista, Robert Landom, no se aloja en un hotel cualquiera de París, se aloja en el lujoso Hotel Ritz:

“(…) Con los ojos entornados, miro a su alrededor y vio el elegante dormitorio renacentista con muebles estilo Luis XVI, frescos en las paredes y la gran cama de caoba con dosel.

“Pero ¿Dónde estoy?”

El albornoz que colgaba de la cama tenía un bordado un monograma: HOTEL RITZ DE PARÍS”.

El Hotel Ritz es, por tanto, un hotel en palabras del autor “elegante”. ¿No podría haber dicho simplemente qué se encontraba en el hotel más elegante y caro de París? ¿Es necesario dar nombres? En la nota del autor (Los hechos, página 11) podemos encontrar la siguiente afirmación:

“(…) Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces.”

Dar nombres, por tanto, ¿responde a un intento de realismo?

Analicemos en el siguiente cuadro todas las referencias a marcas o instituciones, así como el número de veces que aparecen las mismas a lo largo del “Código Da Vinci”:

ALITALIA 1
ASTON MARTÍN 2
AUDI 6
BANCO DE DEPÓSITOS DE ZURICH 12
CITROEN 4
COCA COLA 1
DAIMLER 1
EARL GREY 1
FERRARI 1
FIAT 4
HARVARD 5
HECKLER AND KOCH 2
HOTEL CRILLON 1
HOTEL RITZ 5
JAGUAR 4
KING’S COLLEGE 1
MANURHIN 1
PARIS MACTH 1
PERRIER 2
PORSCHE 2
RANGE ROVER 7
ROLEX 2
ROLLS-ROYCE 3
ROYAL HOLLOWAY 1
SMART 6
SMIRNOFF 1
THE TIMES 1
TIMERevista 1
WALT DISNEY 4

Comprobamos que aparecen en total 29 marcas comerciales o instituciones. Predominan las marcas de vehículos (Fiat, Smart, Ferrari…) y las marcas denominadas de “lujo” (Rolex, Perrier, Hotel Ritz…) En total se hace referencia a una marca comercial o institución un total de 80 veces en un total de 551 páginas, con lo que encontramos una referencia a una marca o institución de media cada 6,8 páginas. ¿Exceso de realismo o product placement?

Algunas marcas o instituciones salen mejor paradas que otras. El Banco de Depósitos de Zúrich se lleva la palma con 12 menciones a lo largo de la novela, pero no solo se menciona, sino que también se nos da datos de la misma:

“El Banco de Depósitos de Zúrich era una de esas instituciones bancarias abiertas las veinticuatro horas del día, y que ofrecían una moderna gama de servicios anónimos en la tradición suiza de las cuentas numeradas. Con sucursales en Zúrich, Kuala Lumpur, Nueva York y París, el banco había ampliado sus servicios hacía poco para ofrecer el acceso anónimo informatizado a depósitos encriptados y a copias de seguridad digitalizadas.

Pero el servicio que más clientes solicitaban seguía siendo el más antiguo y el más simple: las cajas fuertes de seguridad. Quien deseaba poner a buen recaudo cualquier cosa, desde acciones de bolsa hasta pinturas valiosas, podía depositar sus pertenencias de manera anónima, asegurándolas mediante una sofisticada serie de filtros de alta tecnología, y retirarlas en cualquier momento, manteniendo asimismo un total anonimato”.

Dan Brown nos habla con todo detalle de los servicios del Banco de Depósitos de Zúrich. Parece el texto de un anuncio, no una parte de una novela. ¿Exceso de realismo o product placement? Pero, las referencias a esta entidad bancaria no terminan ahí, más adelante encontramos lo siguiente:

“(…) Al parecer, aquel hombre había colaborado en el diseño de los parámetros de seguridad que hacían del Banco de Depósitos de Zúrich uno de los más modernos del mundo en cuanto a sistemas electrónicos de protección (…).”

Así mismo, Dan Brown dice del King’s College que posee “una de las bibliotecas especializadas más completas y electrónicamente avanzadas del mundo”.

El “Código Da Vinci” incorpora multitud de detalles accesorios, lo que en ocasiones nos hace sospechar de que nos encontramos ante algo más que realismo, el capítulo 67 empieza describiendo el Range Rover en el cual los protagonistas escapan de la policía: “El Range Rover era de color negro perla, con tracción en las cuatro ruedas, luces traseras empotradas y volante a la derecha”.

Pero, si estos casos nos parecen sospechosos nos sorprende aún más el inicio del capítulo, Sophie y Langdom se disponen a montar en el vehículo de ella:

“(…) – Es ese – dijo Sophie, señalando un cochecito rojo de dos plazas aparcado delante.

“Estará de broma”, pensó Langdon. Nunca había visto una cosa tan pequeña.

– Es un Smart – dijo -. Gasta sólo un litro cada cien kilómetros.”

¿Demasiada información? ¿Es necesario conocer cuánto gasta un Smart? ¿Exceso de realismo o product placement?

Si todos estos detalles fueran tan importantes para el argumento quizás en la adaptación al cine de la novela “El Código Da Vinci” dirigida por Ron Howard hubieran aparecido todas ellas. Se repite únicamente cuatro marcas de las aparecidas en el libro:

  1. Robert Langdon es profesor de la universidad de Harvard.
  2. Sophie Neveu tiene un Smart.
  3. Robert Langdon se aloja en el Ritz de París.
  4. El Banco de Depósitos de Zúrich, aparece casi en la penumbra y tienes que estar muy atento para quedarte con el nombre, a esta entidad bancaria le cambian el logo y los colores.

El resto o no aparecen o se cambian, por ejemplo en el libro los coches de la policía francesa son Citröen, en la película son Peugeot, aunque tienes que fijarte mucho para descubrirlo. Al final de la película los protagonistas huyen en una limusina de la marca Jaguar, en la película a esta limusina le han quitado la insignia.

A parte de los ya mencionados hay dos product placement descarados en la película que en el libro ni se mencionan:

  1. Todos los teléfonos móviles son Sony Ericsson. Y es más es uno de esos terminales quien les ayuda a resolver el misterio.
  2. Por detrás del protagonista, interpretado por Tom Hanks, en un momento determinado aparece una furgoneta de Bosch.

Pero hay algo que Dan Brown nos muestra por encima de las demás, la ciudad de París, sus calles, sus parques, sus hoteles… pero sobre todo el museo Louvre. El nombre del museo llega a aparecer más de 40 veces en la novela, es más el libro se inicia de la siguiente manera:

“Museo del Louvre, París.

10:46 p.m.”

El Louvre se nos describe perfectamente en las primeras páginas de la novela, su cúpula, su parquet, sus salas, hasta el lavabo. Por cierto, lo que se pasan buscando toda la novela, el Santo Grial, resulta que se encuentra precisamente en el Museo.

Si el autor ha recibido una contraprestación por parte de algunas marcas comerciales o instituciones es algo que no podemos saber, pero, lo que si sabemos es que algunas menciones resultan altamente sospechosas. Nosotras dejamos en el aire la pregunta:

¿Exceso de realismo o product placement?

Loca por las compras

Sophie Kinsella publica en el año 2000 la novela “Loca por las Compras”, su protagonista Rebecca Bloomwood es una adicta a las compras que no puede dejar de gastar dinero. Desde la primera hoja del libro se nos informa de este “pequeño” problema de Becky. La londinense recibe la factura de la VISA y rápidamente hace cuentas con la cabeza:

“(…) Sin perder la calma cierro los ojos y empiezo a sumar: el traje de Jingsaw, la cena con Suze en Quaglino’s, aquella preciosa alfombra roja y amarilla… (…)

La hoja de papel parece de color negro de tan llena que está. Una serie de nombres que me son familiares discurren con rapidez delante de mis ojos, como si estuviera en un pequeño centro comercial. Consigo ver fugazmente el nombre de Chocolates Thortons (…)”

Al instante nos llama la atención la cantidad de marcas que aparecen y todas ellas son marcas existentes. Pero, en la hoja siguiente Becky comienza a releer de nuevo la factura:

WH Smith (bueno, este esta bien, todo el mundo necesita artículos de escritorio)

Boots (vale, farmacia, no cuenta)

Specsavers (óptica, imprescindible)

Oddbins (botella de vino, esencial)

Our price (¿Our price? ¡Ah, sí!, el nuevo disco de The Charlatans. Bueno, tenía que oírlo, ¿no?)

Bella Pasta (cena con Caitlin)

Oddbins (botella de vino, básico)

Esso (la gasolina no cuenta)

Pret à manger (ese día no llevaba dinero encima)

Quaglino’s (caro, pero un día es un día)

Oddbins (botella de vino, básico)

Rugs to riches (¿qué? ¡Ah, sí!, la alfombra, la maldita alfombra.

La Senza (ropa interior sexy para la cita con James)

Agent Provocateur (ropa interior todavía más sexy para la otra cita con James. Un caso de necesidad)

Body Shop (esa cosa para frotar la piel que debería usar)

Next (una blusa blanca bastante sosa, pero estaba de oferta)

Millets…”

La cantidad de marcas comerciales y locales de ocio es abrumadora, ¿es necesario? ¿Exceso de realismo o product placement?

Pero, aún no hemos terminado dos páginas más adelante leemos:

“(…) Mienten. Lo que quieren decir es que no han podido conseguir trabajo escribiendo sobre algo más interesante. Quieren decir que han pedido trabajo en The Times y The Express, en Marie Claire y Vogue, en GQ y en Loaded y lo único que les han contestado es “largo de aquí”.”

Y todo esto en el primer capítulo, resumiendo. Marcas que aparecen en el primer capítulo (de la página trece a la diecinueve) por orden de aparición:

VISA 2
QUAGLINO’S 2
JIGSAW 2
CHOCOLATES THORNTON 3
WH SMITH 1
BOOTS 1
SPECSAVERS 1
ODDBINS 3
OUR PRICE 1
BELLA PASTA 1
ESSO 1
PRET À MANGER 1
RUGS TO RICHES 1
LA SENZA 1
AGENT PROVOCATEUR 1
BODY SHOP 1
NEXT 1
MILLETS 5
THE TIMES 1
THE EXPRESS 1
MARIE CLAIRE 1
VOGUE 1
GQ 1
LOADED 1

En 6 páginas aparecen 24 marcas o lugares de ocio, que son mencionadas un total de 35 veces lo que de media nos da que hay 5,8 marcas por página. Y esto solo en el primer capítulo.

Si seguimos avanzando en la lectura nos encontramos más o menos la misma situación, el capitulo dos se inicia de la siguiente manera:

“De camino a la rueda de prensa sólo tengo que comprar una cosa que es imprescindible: el Financial Times. Con diferencia, el mejor complemento que puede llevar una chica. Sus principales ventajas:

  1. Tiene un bonito color.
  2. Sólo cuesta 85 peniques.

Después de enumerar las maravillosas ventajas del Financial Times se pasa lista a sí misma:

“ “No estoy mal”, me digo. Llevo una falda negra de French Connection, una camiseta blanca de Knickerbox, una chaquetita de angora que compré en Marks & Spencer (pero, que podría pasar por una de Agnès B), y mis nuevos zapatos de puntera cuadrada de Hobbs (…)”.

¿Exceso de realismo o product placement?

Pero, hay una marca que destaca por encima de las demás: Denny and George, de esa marca es el pañuelo que Luke Brandom regala a Becky en el primer contacto de ambos en el libro. Ese pañuelo saldrá en varias ocasiones e incluso en la secuela “Locas por las compras en Manhattan” saldrá y será un elemento importante de la trama final.

Parece descabellado pensar que en este libro hay product placement, ya que, si todas las marcas que aparecen pagasen la autora sería multimillonaria, pero, nuca se sabe… Lo que si es cierto es que el mundo real, la vida real esta plagada de marcas comerciales y nosotros todos los días interactuamos con ellas.

La misma autora publicó en 2003 la novela “No te lo vas a creer” en ella Emma Corrigan le cuenta todos sus secretos a un desconocido en un avión, ese desconocido resultará ser su nuevo jefe con lo que las cosas se complicarán. En este libro no encontramos apenas marcas lo que contrasta tremendamente con los otros libros de Sophie Kinsella. Tan solo encontramos alguna marca hacia mitad del libro (página 137), cuando Emma entra en la habitación de su compañera de piso, Jemimá, para “cogerle prestado” unas cuantas prendas de ropa:

“(…) Al final me decido por un maravilloso top nuevo de color rojo con los hombros cortados en jirones, con mis pantalones negros de chiffon de DKNY (venticinco libras en una tienda de segunda mano de Nothing Hill) y sus zapatos plateados de tacón de Prada. Después, y a pesar de que no tenía intención de hacerlo, cojo un bolsito de Gucci.”.”

No seremos quién afirmemos que en estas novelas hay product placement y dejamos en el aire la pregunta:

¿Exceso de realismo o product placement?

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán

En el año 2001 Pablo Tusset publica “Lo mejor que le puede pasar a un cruasán” el libro narra las peripecias de Pablo Miralles que se ve envuelto casi sin comerlo ni beberlo en una conspiración en toda regla.

En este libro las referencias a marcas comerciales son abundantes desde las primeras páginas. Veámos unas cuantas citas a modo de ejemplo:

“Cortó  y me quedé masticando cruasán y pensando si ducharme, afeitarme, o sentarme a fumar mi primer Ducados (…)”

Esta escena tiene lugar en el primer capítulo cuando el autor nos está situando al personaje de Pablo en su casa recién levantado.

“ En el Día siempre parece que estén rodando una película del Vietnam, no sé qué pasa, pero es más barato que el Caprabo (..) Además, en el colmo de la previsión, se me ocurrió pasar por un estanco a comprar un Fortuna pa los porros.”

Al igual que la cita anterior esta tiene lugar en el primer capítulo, Pablo acaba de recibir un dinero de su hermano y se dispone a hacer la compra.

Pero, las marcas están presentes a lo largo de toda la historia:

  1. El protagonista, Pablo Miralles, bebe agua Vichy con Tónica.
  2. El marido de la amiga de Pablo, La Fina, trabaja para Hewlett Packard.
  3. El hermano de Pablo, Salvador Miralles, conduce un BMW.
  4. El padre de Pablo es atropellado con un Seat Ibiza.
  5. Los sobrinos de Pablo ven películas de Walt Disney.
  6. Pablo lee El Periódico y ve la MTV.
  7. La tarjeta de crédito que le proporciona la cuñada de Pablo es una tarjeta de La Caixa. Y además, Visa.
  8. Pablo duerme en un colchón Pikolin.
  9. Pablo y La Fina comparten una botella de whisky Cardhu.
  10. Les persigue un Peugeot.
  11. A veces, beben Coca-Cola.
  12. Etc.

Esta lista podría se mayor, pero así nos hacemos una idea de la cantidad de marcas que aparecen en esta novela. La pregunta, como en los casos anteriores, la dejamos en el aire:

¿Exceso de realismo o product placement?

La hermandad de la sábana santa

En el año 2004 Julia Navarro publica “La Hermandad de la Sábana Santa” la novela narra la historia de la investigación, tras un incendio en la catedral de Turín (donde se venera a la Sábana Santa) y la muerte de un hombre al que le habían cortado la lengua, liderada por el detective Marco Valoni ayudado de la historiadora Sofía Galloni.

En esta novela no hay mención a ninguna marca comercial excepto a una: Armani. En la novela aparece tres veces y las tres veces de la mano de la protagonista Sofía Galloni. La primera de ellas tiene lugar en la página 97. Sofía debe acudir a una cita donde se encontrará con el sospechoso:

“Ahora, mientras terminaba de maquillarse, se sentía nerviosa. Se había esmerado en arreglarse, eligiendo un traje de chaqueta beige de Armani. Había desayunado en la habitación, pero antes de irse se despediría de Antonino y Giuseppe.

– Suerte doctora, estás guapísima, parece que vas a una cita galante (…)”

En el párrafo anterior se identifica a la casa de moda italiana (Armani) con la elegancia.

La segunda mención tiene ocasión en la página 161, cuando Sofía esta tratando de explicar a Pietro, su amante, porque deben terminar su relación:

“- Soy un poli y parezco un poli. Tú eres una universitaria, una mujer con clase, da lo mismo que vayas en vaqueros que con un traje de Armani, siempre pareces una señora. He tenido mucha suerte de haberte tenido, pero siempre he sabido que un día me darías con la puerta en las narices y ese día ha llegado (…)”

Se vuelve a identificar a Armani con la elegancia “siempre pareces una señora”.

La tercera, y última, mención, transcurre en la página 269, Sofía tiene que ir a la ópera ya que allí se ha citado con D’Alaqua, el principal sospechoso:

“Sintió que los hombres la miraban de reojo, todos menos el cardenal, Bolard y D’Alaqua, y ella sabía que estaba especialmente atractiva esa noche porque se había esmerado arreglándose.

Por la tarde había ido a la peluquería y había vuelto a Armani, esta vez para comprar un elegante conjunto de casaca y pantalón color rojo, un color poco utilizado por el diseñador. Estaba llamativa, espectacular, le habían asegurado Marco y Giuseppe.”

Como hemos visto es la casa de moda, Armani, la que goza de total confianza de la protagonista, siempre que tiene una cita importante confía en Armani y acierta. En palabras de la autora “estaba llamativa, espectacular”.

¿Exceso de realismo o product placement?

BIBLIOGRAFÍA

­  El Código Da Vinci. Dan Brown. Traducción: Juanjo Estrella. Editorial Umbriel. Año: 2004.

­  Loca por las compras. Sophie Kinsella. Traducción: Enrique Alda Delgado. Editorial Salamandra. Año: 2000.

­  Loca por las compras en Manhattan. Sophie Kinsella. Traducción: Enrique Alda Delgado. Editorial Salamandra. Año: 2001.

­  No te lo vas a creer. Sophie Kinsella. Traducción: Enrique Alda Delgado. Editorial Salamandra. Año: 2003.

­  Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. Pablo Tusset. Editorial: Punto de lectura. Año: 2001.

­  La Hermandad de la sábana santa. Julia Navarro. Editorial: Plaza & Janés. Año: 2004.

3 comments

  1. La verdad es que es un tema complicadillo.

    En mi opinión, es indudable el poder que tiene una marca para decir muchísimas cosas. No es lo mismo decir “un reloj de oro” que “un rolex” o “un lotus”. Hasta uqé puento es necesario… pues hasta el mismo punto que decir si el abrigo que lleva alguien es rojo o es negro, depende del nivel de descripción que quiera dar el autor.

    Además, a día de hoy cualquier documento que quiera ser realista tiene que incluir nombres de marcas. Vivimos rodeados por ellas, están en todas partes y son una parte de nosotros. Sería irreal un diálogo sobre un coche sin mencionar la marca, igual que lo es cuando en los telediarios españoles dan una noticia sobre “unos conocidos grandes almacenes”… ¡si sólo tenemos El Corte Inglés, por Dios! La sociedad necesita las marcas para saber de qué hablamos: kleenex, papel albal, google, pan bimbo…. si la mayor parte de la gente lo llama así ¿por qué tenemos que obligar al escritor a hablar de pañuelos facieales de papel, papel de aluminio, buscadores de internet y pan de molde? Imaginemos al señor rico diciéndole a su chófer “Bastián, saque brillo a los coches, al de gran lujo y al urbano compacto”.

    Y lo siento pero tengo que decir que me parece totalmente ilógico incluir la aparición del Louvre en todo este artículo. Entonces, también se puede considerar “product placement” el que se diga París en vez de “una ciudad europea” y que se trata de fomentar el turismo. Además, lo que se pasan todo el rato buscando no está ahí… al menos no todo el rato.

    Por otro lado, en “Loca por las compras” si quitamos las marcas la gracia de todo el libro se va a la porra.

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