El Reinado de Alfonso XIII (1885-1936)

ANTECEDENTES

La abdicación de Amadeo I de Saboya

Amadeo de Saboya abandona el reino. Renuncia al trono el 10 de febrero de 1873. Significa el fracaso de la monarquía democrática y de la revolución de 1868, La Gloriosa.

El rey no pudo hacer frente a los numerosos problemas que se le presentaban. Su primer escollo fue el asesinato de su principal valedor, el General Prim, que supuso la ruptura del tripartito formado por humanistas, demócratas y progresistas, que ocupaban el poder. En sus dos años de reinado se habían sucedido tres elecciones generales y habían gobernado hasta seis gobiernos que cada vez eran más débiles.

El monarca no contaba con el apoyo ni la nobleza, ni la Iglesia le respaldaban, está última molesta por el establecimiento de la libertad de cultos aprobada en la constitución de 1869, temía que se produjese la separación total del Estado y la Iglesia. Además, el rey era un Saboya, la dinastía enemiga del Papado, al que había reducido el territorio del Vaticano.

En abril de 1872 vuelve a resurgir el movimiento carlista en el País Vasco y Navarra, ahora dirigidos por el pretendiente Carlos VII. Los carlistas estaban divididos entre la facción legalista, que buscaban alzarse con el poder pacíficamente presentándose a las elecciones; y entre la facción activista, que apoyaban la lucha armada y la insurrección, son estos últimos los que se hacen con el liderazgo del movimiento. Comienza la tercera guerra carlista. El 2 de mayo de 1872, Carlos VII entra en España e intenta atraer a todos aquellos que no estaban de acuerdo con las reformas instauradas por La Gloriosa.

A todos los problemas descritos anteriormente hay que sumarle el inicio de la I Guerra de Cuba.

Por ello, cuando al día siguiente de su abdicación, el 11 de febrero de 1873, firmara su renuncia en las Cortes se sentirá aliviado:

“(…) Dos años largos ha que ciño la corona de España y la España que vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y ventura que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso y atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cuál es la verdadera y más imposible todavía hallar el remedio, para tantos males. Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla.”

Ese mismo día el Congreso y el Senado en sesión conjunta proclamarán la Primera República.

La Primera República

Su proclamación es la consecuencia de un pacto político entre los diputados y senadores radicales y republicanos.

Las clases sociales más bajas la acogen con entusiasmo, creen que por fin alguien se va a preocupar de sus necesidades.

Señores: con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; y con la renuncia de Amadeo, la monarquía democrática. Nadie, nadie ha acabado con ella. Ha muerto por sí misma. Nadie trae la república; la traen las circunstancias; la traen una conspiración de la sociedad, de la naturaleza, de la historia.”

Discurso de Emilio Castelar en el Congreso, 11 de febrero de 1973

El primer presidente de la república es Estanislao Figueras que forma gobierno con los radicales y los republicanos. Su primer empeño fue mantener el orden. El 10 de mayo de 1873 se celebran las elecciones generales en medio de una gran abstención. Se produce la victoria de los republicanos federales. En el mes de junio las Cortes Constituyentes proclaman la República Federal y es nombrado presidente Francisco Pi y Margall. En ese momento los republicanos se dividieron en varias tendencias: una más conservadora dirigida por Emilio Castelar; y otra, extremista intransigente, liderada por José María Orense; y un centro bajo la dirección del ya mencionado Pi y Margall.

Se elabora un proyecto oficial de Constitución, redactado por Emilio Castelar, que incorporaba los derechos y libertades consagrados en la Constitución de 1969, incluyendo la separación de la Iglesia y Estado, y además establecía la República Federal formada por 17 estados. España por tanto pasaría a ser un estado no centralizado. Pero el proyecto no es aprobado.

Uno de los sectores que más se opone son los denominados intransigentes que pretendían una república desde abajo, es decir, una federación a partir de la libre formación de cantones. El 12 de julio se produce la sublevación, en Cartagena se proclama el primer cantón libre y se forma una Junta Revolucionaria.

Pi y Margall, después de tres meses, dimite como presidente del poder ejecutivo. Su sustituto será Nicolás Salmerón, que tendrá que hacer frente al problema cantonal, para ello recurre al ejército que ponen fin a los cantones, aunque Cartagena y Málaga siguen resistiendo. Pero, tras dos meses en el gobierno dimite alegando su negativa a firmar unas sentencias de muerte.

Emilio Castelar se convierte en presidente del poder ejecutivo. Se rige por un sistema que prima el orden sobre la libertad. Castelar es investido por las Cortes con poderes extraordinarios. Suspende las garantías constitucionales y recorta libertades. Tiene que hacer frente a tres problemas fundamentales: el cantonalismo, la guerra carlista y la guerra de Cuba.

Las acciones militares acaban con los restos del cantonalismo. Los carlistas ya están presentes en la mayor parte de Cataluña, País Vasco y Navarra. En enero de 1874 Castelar cae víctima de una moción de confianza. Entonces, el general Manuel Pavía entra en las Cortes y disuelve la Asamblea en nombre del ejército. La república dará un giro definitivo.

El general Francisco Serrano es nombrado presidente provisional y forma un gobierno donde participan radicales, constitucionalista, militares proclives a la causa alfonsina y un republicano unitario.

El último cantón, el de Cartagena, es dominado por el ejército gubernamental, mientras tanto las fuerzas carlistas han cambiado de estrategia y ahora buscan las grandes ciudades. Se produce el asedio a Bilbao, rápidamente el ejército acude a liberarlo dirigidos por el General la Concha y el General Martínez Campos que consiguen el 2 de mayo liberar Bilbao tras dos meses de asedio. El ejército eufórico se dirige hacia Estella, capital carlista, pero sufren un estrepitoso fracaso, el general la Concha muere en la batalla y dan ánimo a las tropas carlistas que buscaran de nuevo la expansión.

Los mandos militares can pasándose mayoritariamente a las filas alfonsinas. Antonio Cánovas del Castillo estaba preparando la vuelta del rey Borbón desde hacia tiempo siguiendo una política de esperar y ver que pasa, y ha ido captando adeptos entre los progresistas que apoyaron a Amadeo.

El general Martínez Campos se pronuncia a favor del príncipe Alfonso en Sagunto. Serrano dimite y parte al exilio, del que pronto retornará convertido en Alfonsino. Cánovas, forma un ministerio-regencia el 31 de diciembre de 1874. La restauración borbónica estaba en marcha.

PRESIDENTES DE LA PRIMERA REPÚBLICA
Estanislao Figueras Febrero 1873
Francisco Pi y Margall Junio 1873
Nicolás Salmerón Julio 1873
Emilio Castelar Septiembre 1873
Golpe de Estado de Manuel Pavía Enero 1874
Francisco Serrano Enero 1874
Golpe de Estado de Martínez Campos Diciembre 1874
Nombramiento de Alfonso XII Diciembre 1874

La Restauración de la Monarquía

Alfonso XII es proclamado rey de España. La restauración que se caracterizará por la estabilidad va a prolongarse hasta ka mayoría de edad de Alfonso XIII, en 1902. También significa el fin de La Gloriosa (1878) que ha dejado en la sociedad española un poso de un espíritu laico y progresista, donde el ciudadano es el eje. Además, ha quedado una nueva moneda, la peseta.

En enero de 1875 se produce la entrada oficial de Alfonso XII, el rey tiene 18 años. Los españoles esperan que acabe con las dos guerras en curso, la carlista y la de cuba, y con la inestabilidad política.

La Restauración ha sido posible gracias al trabajo político de Cánovas, que se mostró contrario al levantamiento de Martínez Campos, ya que no quería que el nuevo rey entrará de forma violenta. Cánovas querrá establecer un nuevo régimen, dar a la sociedad civil el protagonismo de la política y sustituir el levantamiento militar por el acuerdo entre dos grandes partidos para turnarse en el poder al estilo británico. Es esta situación el nuevo monarca ha de ser el árbitro de la política.

Se constituye un gobierno de transición presidido por Cánovas y se designa una comisión para elaborar una nueva constitución, la futura Constitución de 1876, que se considera moderada, es una mezcla de la de 1845 y la de 1869, de la primera toma el reconocimiento de la religión católica como la religión del Estado, pero se introduce el respeto al resto de cultos; de la segunda toma la soberanía compartida y el reconocimiento de un amplio abanico de derechos y libertades. Está constitución estará vigente hasta el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera en 1923, es decir, es la Constitución más duradera de la historia de España.

En febrero de 1876 los carlistas son definitivamente derrotados. La mayoría se acogen a las medidas de gracia aplicadas por el gobierno y el resto se va al exilio. Se producirá la abolición de los fueros vascos pero se aprobará un concierto económico que les otorgará autonomía fiscal.

Para intentar acabar con la guerra de Cuba es nombrado capitán de la isla el general Martínez Campos que finalmente convence a los rebeldes para firmar la paz en 1878, el la paz de Zanjón que establece un régimen de autonomía y una amplía amnistía. Pero, a pesar del acuerdo, la semilla del nacionalismo ya ha prendido en la sociedad cubana.

Como hemos comentado con anterioridad, Cánovas se inspira en el modelo bipartidista británico y lo articula en torno a dos formaciones políticas, que se van a turnar en el poder de un modo pacífico:

  1. El Partido Conservador, que es herencia de moderados y unionistas, y su base se fundamenta en la burguesía, la aristocracia y los funcionarios de alto nivel. Su líder es Cánovas del Castillo.
  2. El Partido Liberal, herederos de demócratas y radicales y la izquierda de la Unión Liberal.  Su líder es Mateo Sagasta.

España se constituye como una monarquía liberal parlamentaria, aunque no exactamente democrática: de acuerdo con la Constitución de 1876, el rey compartía el poder legislativo y es el rey quien propone al partido para gobernar, es decir, el gobierno hace las elecciones y no al revés. Cánovas consideró que la monarquía era algo anterior a la soberanía nacional, “el rey no jura para serlo sino por serlo”. Además, en las Cortes tenían representación no electa sectores de tanta relevancia en el Antiguo Régimen como la iglesia y la nobleza.

La política del sistema adolece de grandes males: de un lado, el cacique, personaje relevante en el ámbito rural, que controla las votaciones de su pueblo; de otro, la práctica del pucherazo o encasillado, verdadero fraude electoral que altera el resultado.

Ortega escribiría que lo peor de España no eran los caciques, sino los españoles que los aceptaban; Miguel de Unamuno, llegó a decir del caciquismo que “que no era un mal absoluto sino la única forma de gobierno posible”. En realidad, lo que sucedía en España era que, desde el punto de vista social y también político, perduraban una serie de rasgos que identificaban al caso español con el mundo del Antiguo Régimen.

El cacique contemporáneo venía a ser aquella persona que, por las razones que fuere, ejercía el monopolio del vida pública en un determinado medio. En el momento de celebrarse las elecciones los caciques sustituían la voluntad de los ciudadanos, y de ellos dependían los resultados, cuya veracidad real era nula. En realidad, la sociedad española se caracterizaba por una manifiesta pasividad y apatía respecto de la vida pública.

El resultado electoral era diseñado por el Ministerio de la Gobernación. En ese escenario los caciques locales desempeñaban un papel determinante. Su influencia permitía asegurar los resultados electorales en los distintos distritos, manteniendo la ficción de una democracia parlamentaria. Generalmente, bastaban las relaciones clientelares, pero en caso de que fuera necesario se podía recurrir a la coacción, a la compra o a la falsificación de votos.

En realidad las diferencias entre los partidos que se turnarían en el poder eran de matiz. Ambos aceptarían, en la práctica, asumir la legislación aprobada por el adversario y, además, a lo largo de los primeros años de la Restauración se llegará a una apreciable coincidencia en cuanto a programas.

Fuera del juego político se quedan el tradicionalismo y los republicanos.

El 2 de mayo de 1879 se reúnen los miembros fundadores del Partido Socialita. Pablo Iglesias les convence para fundar un partido: el PSOE. La Internacional Obrera se había dividido en dos tendencias: la marxista donde se inscribiría el PSOE y la anarquista. El PSOE en su programa fundacional pedirá la abolición de las clases, la socialización de la propiedad y la ocupación del poder político por la clase trabajadora.

En 1881 sube al poder el partido liberal encabezado por Sagasta. Realiza una liberación de la política que permite a los anarquistas celebrar un congreso en Barcelona. Adoptan el nombre de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), en la que encontramos dos tendencias: los colectivistas que buscan la acción sindical a través de una organización legal y los revolucionarios que apuestan por el sabotaje y la acción directa. Zaragoza, Cataluña, Valencia y las zonas rurales de Andalucía son las zonas de mayor implantación anarquista.

En 1882 son asesinados tres confidentes de la policía. Se acusó del crimen a la mano negra, una asociación anarquista. Era el pretexto perfecto para del Estado para desarticular la organización anarquista. La realidad es que nunca se supo quien estaba detrás de la mano negra.

La iglesia se muestra dispuesta a colaborar con el régimen liberal, tal como ha aconsejado el Vaticano. El liberalismo ha dejado de ser pecado. La iglesia se dispone, con el beneplácito del gobierno (tanto liberal como conservador), a recatolizar a España. Logra recuperar el poder social perdido tras La Gloriosa.

Un grupo de catedráticos, expulsados de la universidad de Madrid por defender la libertad de cátedra, encabezado por Francisco Giner de los Ríos, fundan la Institución Libre de Enseñanza cuyos objetivos son impartir una enseñanza no dogmática bajo el principio de libertad y el cultivo de la ciencia. Se trata de toda una renovación pedagógica que rehúye de la memoria como única forma de aprendizaje, fomenta la coeducación de chicos y chicas y potencia la personalidad, el espíritu crítico, la sensibilidad y el amor a la naturaleza.

En noviembre de 1885 muere a los 28 años Alfonso XII de tuberculosis. Deja dos hijas. Su esposa, María Cristina de Hamburgo está embarazada de 3 meses, del futuro Alfonso XIII. Para no crear un vacío legal María Cristina jura como reina. Cánovas y Sagasta han firmado un pacto en defensa del régimen, el Pacto del Pardo. Se inicia la regencia de María Cristina.

EL REINADO DE ALFONSO XIII: CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL (1885-1898)

La Regencia de María Cristina (1885-1902)

Representa la culminación del sistema, hasta la crisis de 1898. María Cristina designa un gobierno liberal que bajo el liderazgo de Sagasta comenzará algunas reformas liberales.

En mayo de 1886 nace Alfonso XIII que es nombrado rey desde ese mismo momento. La población recibe con alivio, si hubiese sido una niña hubiese favorecido a la sublevación carlista de nuevo, y con expectación, ya que Alfonso XIII será el rey del nuevo siglo XX.

En 1888 tiene lugar la primera Exposición Universal en nuestro país, Barcelona será la ciudad que la acoja. En mayo la propia reina acompañada por el joven rey la inaugurará. En la Exposición se presentará un nuevo invento: la electricidad, que será el motor de la segunda revolución industrial.

Ese mismo año los socialistas celebran su primer congreso y fundan su sindicato, la Unión General de Trabajadores (UGT) que busca llevar al mundo del trabajo las ideas socialistas y hacer frente al poder anarquista.

En 1890, por primera vez, los socialistas celebran el primero de mayo, denominado popularmente como la fiesta de nuestra señora de las ocho horas, a ser esta una de sus principales reivindicaciones. En Madrid, Vizcaya y Barcelona se realizan manifestaciones pacificas. Con el gobierno liberal se han hecho realidad algunos deseos de la revolución del 68: el sufragio universal masculino, la libertad de prensa y de las universidades, la libertad de asociarse y los juicios por jurado.

Pero, aún hay dos graves problemas que solucionar: el caciquismo que azota a España y las necesidades sociales de la clase obrera que vive en condiciones míseras.

Las elecciones de 1891 suponen la vuelta del partido conservador. En estos años de finales de siglo, el regionalismo catalán, que tiene su origen a principios de tercer tercio del siglo XIX, se transforma en movimiento político. Movimientos culturales como La Renaxensa fomentaron el uso de la lengua y revindicaron la existencia de una identidad catalana propia. En el Ayuntamiento de Manresa, en 1892, los dirigentes de la Unió Catalanista aprobaron las bases para la elaboración de una constitución regional catalana que reclamaba amplías cotas de autonomía. Son las Bases de Manresa.

A lo largo de 1893 han estallado en Barcelona 14 bombas, además del frustrado atentado contra Martínez Campos. Durante el fusilamiento de un anarquista, este anuncia que habrá una venganza contra el Estado. En noviembre, en el inicio de la temporada de ópera en el Liceo de Barcelona, hace explosión una bomba que causa la muerte a 22 personas. Se iniciará, desde entonces, un periodo trágico en Barcelona.

En 1898 Sabino Arana es elegido diputado provincial por Vizcaya, tres años antes Arana había fundado un nuevo partido: el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Nace con el propósito de defender el modelo tradicional vasco que se ve amenazado por su rápida industrialización y por la llegada de inmigrantes de otras provincias españolas que van en busca de trabajo. “Dios y ley vieja” es su consigna, es decir, fueros y tradiciones. Los fueros vascos fueron suprimidos en 1876. Arana defiende un nacionalismo radical basado en la raza, la lengua y la religión. El PNV aspira a la unión de todos los territorios vascos y a su independencia de España.

En Galicia, el nacionalismo nace de los intelectuales como Rosalía de Castro, que rescata el uso literario de su lengua. Esa, también es una manera de denunciar el olvido del Estado hacia Galicia, una región olvidada y deprimida. El movimiento nacionalista gallego no se consolidará hasta la llegada del nuevo siglo.

Desde el comienzo de la Restauración existía un valencianismo cultural alimentado por la sociedad Lo Rat Penat; como en el caso catalán y gallego, hubo una vertiente conservadora y otra izquierdista.

La prensa desempeñan un papel fundamental; los periódicos de distintas tendencias ejercen una gran influencia. El Imparcial de Madrid sobrepasa en los años noventa los 100.000 ejemplares.

El desastre del 98

En estos momentos los intereses más fuertes se centran en los territorios ultramarinos: en Puerto Rico, Filipinas y Cuba.

La situación política, a partir de la Paz de Zanjón, no ha podido ser articulado en un sistema eficaz. Los dos partidos que hay. El Liberal Autonomista y la Unión Constitucional están cada vez más alejados de los intereses españoles.

En febrero de 1895 tiene lugar el grito de Baire José Martí, Máximo Gómez y Antonio Mateo desembarcan en la isla de Cuba, hasta ese momento habían estado exiliados en EE.UU. donde recibieron apoyo político y económico. El escritor José Martí era el fundador del partido revolucionario cubano, que será el motor que engrasará la independencia. En mayo, Martí muero en uno de los primeros enfrentamientos con el ejército español.

Esta segunda guerra con Cuba incorporará dos novedades importantes respecto la anterior: los sublevados llevaron el conflicto a la zona occidental de la isla, arrasando con todo, es la táctica de la tierra quemada; y EE.UU. abandona su posición de neutralidad apoyando a los independentistas.

Sagasta, hasta entonces en el gobierno, presenta su dimisión, siendo sustituido por Cánovas que es partidario de establecer primero la paz y después las reformas. Sagasta prefería primero realizar las reformas necesarias, ya que con ellas llegaría la paz. Pero, ambos coincidían en que debían agotar todos los recursos para proteger la colonia española.

Martínez Campos es nombrado nuevo capitán general de Cuba. Es conocido como El Pacificador, por ser el artífice de la Paz de Zanjón, y tiene órdenes de conseguir un pacto, pero su estrategia fracasa. La independencia no tenía freno. Se trataba de una guerra de guerrillas, basada en la sorpresa, los insurrectos tenían a su favor, tanto el clima como el conocimiento del terreno, además contaban con el apoyo de la mayoría de la población campesina. La guerra se extendió en pocos meses por toda la isla hasta casi llegar a La Habana.

Miles de soldados españoles partieron hacia Cuba, todos eran humildes, ya que, no pudieron pagar el precio para librarse. 50.000 de ellos morirían.

Cánovas nombró como capitán general a Valeriano Weyler, elegido por su capacidad para hacer la guerra. España necesitaba ganar la guerra rápidamente debido al temor creciente de la entrada de EE.UU. que de momento no había intervenido, solo apoyaba a los rebeldes. Se produce entonces un giro de la estrategia española, la población rural es obligada a permanecer en poblados controlados por los españoles para que no puedan dar soporte a los rebeldes. Además, reforzó las trochas, caminos desbrozados y bordeados de trincheras, aunque con poco éxito. Weyler consigue cambiar el signo de la guerra, los independentistas son empujados a la zona oriental de la isla, muchos mueren o son detenidos. Su política de concentración rural, unas 400.000 personas, les pasa factura, la falta de alimentos y las enfermedades causan una gran mortalidad. Los periódicos americanos, sobre todo los sensacionalistas, encontraron los mejores argumentos en la política de Weyler para sus titulares.

En 1897 Cánovas es asesinado por una anarquista italiano. Aún hoy se desconoce quien estaba tras el magnicidio. Existen al respecto teorías, unas que hablan de la venganza de los anarquistas por la ejecución de cinco de ellos en Montjuic acusados del atentado del día del Corpus en Barcelona; otras ven alguna trama conspiratoria con intereses en Cuba.

Sagasta vuelve al gobierno y da un vuelco a la política, destituye a Weyler y concede una amplía autonomía a la isla. Pero, la guerra y la presión americana continúan.

El 15 de febrero de 1898 se produce la explosión del Maine, 250 tripulantes estadounidenses mueren. La opinión publica americana acusa a España de sabotaje (hoy se sabe que probablemente fue un accidente). La prensa pide una actuación del gobierno. A España ya le resulta imposible evitar la guerra. Parte de la escuadra española es mandada a Cuba y otra parte va a Filipinas.

El 17 de abril EE.UU. declara la guerra a España.

El clima nacionalista lo impregna todo en España al gobierno no le queda más remedio que aceptar el duelo.

La guerra tiene un rápido desenlace. El 1 de mayo sufrimos la primera derrota en la bahía de Cavite, en Manila, la potente flota estadounidense destroza la escuadra española.

El 3 de julio tiene lugar el desastre de Santiago de Cuba, en cuatro horas los siete barcos españoles son hundidos o apresados, mueren 350 marineros españoles, 1 de EE.UU. Fue una derrota aplastante.

En el mes de octubre, en París, España firma el tratado de paz por el que reconoce la independencia de Cuba u cede a EE.UU. Filipinas y Puerto Rico. Es el comienzo del imperio americano. Los 150.000 soldados españoles vuelven a casa tras la primera guerra relámpago. Son las auténticas víctimas del desastre. Se siembra el germen del antimilitarismo en España.

Al año siguiente, con la venta a Alemania de la Marianas, Carolinas y Palaos, se liquida el imperio colonial de manera definitiva, a excepción de los territorios africanos.

EL REINADO DE ALFONSO XIII: EL REGENERACIONISMO (1898-1914)

El ánimo de los españoles cae desde el entusiasmo al pesimismo más absoluto y la frustración. Comienza entonces a hablarse de regeneración.

Los intelectuales, encabezados por Joaquín Costa, aspiran a resolver los males de la patria. Quieren acabar con la oligarquía y el caciquismo. Para Costa los dos objetivos principales era la enseñanza y la producción, es decir, “escuela y despensa”.

Pero, a pesar de todo el clima, la política no cambia. El desastre no pasa factura aparentemente, la alternancia en el poder continúa. Los liberales dejan paso a los conservadores.

En 1899 llegó al poder Francisco Silvela con un programa regeneracionista. Durante su mandato la debilidad esencial del regeneracionismo queda patente, cuando se pasaba de planteamientos genéricos a tratar de plasmarse en realidades políticas precisas. Todos los ministros en su campo específico querían ser reformadores del Estado, pero, a la hora de la verdad, por lo menos en un elevado porcentaje, sus programas resultaban mutuamente excluyentes. En octubre de 1900 se produce su primera dimisión.

Aparecen en este contexto un grupo de intelectuales, que después serán conocidos como la generación del 98, que comparten un sentimiento: el dolor de España. En sus obras buscan las raíces de la decadencia española. Este grupo esta formado por intelectuales como Unamuno, Machado, Azorín, Valle-Inclán o Maeztu.

Es la edad de plata de la cultura española, donde encontramos a tres generaciones que llegarán hasta la guerra civil. Además, Picasso, Sorolla, Gaudí, Granado, Falla, Marañon, Ramón y Cajal, etc. propician el enorme desarrollo de la cultura en esta época.

Regeneracionistas, en un sentido o en otro, lo fueron todos los españoles del reinado de Alfonso XIII. En estas condiciones no puede extrañar que la palabra “regeneración” tuviera un sentido muy diferente según quien la pronunciara.

La crisis del 98 acelerará el proceso de algunos regionalismos. Los catalanistas aspiran a potenciar su propia identidad nacional y a distanciarse de España a la que consideran una nación envejecida, cuando no muerta, incapaz de modernizarse. Así surge la Lliga Regionalista de Catalunya, un partido de centro derecha liderado por Prat de la Riba y Francesc Cambó.

La pérdida de las colonias obliga a los españoles a liquidar sus negocios allí. Esa llegada de capital, sumado al dinero que traen los indianos que regresan a España, provoca a finales de siglo una gran euforia. Los bancos Hispano-Americano, Banesto y Vizcaya son de esta época.

Toda España espera con ilusión la llegada del nuevo siglo. Modernización es la palabra más oída a comienzos del siglo XX. Se desarrolla la automoción, la electricidad y el teléfono. La mayoría confía que con ellos España alcance el progreso. El cinematógrafo se convierte en el espectáculo favorito de todas las gentes. Con el cine y el fútbol nace la cultura de masas. Además, las clases acomodadas ponen de moda el veraneo. Santander y San Sebastián son las ciudades preferidas, donde veranea la reina-regente María Cristina acompañada de Alfonso XIII que está apunto de cumplir la mayoría de edad.

En marzo de 1901 sube al poder el partido liberal, Sagasta presidió este gabinete. El líder del partido tenía poco de político regeneracionista, su habilidad y paciencia habían conseguido mantener al partido liberal unido. En esta época se introducen cambios importantes en el programa político del partido como el anticlericalismo que tuvieron como consecuencia la división del partido. Además, aparecieron personajes como el conde de Romanones o Canalejas.

La mayoría de edad del rey

En enero de 1902 Alfonso XIII estrena su diario personal, en él el rey ya presagiaba la importante tarea que le era encomendada:

“Este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma trascendencia, tal y como están las cosas, por que de mi depende si ha de quedar en España alguna monarquía borbónica o la república.”

El 17 de mayo de 1902 el rey cumple 16 años, es declarado mayor de edad y jura la constitución de 1876 en las Cortes, ese día escribirá en su diario:

“Yo puedo ser un rey que se llene de gloria regenerando la patria, pero también puedo ser un rey que no gobierne, que sea gobernado por sus ministros y por fin puesto en la frontera.”

La vida en España

España es un país atrasado, con cerca de 19.000.000 de habitantes que luchan por sobrevivir. La esperanza de vida es de 34 años, las familias tienen de media 5 hijos y la mortalidad infantil es muy elevada, casi la mitad que nacen no llegan a los 5 años. El 64% de la sociedad es analfabeta. Casi no hay industria, la poca que hay está localizada en el País Vasco y Cataluña.

El trabajo en las fábricas es el más solicitado por ser el mejor pagado, el sueldo de un obrero rondaba las 3 o 4 pesetas, para las mujeres era la mitad. El estado comienza a preocuparse por la protección social, acaba de aprobar la Ley de Protección de Mujeres y Niños, que prohíbe el trabajo a los menores de 10 años, pero si saben leer y escribir pueden trabajar a los 9.

El movimiento sindical tiene poca fuerza. Los socialistas de la UGT afincados en Madrid, País Vasco y Asturias no llegan a los 4.000 afiliados. Los socialistas y anarquistas tienen simpatizantes entre el proletariado catalán y el campesinado andaluz, pero carecen de una organización estable.

La vida en el campo es aún más difícil que en la ciudad, allí viven unos 13 millones de personas, que supone el 70% de la población total. La mala distribución de la propiedad y la pobreza del suelo, la escasez de agua y el poco desarrollo de los regadíos hacen que la vida en el campo este por debajo del nivel de subsistencia. Los jornales suponen una peseta al día. La emigración es la única vía de escape del campesino. El cambio social más importante se mantendrá hasta la década de los 70, el desplazamiento de la población del campo a la ciudad, es el éxodo rural.

El mundo rural se mantiene estático, pero las ciudades crecen y se transforman. La reindustrialización del país no permite que haya trabajo para todos, y muchos emigran al extranjero. Durante el reinado de Alfonso XIII dos millones y medio de personas emigran a Argentina, Uruguay, Chile y a otros países de América.

Las clases dirigentes residían principalmente en Madrid y Barcelona, estaba formada por latifundistas, nobles o no, miembros de la burguesía industrial o de negocios y altos funcionario o profesionales, normalmente relacionados con la clase política.

La Iglesia continúa con un estatus privilegiado con el Estado. Llega al siglo XX habiendo aumentado su presencia pública y su influencia en la sociedad. Pero el partido liberal receloso del poder que ha vuelto a adquirir la iglesia decide introducir en su programa político el anticlericarismo de la tradición progresista. Acusan a la iglesia de estar impidiendo el progreso del país, de predicar la resignación a los pobres, y de haber bendecido la guerra colonial. Para que España pueda llegar a equipararse a Europa hay que cortar los lazos entre la iglesia y el estado e instaurar un sistema moderno y laico.

La continuidad de la Restauración (1902-1914)

La inestabilidad política y los problemas internos de los partidos serán las notas dominantes de este período. El joven rey, como hemos visto, desde el principio manifiesta su voluntad de intervención.

La intervención del monarca en los asuntos políticos conllevaría, sobre todo con el tiempo, numerosas críticas. Para Ramiro de Maeztu “(…) La intervención inevitable del Rey en la política tenía que crearle un enemigo cada vez que se ejercía para retirar la confianza a un presidente del Consejo”. Lo que Maeztu describía era el “proceso geométrico de la acumulación de agravios”. Es decir, un presidente que obtenía la confianza lo solía atribuir a sus propios méritos, mientras que quien la perdía le achacaba la culpa al monarca.

Hubo dos terrenos en los que la intervención del monarca fue muy importante. En los asuntos militares: al rey le correspondía exclusivamente el mando supremo del Ejército y los nombramientos requerían la aprobación directa y previa suya, y tenía, en la práctica, un derecho de inspección o veto en todas las cuestiones militares. Algunos intelectuales tacharon a la monarquía de una “Monarquía Militar”. El otro punto importante fue la intervención del monarca en las relaciones internacionales. A él le corresponderá la defensa de los altos intereses nacionales, de acuerdo con la propia Constitución de 1876.

En España la intervención del monarca en la vida política no fue otra cosa que un aspecto parcial de los problemas que traía un proceso de modernización, con todas sus tensiones y contradicciones.

El primer regeneracionismo conservador (1902-1905)

Los dos grandes partidos dinásticos (liberales y conservadores) continúan turnándose en el gobierno. Solo han cambiado sus líderes.

En 1902 el rey encarga la formación de un nuevo gobierno a Silvela, reanudándose así el turno. En el mismo momento de llegar al poder, Silvela, ya tenía ganas de abandonarlo, en su diario escribió las siguientes palabras: “el enorme sacrificio de gusto, fortuna, tranquilidad y salud será completamente estéril y me juro a mí mismo aprovechar la primera ocasión que me ofrezca una crisis para retirarme de la política”. Además, el monarca acabó chocando con él y sus dificultades aumentaron ante la división de los conservadores. Finalmente, el presidente dimitió de la jefatura de su partido diciendo: “Tenéis ante vosotros un hombre que ha perdido la fe, que ha perdido la esperanza”. Se planteaba así un problema de liderazgo dentro del partido.

Quien fue llamado a gobernar en un primer momento fue Fernández Villaverde, cuyo prestigio derivaba en que había sido el único ministro capaz de llevar a la práctica su programa. Su gobierno no duró más que desde julio hasta diciembre de 1902.

Ascendió entonces a la dirección del partido Antonio Maura, que, con el paso del tiempo, había de convertirse en su principal dirigente y aun en el político más relevante del reinado de Alfonso XIII. A Maura le caracteriza un talante muy distinto al de Silvela. Frente al desánimo de Silvela, Maura tenía fuerza para enfrentarse con los problemas del país e intentar por todo los medios que se cumpliera la solución que él consideraba óptima. Una discrepancia con el rey respecto del nombramiento de un alto cargo militar, pero sobre todo la propia división del conservadurismo, provocaron la caída de Maura. Pero él, en sus propias palabras, “no era un presidente dimitido sino relevado”.

En diciembre de 1904 y tan solo durante cuarenta días le sucedió Marcelo Azcárraga. A principios de año volvió al poder Fernández Villaverde, que solo lo pudo conservar unos meses. Una vez más, fue la división del partido en el poder la causa de su relevo; en tan solo dos años había habido cuatro presidentes, cinco crisis totales y 66 ministros.

El turno de los liberales (1905-1907)

Si los conservadores habían mostrado su desunión hasta 1905, no mucho mejor era la situación de los liberales. Tras la muerte de Sagasta en 1903, pareció en peligro la unidad del partido. Las figuras más prominentes eran el Conde de Romanones y Canalejas, y como vimos anteriormente la cuestión religiosa era un foco de enfrentamientos. El problema fundamental nacía de la presencia y la actuación de las órdenes religiosas. A través de 300 reales órdenes todos los gobiernos habían permitido el establecimiento de nuevas órdenes religiosas no sujetas a ninguna disposición legal. A estas órdenes se les atribuyo por parte de los sectores anticlericales una desmesurada codicia y un poder económico enorme. Otra cuestión decisiva era el de la enseñanza. El contenido de las doctrinas enseñadas en los centros religiosos resultaba muchas veces contrarias al liberalismo. La cuestión clerical resultó un conflicto persistente que envenenó la política de la época sin llegar a una situación que permitiera la colaboración sincera entre el Estado y la Iglesia.

La cuestión clerical se entrelazó con la lucha por la jefatura del partido liberal. La ocupó en un primer momento Montero Ríos. Su afirmación de que había formado su Gobierno “por riguroso orden de antigüedad” provocó las risas del Congreso.

En esta época el Ejército pasaba por enormes dificultades que no hubo manera de solucionarlos, ni siquiera dejarlas mínimamente encauzadas. Se produjo una vuelta parcial del Ejército a la política. En realidad, nunca había permanecido al margen del escenario político por la sencilla razón de que él mismo había engendrado aquel sistema político. Como sucedería en ocasiones posteriores y había sucedido anteriormente, la intervención del Ejército en la política fue fundamentalmente reactiva. Los nacionalismos, ya fuesen vascos o catalanes, creaban una situación explosiva. El periódico catalanista ¡Cu-Cut! publicó en noviembre de 1905 un comentario sobre la celebración de un banquete de la Victoria de los catalanistas en las elecciones, afirmando que “sería de civiles”. La redacción fue asaltada por un grupo de oficiales que recibieron el apoyo de otras guarniciones e incluso de altos cargos militares, sin que se produjera una reacción por parte del ministro de la Guerra.

En diciembre de 1905, Segismundo Moret sustituye a Montero Ríos. Este presidente no solo no castigó la insubordinación de los oficiales que habían tomado la justicia por su mano, sino que además, entregó el Ministerio de la Guerra al general Luque, que se había identificado con la protesta barcelonesa y que, como muchos otros jefes militares, exigía que los delitos no ya contra el Ejército sino contra la patria fueran sometidos a juicios militares. En marzo de 1906 se aprueba la Ley de Jurisdicciones que limitaba la libertad de prensa y la jurisdicción civil, al determinar que los delitos contra el Ejército y la Patria serían juzgados por tribunales militares. A partir de ese momento, el Ejército se convertía en virtual monopolizador del patriotismo.

En julio de 1906, el general José López Domínguez sustituyó a Moret en el poder. En octubre se hizo público el proyecto gubernamental de acuerdo con el cual sería imprescindible disposición de rango de ley para admitir a cualquier orden religiosa. En ese momento Canalejas intenta hacerse con el poder, pero aunque logra sustituir a López Domínguez, no pudo conseguir ser aceptado por unas Cortes iracundas.

El último intento del Gobierno liberal le correspondió, en diciembre de 1906 al marqués de Vega de Armijo, un aristócrata. Su Gobierno no era sino una acumulación de facciones personalistas destinadas a la rápida desintegración.

Durante los dos últimos años los liberales habían mostrado una incapacidad para mantenerse unidos realizando un programa concreto.

El 31 de mayo de 1906 en la iglesia de los Jerónimos acababa de casarse Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battemberg. El cortejo real va camino al Palacio de Oriente, cuando al pasar por la calle Mayor alguien lanza una bomba escondida en un ramo de flores. Los reyes salen milagrosamente ilesos de un atentado que causa 30 muertos y decenas de heridos. El autor fue un anarquista llamado Mateo Morral que se suicida antes de ser detenido. Morral era bibliotecario de la escuela moderna, un instituto pedagógico de signo libertario. Francisco Ferrer y Guardia, su fundador, es procesado por el atentado, uno de sus abogado es Lerroux. Tras cumplir un año de prisión sale en libertad por falta de pruebas.

Los republicanos

Los partidos republicanos se habían quedado fuera el parlamento. Durante estos años recuperaran su presencia pública en las zonas urbanas, las votaciones republicanas siguieron siendo nutridas, hasta dar incluso la sensación de poner en peligro las instituciones monárquicas. Algunos importantes intelectuales se vincularon con el movimiento republicano; los más significativos fueron Joaquín Costa y Benito Pérez Galdós.

En el republicanismo se daban ideologías contrapuestas, mínimamente coincidentes y que incluso parecían más distintas entre sí que de algunas de las restantes fuerzas políticas. En la izquierda el partido federal gozaba de la reputación intelectual de Pi y Margall y de una indudable sintonía con el movimiento obrero. El centro estaba representado por el republicanismo unitario de Ruiz Zorrilla, cuyo componente revolucionario derivaba exclusivamente de la confianza en los pronunciamientos militares para derrocar la monarquía. La derecha era partidaria de la actuación exclusivamente legal, contaba aparte del apoyo de los sectores intelectuales, con un nuevo líder, Nicolás Salmerón.

El desastre del 98 tuvo el efecto de provocar entre los republicanos la conciencia de la necesidad de unirse. En marzo de 1900 la concentración acabó por convertirse en la Unión Nacional Republicana, que obtuvo unos excelentes resultados electorales en las consultas de 1901 y 1903, en este último caso llegó a 36 escaños obtenidos. Además, se convirtió en definitiva la jefatura de Salmerón sobre la totalidad del movimiento republicano.

A partir de 1906 la emergencia de los nacionalismos jugó un papel decisivo en la vida del republicanismo español. Contribuyó a la desunión. A mediados de la primera década del siglo el republicanismo se había convertido en un mosaico no ya de grupos políticos, sino de actitudes y concepciones de la vida.

La fórmula más característica del republicanismo en el cambio de siglo fue una actitud exaltada protagonizada por líderes más o menos calificables de intelectuales pero siempre populares, revolucionaria, con un contenido más anticlerical que propiciador de la revolución social, y, al mismo tiempo, con una capacidad de atracción indudable sobre la clase obrera.

En Barcelona Alejandro Lerroux se convierte en el ídolo político de las clases trabajadoras. Se decía defensor de la revolución, pero esta era siempre vaga en sus contenidos, violenta en su expresión verbal y producto más de arranques sentimentales que de cualquier teoría. Su populismo se basaba en afirmaciones como “hay hombres que trabajan y no comen y hombres que comen y no trabajan”. En materia anticlerical su lenguaje adquiría una especial violencia, que le llevaba a decir que “donde otros tienen colgada una pila de agua bendita yo tengo colgado un fusil” o a sugerir que había que “levantar el velo de las novicias para elevarlas a la categoría de madres”. Desde un principio proporcionó servicios jurídicos y económicos a la población obrera y consiguió inaugurar la primera Casa del Pueblo. Nunca dejo de apoyarse en las masas: en su mejor momento el partido llegó a tener 9.000 afiliados.

Vicente Blasco Ibáñez desde el periódico El Pueblo convierte a Valencia en la capital republicana de España. El blasquismo lograba su principal apoyo en los medios semirrurales del entorno valenciano, pero llegó a tener un apoyo importante en la burguesía de la capital. Blasco Ibáñez era manifiestamente anticlerical.

A comienzos de la segunda década del siglo, el apogeo de la cuestión clerical y las tensiones provocaron un nuevo auge del republicanismo. De la iniciativa del grupo parlamentario republicano surgió la Conjunción Republicano-Socialista que consiguió la elección de Pablo Iglesias por Madrid en 1910, es el primer representante obrero en sentarse en las Cortes. Pero que no solo mantuvo al margen a los radicales, sino que tampoco llegó a elaborar un programa común. De hecho, la conjunción llevó una vida lánguida hasta que en vísperas de la I Guerra Mundial se disolvió.

En parte, ello se debió a la emergencia de otro grupo político de características muy diferentes al lerrouxismo o al blasquismo: el partido reformista. En realidad, la gestación de este sector debe remontarse hasta 1909, con ocasión de la protesta por la actuación de Maura en la Semana Trágica de Barcelona. El partido reformista despertó un gran interés en los medios intelectuales. El programa reformista era muy semejante al del liberalismo radical inglés: soberanía del poder civil, secularización del Estado (matrimonio civil, supresión del presupuesto del clero y separación de la Iglesia y Estado) y reforma social. El reformismo suponía una importante ruptura, cuya apariencia era positiva. La primera consecuencia de la aparición de este reformismo fue arruinar la Conjunción Republicano-Socialista. Los resultados de los reformistas quedaron muy por debajo de sus expectativas, la apatía y la desmovilización del electorado español contribuían a hacer inviable cualquier tipo de programa y los movimientos renovadores acababan haciendo propios los procedimientos habituales en los grupos políticos de turno. Los intelectuales que habían figurado en sus filas pronto sintieron una amarga decepción.

Resulta indudable que a la altura de 1914 las posibilidades de los republicanos, que parecía importantes a comienzos de siglo, se habían ido desvaneciendo. Todavía lo harían más con posterioridad a la I Guerra Mundial.

Maura en el poder (1907-1909)

En enero de 1907 accedió al poder el partido conservador cuyo liderazgo estaba ya sólidamente en manos de Antonio Maura. Si algo caracterizó su etapa de gobierno fue precisamente la solidez de la mayoría que le apoyaba.

Como decía Azorín, Maura parecía haberse tomado la política en serio. Gran orador y patriota indudable, capaz de transcender los intereses de su partido ante los nacionales, Maura accedió al poder con un programa que trató con insistencia de llevar a la práctica.

Partía Maura de la conciencia de que el sistema político de la Restauración carecía de verdadero apoyo popular “la inmensa mayoría del pueblo español” – decía – “está de vuelta de espaldas, no interviene para nada en la vida pública. De los que quedan eliminad a las muchedumbres socialistas, anarquistas y libertarias; restad las masas carlista y las masas republicanas de todos los matices; subdivididlo entre las facciones gubernamentales y decidme la fuerza verdadera que le queda en el país a cada una”.

Maura a pesar de emplear con su partido un tono exigente, lo mantuvo plenamente disciplinado. En treinta meses de Gobierno hubo tan solo dos crisis ministeriales en Hacienda y otras tantas en Guerra, debidas a motivos de salud.

Hasta la etapa final de Maura el liberalismo no fue verdaderamente una oposición peligrosa para los gobernantes conservadores. Alfonso XIII tampoco mantuvo el intervencionismo que le había caracterizado en la vida pública anterior.

Este fue un período de gran producción legislativa. Un papel muy importante le correspondió a las normas de carácter económico que supusieron un marcado giro hacia el proteccionismo. En el año 1907 se dicto la ley de protección de la industria nacional y en 1909 se aprobó una ley para el fomento de las industrias y las comunicaciones marítimas. Pero hubo también medidas de carácter social en 1908 se reguló el derecho a la huelga y se creó el Instituto Nacional de Previsión, origen de lo que serán las pensiones.

La esencia del programa de Maura era regeneracionista, y no solo consistía en una transformación del funcionamiento de la Administración, sino también en ponerla en contacto con la masa apática, cuya presencia en la vida pública se quería promover. Las tesis de Maura consistían en afirmar que el despertar de la “masa neutra” debía empezar por el municipio, evitando la intervención excesiva de la Administración central, así se regeneraría el sistema político. La reforma consistía en una considerable ampliación de la autonomía municipal.

En esa fecha nada parecía poner en peligro el gobierno de los conservadores.

La Semana Trágica y la caída de Maura (1909)

La situación en la capital catalana era habitualmente explosiva por el entrecruzamiento del problema social, la protesta nacionalista, el republicanismo, la ineficacia policial y la propaganda anarquista. Ángel Ossorio gobernador civil de Cataluña llego a afirmar que “en Barcelona la revolución no necesita ser preparada, lo está siempre; asoma a la calle todos los días; si no hay ambiente para su desarrollo, retrocede; si hay ambiente, cuaja.”

Ceuta, Melilla y otras pequeñas plazas en el norte de África son lo único que le queda a España de su pasado colonial. El desastre del 98 había dejado un ambiente popular de rechazo a las aventuras coloniales, a pesar de ello, España se ve forzada en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906 a asumir su responsabilidad internacional de control en la zona de influencia en torno a Ceuta y Melilla incluida la región del Rif e incrementar su inversión en las minas.

A comienzos de julio de 1909, las tribus rifeñas que llevan varios meses hostigando a los mineros españoles, matan a varios de ellos. El gobierno de Maura moviliza entonces a 20.000 reservistas para tomar represalias contra los insurrectos. Los reservistas embarcan en Barcelona, son soldados que han hecho el servicio militar al no haber podido pagar las 1.500 pesetas necesarias para librarse. Muchos de ellos son ya padres de familia. Su movilización provoca la protesta espontánea de sus mujeres que logran impedir el embarque. La noticia corre por Barcelona y hace estallar la ira popular contra la nueva aventura colonial. Anarquistas, socialista y republicanos convocan una huelga general.

El 27 de julio las tribus rifeñas atacan por sorpresa a las fuerzas españolas cerca de Melilla, en el conocido como el Barranco del Lobo. En la emboscada mueren 1.000 soldados y varios oficiales. La indignación popular convierte a la huelga general en una insurrección, se levantan barricadas y se queman edificios religiosos, más de 50 iglesias y conventos arden o son saqueados. No hay programa de acción ni unos propósitos precisos, tampoco panfletos o proclamas que definieran lo que pretendían quienes dominaban las calles.

El motín de Barcelona dura una semana. El gobierno de Maura declara el estado de guerra en la zona y ordena al Ejército sofocar la revuelta. La represión tuvo una dureza ciega y brutal. La semana trágica se salda con 113 muertos, de ellos 104 son civiles y 9 militares. Una vez sofocado el motín, se producen 2.000 detenidos de los cuales cinco serán condenados a muerte por tribunales militares.

Entre los condenados está el pedagogo anarquista Francisco Ferrer y Guardia a quien el gobierno acusa de haber inducido a la rebelión. Tras su fusilamiento, la izquierda europea y americana, que le considera un mártir del pensamiento libre, organiza una intensa campaña de protesta internacional contra el gobierno español. Se producen centenares de manifestaciones, solo en la de París se concentran 50.000 manifestantes.

Lo sucedido deterioró gravemente el propio sistema político de la Restauración. En un principio, Moret, al frente del partido liberal, no había mostrado una discrepancia fundamental respecto de Maura, pero la represión patrocinada por este le llevó a solicitar la inmediata dimisión del gobierno. Maura respondió atribuyendo a los liberales el haberse aliado con la “cloaca revolucionaria”.

Cuando se producía una discrepancia tan grave entre los dos partidos de turno en un sistema como el de la Restauración, resultaba imprescindible la intervención del monarca. El rey, en un primer momento, no tomó la iniciativa de poner reparos a la actuación de Maura, pero acabó por aceptar una dimisión que Maura nunca había llegado a presentar verdaderamente. La dimisión de presidente del gobierno fue a la vez dolida e indignada, llegando a afirmar que “se le había roto el muelle real” Fue este el primero y quizá el más importante de los agravios que, en forma sucesiva, fueron deteriorando la imagen del monarca en el mundo político.

Canalejas y el Regeneracionismo liberal (1910-1912)

La herencia de Maura fue recogida por Moret, pero por poco tiempo, en febrero de 1910 José Canalejas le sustituyó en la jefatura del gobierno.

Canalejas era un regeneracionista. Había representado durante años, la voluntad de transformar al viejo partido fusionista de Sagasta en un instrumento de propaganda nuevo y eficiente. Para él siempre fue evidente que el partido liberal necesitaba completar su organización democrática popular, propagandista, educacional y combatiente. Con él, por primera vez, los liberales encontraron un verdadero jefe. Su objetivo es nacionalizar la monarquía, es decir, lograr que bajo ella puedan actuar todas las fuerzas políticas útiles de España, incluyendo a las nuevas corrientes ideológicas procedentes del socialismo.

La labor legislativa de Canalejas resulta algo más discreta que la de su antecesor, pero al mismo tiempo supo dar respuesta a ansias populares persistentes y antiguas. Las dos cuestiones que supo resolver, al menos parcialmente, fue la supresión de los consumos, unos impuestos indirectos muy impopulares que gravaban los artículos de primera necesidad; y la implantación del servicio militar obligatorio, aunque solo en tiempo de guerra.

Pero, las dos grandes cuestiones políticas de la etapa gubernamental de Canalejas fueron en realidad, las mancomunidades provinciales y el tratamiento dado al poder clerical. De acuerdo con su propósito de reforzar el poder civil frente a la Iglesia, Canalejas saca adelante la llamada Ley del Candado por la que quedaba prohibido que se establezcan en el país nuevas órdenes religiosas. Su repercusión fue mínima ya que, se trataba de una disposición temporal, y la ley que había que sustituirla con carácter definitivo nunca llegó a aprobarse. Por último, Canalejas prosigue con la descentralización de la administración estatal y aprueba la Ley de Mancomunidades, que recoge la aspiración de la Lliga Regionalista de asociar las cuatro provincias catalanas en una mancomunidad que gestione las obras públicas, la beneficencia y la cultura de toda Cataluña. Pero en el momento de la muerte del líder liberal, el proyecto de ley no estaba ratificado por el Senado.

La labor de gobierno de canalejas concluyó trágicamente cuando, en noviembre de 1912, fue asesinado en la Puerta del Sol de Madrid. Con el asesinato se truncaba un liderazgo sólido del partido que no reaparecería en el resto del reinado de Alfonso XIII y la esperanza de regeneración del sistema político vigente. A partir de entonces comienza una lenta pero inexorable erosión de los dos partidos en los que se apoya la monarquía.

La agonía del regeneracionismo (1912-1914)

Desde la muerte de Canalejas hasta el estallido de la I Guerra Mundial se produjo el desvanecimiento de las posibilidades de lo que Maura denominó como la “revolución desde arriba”. En el fondo, con muchos matices diferenciales, Maura y Canalejas tenían un propósito común, aunque este se tradujera en programas diferentes: se trataba de que el sistema político vigente hasta ahora fuera transformado desde su cúspide por quienes desempañaban la jefatura del partido liberal o conservador. A la altura de 1914, sin embargo, esta esperanza se podía considerar acabada.

García Pietro fue el sustituto inicial de Canalejas, aunque tan solo por unas horas, imponiéndose al final el conde de Romanones. Pero, la verdadera cuestión era saber si debía restablecerse el turno mediante un nuevo acceso de los conservadores al poder. En realidad no se daban las condiciones para que se produjera tal relevo. A pesar de ello Maura reaccionó con violencia cuando no se le permitió su subida al poder. Aseguró que él tenía a favor la mayoría de la opinión, exigía una rectificación al propio monarca, de lo contrario habría que crear otro partido conservador, idóneo, decía en sentido despectivo, para turnar con liberal. Esa intervención de Maura no tuvo otra consecuencia que la de hacer crecer contra él la opinión liberal. Además, no puede extrañar que muchos conservadores empezaran a sentirse incómodos con la jefatura de Maura. Ya en 1911 Eduardo Dato había empezado a marcar distancias respecto a él.

Sin embargo, la división definitiva del partido conservador no se produciría sino después del liberal, que obedeció a motivos mucho más prosaicos. Romanones en su primera etapa de gobierno no pasó de ser el deslucido ejecutor de una apariencia de programa canalejista. Pero le falto la fuerza y la autoridad de Canalejas en su propio partido. Prolongó la Ley del Candado, pero su acuerdo con el Vaticano para no legislar sobre la materia sin acuerdo previo cerraba toda posibilidad efectiva de que el Estado pudiera decidir por sí mismo la cuestión de las órdenes religiosas. Durante el verano de 1913 la escisión del partido quedó consumada cuando García Prieto y Montero Ríos crearon el partido liberal-demócrata. En octubre de 1913 el conde de Romanones dimitió tras una votación adversa del parlamento.

Ese mismo mes el rey llamó para ocupar el poder a Eduardo Dato. En estos momentos la política española consistió en resolver los problemas surgidos de las circunstancias, mucho más que intentar programas regeneradores globales.

Los conflictos sociales

La sociedad española, muy desmovilizada, lo era también en lo que respecta a la protesta obrera. Los conflictos muy a menudo se desarrollaban en un clima de violencia que producía atentados, pero, por otro lado, solían concluir con la intervención de una autoridad mediadora.

Los patronos recibieron con dureza los intentos de organización sindical obrera y practicaron el cierra como maniobra contra la presión de los trabajadores.

Como hemos visto con el comienzo del siglo se inició la legislación social en España, sin embargo, ni las empresas ni los patronos cumplen esas leyes. Las condiciones de trabajo siguen siendo extremadamente duras y el nivel de vida de la clase obrera es crítico, los conflictos y las huelgas son cada vez más frecuentes.

El sindicalismo tenía un papel reducido en la vida pública del país: sólo en Madrid y Barcelona la afiliación sindical se aproximo al 30% de la población obrera. Además, como hemos visto con anterioridad quedó dividido entre la corriente anarquista y la tendencia socialista.

El anarquismo se caracterizó por su condición plural. Su tesis principal era la huelga general revolucionaria como mecanismo para colapsar el Estado burgués, unido a la acción directa. En general, los anarquistas justificaban la violencia como medio para conseguir un fin. En el verano de 1910 los anarcosindicalistas fundan en Barcelona la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), un sindicalismo apolítico que a través de la acción directa y de la huelga general revolucionaria aspira a sustituir el régimen burgués por el ideal anarquista, por el comunismo libertario. Su origen lo encontramos en Solidaridad Obrera, una organización catalana que los sectores anarcosindicalistas llegaron a controlar tras la Semana Trágica.

EL REINADO DE ALFONSO XIII: LA QUIEBRA DEL ESTADO LIBERAL (1914-1923)

A partir de 1913 no solo se había quebrado ya la unidad de los partidos monárquicos, sino que no era viable una regeneración del sistema político, un sistema que se encontraba con problemas crecientes.

La Primera Guerra Mundial

En julio de 1914 50 millones de jóvenes europeos son movilizados para ir a la guerra que acaba de estallar en Europa. En España el gobierno de Dato decreta la neutralidad y la no intervención en el conflicto. La medida es bien acogida pero no evita que los españoles se dividan. La izquierda se consideran aliadófilos por que ven en Francia la representación de la libertad y de los derechos del hombre. En cambio, la derecha se posiciona al lado de Alemania por que ven en el tercer Reich la encarnación política del orden.

La neutralidad española estimula la actividad económica que crece de modo incesante. La demanda de nuestros productos se dispara. Todos los sectores conocen un período de bonanza, se vende todo lo que se produce. Los beneficios propician el desarrollo del capitalismo español de la que la burguesía es la gran favorecida. A largo plazo la clase obrera se ve perjudicada por los efectos económicos de la gran guerra. El exceso de exportaciones acaba provocando escasez en productos de primera necesidad y en consecuencia su encarecimiento. Durante los cuatro años que dura la guerra el coste de la vida en España sube un 40% mientras que los sueldos permanecen inmóviles. Crece la indignación de los obreros perjudicados por la inflación. Muchos se afilian a los sindicatos de clase y presionan a las empresas para conseguir subidas salariales. Tanto la CNT como la UGT se convierten en auténticos sindicatos de masas. Los trabajadores no organizados ven cada vez más amenazada su subsistencia ya por sí precaria.

La guerra mundial trajo, también como consecuencia, que las reivindicaciones catalanistas aumentaran. Cambó, líder de la Lliga Regionalista, pone en marcha una rebelión contra los partidos turnistas que llevan décadas monopolizando el poder. De acuerdo con republicanos, socialistas y reformistas convoca en Barcelona durante el mes de julio de 1917 una Asamblea de Parlamentarios para forzar un cambio político. Su propuesta es liquidar el sistema de turnos de partidos, llevar a cabo una reforma constitucional que permita la autonomía de las regiones y formar un gobierno de consenso con participación de todos los partidos políticos. Pero el gobierno de Dato disuelve la asamblea tachándola de separatista.

Los problemas del gobierno (1913-1917)

El legado del gobierno de Dato, a pesar de haber creado del Ministerio de Trabajo, se centró en mantener la neutralidad durante la guerra mundial. En diciembre de 1915 el conde de Romanones sucede a Dato en el gobierno como si el sistema de la Restauración mantuviera su completa vigencia. Fueron las cuestiones imprevistas las que jugaron un papel decisivo durante el turno liberal. Durante su período gubernamental quedó planteada con carácter acuciante la cuestión social y las Juntas Militares de Defensa. En un principio estas fueron toleradas, pero luego, Romanones, consciente de las dificultades que podrían originar con el transcurso del tiempo, ordenó su disolución, que, sin embargo, estuvo lejos de llevarse a cabo, como no dejaría de suceder en repetidas ocasiones. Pero, fue la oposición a una legislación económica hizo dimitir a Romanones siendo sustituido por García Prieto.

El malestar y el descontento había llegado al Ejército, una institución arcaica, mal dotada y sobrecargada de mandos, había 16.000 oficiales para 80.000 soldados. El bajo sueldo y los polémicos ascensos por méritos de guerra que favorecen a los militares que sirven en Marruecos son motivo de irritación creciente. Con ese motivo surgen las Juntas Militares de Defensa, una especie de sindicato militar con un discurso regeneracionista que aspira a poner remedio a los males del Ejército. Las preside el coronel Márquez.

Gobernando García Prieto, su ministro de la Guerra, en un aparente acto de energía, ordenó de nuevo la disolución de las Juntas y la detención de sus miembros. La reacción de los militares fue entonces decidida y acabó en victoria. Incluso el rey, que originariamente parecía haber sido contrario a su existencia acabó por sugerir una negociación con las Juntas.

A comienzos de junio de 1917 las Juntas quisieron imponer a García Prieto un reconocimiento de su existencia, pero no estaba dispuesto este a admitirlas con claridad, acabó dimitiendo. Una vez más el Ejército hacía patente su presencia en el escenario público español y una vez más también los liberales se mostraron incapaces de enfrentarse con él, y sobre todo, vencerle. Ese mismo mes sube al poder el conservador Dato.

La crisis del verano de 1917

En el verano de 1917 estalla en Barcelona, de nuevo, una situación en la que confluyen tres grandes cuestiones: la militar, la política y la obrera.

Por un lado encontramos el problema de las Juntas Militares; por otro, como hemos visto con anterioridad, la convocatoria de la Asamblea Parlamentaria por parte de los regionalistas catalanes; y para finalizar la huelga general que se inicia el 13 de agosto.

La huelga general es convocada por UGT, aunque los motivos abducidos son económicos, es decir la indignación obrera por la subida del coste de la vida, pero su objetivo declarado es político: quieren derribar la monarquía, formar un gobierno provisional y convocar unas cortes constituyentes. La huelga se extiende rápidamente por todos los centros industriales del país, pero en contra de lo esperado, ya que los huelguistas confiaban en contar con el apoyo del Ejército o al menos con su no intervención a través de las Juntas Militares, el Ejército acata la orden del gobierno y aplasta la insurrección. El fin de la huelga se salda con 80 muertos, 150 heridos y 2.000 detenidos (incluidos los miembros del comité de huelga) Tres meses después, en la cárcel, a los detenidos les llegará la noticia del triunfo de la revolución bolchevique en Rusia.

El desarrollo de estos acontecimientos indica la timidez del régimen en ayudar a las reformas que necesita la sociedad.

Continúan los problemas (1917-1919)

Una profunda crisis política se ha instalado en España. Los gobiernos se suceden por que no duran más de cinco meses de media. Continúa la sucesión de gobiernos débiles y sin apoyos. El sistema político de la monarquía se está hundiendo.

La crisis del gobierno de García Prieto, en marzo de 1918, dio la sensación de que nadie estaba dispuesto a hacerse con el poder y que quien lo estaba no tenía el apoyo suficiente. Finalmente, ante la amenaza de la abdicación real y gracias a los buenos oficios de Romanones, se consiguió la creación de un Gobierno Nacional en el que aparecían las figuras más importantes de la política española y estaba presidido por Maura. Ya no está dentro del sistema turnista, es un gobierno de concentración. Este gobierno fue recibido con entusiasmo. Sin embargo, la realidad es que la ejecutoria del gobierno fue reducida y que quienes lo componían acabaron profundamente decepcionados de su pertenencia al mismo. El Gobierno nacional duró exactamente nueve meses.

Como en otras ocasiones fue de nuevo García Pietro el encargado de ocupar el poder. En realidad sus propósitos eran tan solo de pura supervivencia. En cualquier caso se enfrentó casi inmediatamente con a agravación del problema catalanista y fue incapaz de resolverlo.

El destinado a sustituir a García Pietro fue Romanones pero la formación de su gobierno fue muy complicada. A pesar de ello, su gabinete duró más de lo previsto, desde diciembre de 1918 hasta abril de 1919. La cuestión catalana fue el eje fundamental de la vida del gobierno de Romanones que este consiguió sortear. Pero, no pudo con el problema social y acabó dimitiendo cuando las autoridades militares barcelonesas desautorizaron a las civiles.

En 1917 por primera vez la UGT celebra en el primero de mayo la implantación de las jornadas de ocho horas. España es uno de los primeros países en introducir esta medida.

Europa está inmersa en una profunda económica que hace aumentar la conflictividad social y el desarrollo del sindicalismo. En España la UGT ha llegado ya a loas 250.000 afiliado y la CNT a 700.000. En Barcelona el auge de la CNT tuvo lugar como consecuencia uno de los conflictos cruciales en la historia del movimiento obrero español: la huelga de La Canadiense entre febrero y marzo de 1919. Esta huelga se prolongará más de un mes dejando a Barcelona a oscuras y acaba extendiéndose a otras empresas de la ciudad. El enfrentamiento de patronos y obreros acaba en un lock out, el cierre de todas las empresas que dejan en la calle a 100.000 obreros.

El conflicto se agudiza con la creación por parte de los patronos de los llamados sindicatos libres, que en realidad son grupos armados creados para romper las huelgas y asesinar a los sindicalistas más destacados. Los anarquistas para defenderse crean a su vez sus propias pandas de pistoleros. Comienza así una espiral de sangre en que el terrorismo sustituye a la lucha sindical. En siete años (1914-1921) 523 obreros y 40 patronos mueren asesinados. Son los años del pistolerismo.

Fue el Estado quien se enfrentó al terrorismo pero las medidas de represión que se emplearon quedaron al margen de cualquier legalidad. La ley de fugas se pone a la orden del día. Pero esa política de dureza y brutalidad, auspiciada por el gobierno conservador de Dato, no resolvió el problema terrorista y el presidente fue asesinado en 1921 como consecuencia de un atentado.

El turno de los conservadores (1919-1921)

Después de la caída del gobierno de Romanones, provocada por el desorden social en Barcelona, son los conservadores quienes presidirán la política española entre 1919 y 1921. Desde abril hasta julio de 1919 Antonio Maura se pone al frente de un gabinete formado exclusivamente por sus seguidores y con una significación derechista muy acentuada. La situación del nuevo gobierno aún empeoró más en el momento de las elecciones, a pesar de estar suspendidas las garantías constitucionales se debieron emplear procedimientos nada correctos para fraguarse una mayoría que en realidad no llego a traducirse en una efectiva hegemonía del maurismo. Estas elecciones dañaron gravemente la imagen de Maura, además, sus propósitos regeneracionistas democráticos y sociales no quedaban más que en pura declaración sin contenido real. Todo este período gubernamental concluyó de manera abrupta y poco gloriosa, cuando el gobierno se quedo sin el apoyo de los conservadores datistas.

Fue Joaquín Sánchez de Toca quien ejerció la presidencia hasta finales de año. Su política respecto a los problemas creados por el terrorismo en Barcelona fue la de eludir las soluciones drásticas. Una situación gubernamental como la presidida por Sánchez Toca era difícilmente perdurable y fue remplazada a finales de ese año.

El gobierno entonces fue presidido por un maurista Manuel Allendesalazar. Su gabinete era lo suficientemente ambiguo en su composición como para seguir políticas relativamente contradictorias.

En mayo de 1920 ascendió al poder Eduardo Dato. En esta época se creó el Ministerio de Trabajo, se amplió considerablemente la legislación de Seguridad Social y se adoptaron otras disposiciones de importancia en materias como los alquileres y las casas baratas. Un gobierno como el de Dato sufría presiones por parte de quienes inevitablemente juzgaban que era posible lanzarse a una política más drástica. Unos meses antes de llegar al poder Dato había recibido una carta de uno de los capitanes generales, el de Valencia, en que este le narraba la situación de impunidad existente ante los delitos terroristas y recomendaba que una “redada, un traslado, un intento de fuga y unos tiros resolvieran el problema”. Ese capitán general se llamaba Miguel Primo de Rivera y estaba destinado a desempeñar un papel muy importante en el futuro político español. Con el asesinato de Dato en 1921 la política española pareció hundirse: tras un brevísimo paréntesis dirigido por Bugallal, subió al poder Allendesalazar, que presidio el gobierno hasta agosto de 1921, momento en que tuvo lugar la entrada devastadora de Marruecos en la política española.

A lo largo de estos dos años el partido conservador había sido incapaz de volver a la unidad y, sobre todo, de ofrecer una política única y coherente.

El desastre de Annual

En Marruecos el Ejército está mandado por el general Silvestre y cuenta con 80.000 hombres. Las operaciones militares pretenden hacer efectivo el dominio español sobre el protectorado del norte de Marruecos. La zona es una región de escaso valor económico carente de una red fluvial que hiciera posible una agricultura rica. España era una potencia de segundo orden que se sentía obligada a una presencia en el norte de África por razones de prestigio internacional, pero que no obtenía de ella una rentabilidad económica significativa. La guerra marroquí, en definitiva, no respondió a ningún proyecto del Gobierno ni del Parlamento, ni, por supuesto, de las masas populares.

Como hemos habíamos visto con anterioridad en 1906 se celebra la Conferencia de Algeciras. Los límites españoles serán revisados en posteriores negociaciones; en 1912 el tratado hispano-francés establece los dos protectorados, más reducido el español que el que tenía en 1904.

Pero el verdadero problema surge al hacerse efectiva la ocupación de la zona. Militares, políticos y el propio rey ejercen una fuerte presión para llevar a cabo una política de presencia fuerte y real en Marruecos.

En el Rif las tropas han de enfrentarse a las tribus bereberes, lideradas por Abd-el-Krim. Los rifeños y los indígenas, en general, estaban mal armados y se basaban en los ataques por sorpresa y el paqueo que consistía en una especia de hostigamiento permanente de un adversario desde posiciones inaccesibles.

Dámaso Berenguer en 1919 es nombrado alto comisario en Marruecos y se propone hacer efectiva la ocupación española con calma y sin prisa. La parte occidental se fue ocupando sin problemas, pero la parte oriental estaba en una zona muy difícil. Fue entonces nombrado alto comisario de Marruecos Silvestre. Su avance comenzó en enero de 1920 y no pareció encontrar dificultades iniciales. Entrado el verano de 1921, Silvestre parecía haber obtenido grandes éxitos con pocos riesgos: había ocupado la zona controlada por los españoles en torno a Melilla. Pero los acontecimientos se desencadenan por una imprudencia de Silvestre. Su deseo era tratar de conseguir una gran victoria que atemorizara a los rifeños y los sometiera definitivamente; en última instancia quería llegar a Alhucemas, que desde hacía tiempo era considerada como una posición clave para el control del norte de Marruecos.

El 17 de julio de 1921 fueron atacados los puestos españoles de Annual e Igueriben. Lo que sucedió a continuación fue una huida precipitada. Las tropas abandonaron sus puestos y se encaminaron rápidamente hacia Melilla. Tras 140 kilómetros de persecución, en las que las fortificaciones españolas caen una detrás de otra, 3.000 soldados aguantan un asedio de 10 días en el Monte Arruit. Finalmente, los rifeños toman el lugar y pasan a cuchillo a 2.300 soldados, cogiendo al resto como prisioneros.

El llamado desastre de Annual se salda para España con 12.000 muertos y más de 1.000 prisioneros. En España la noticia del desastre provoca en la calle manifestaciones de protesta por parte de liberales, socialista y republicanos. Los diputados de estos partidos exigen en el Congreso el abandono de Marruecos. Además, de al Ejército hacen responsable al rey del desastre. El Ejército vuelve a estar en el punto de mira de la sociedad española.

El final del parlamentarismo

El desastre de Marruecos obligó a la constitución de un gobierno de concentración nacional presidio por Antonio Maura que durara desde agosto de 1921 hasta marzo de 1922. En esta ocasión formaron parte del gobierno todos los grupos políticos situados en el seno del sistema. A los problemas existentes hay que sumar otros nuevos como la conversión de las Juntas de Defensa en unas comisiones informativas que desempeñaron una especia de papel burocrático en el interior del Ministerio de Guerra.

El sucesor del gobierno fue José Sánchez Guerra del partido conservador pero su paso por el poder fue efímero, como era habitual, y a finales de 1922 llega al poder un gobierno liberal de concentración presidido por Santiago Alba. El gobierno en ningún momento estuvo unido, ni dio verdaderamente sensación de reforma, ni pareció capaz de alejar los peligros que amenazaban el régimen parlamentario. Pero el mayor defecto de la concentración libera fue que no se dio cuenta de la inminencia del golpe de estado.

Lo que en 1923 había en España no era una democracia en crisis, ni siquiera el alborear de un sistema político nuevo, sino una creciente sensación de vacío. La política de la Restauración consistió sobre todo en la declaración de unas intenciones que luego no se llevaban a cabo.

En septiembre, el general Primo de Rivera inicia el golpe militar, el rey lo acepta y el gobierno dimite, facilitando el camino al militar. La Constitución queda suspendida.

El REINADO DE ALFONSO XIII: LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)

Con la dictadura de Primo de Rivera se culmina la quiebra del Estado liberal y se inicia un largo período de crisis. En ningún caso supone una situación excepcional de España, pues el estilo dictatorial de gobierno responde a una reacción contrarrevolucionaria y antiliberal que se impone en las décadas de los años veinte y treinta.

Los objetivos básicos del régimen son solucionar el viejo problema militar en África, pacificar el norte de Marruecos e impulsar la economía.

El Ejército, el rey y una parte de las capas sociales apoyan un cambio político de corte autoritario, apartándose de los cauces legítimos y constitucionales. Las bases ideológicas de la dictadura tienen un carácter antiliberal y conservador; entre sus prioridades se encuentra la formación de un Estado fuerte, centralizado y la defensa del orden público.

Miguel Primo de Rivera, convencido de ser el salvador necesario de la patria, se esfuerza en sacar adelante un régimen con fuertes dosis de buena voluntad populista y ceguera política.

Pero la solución dictatorial no resuelve en profundidad los arduos problemas y desequilibrios, por el contrario, después de una serie de éxitos iniciales, estos se agravan.

El Directorio Militar (septiembre 1923 – diciembre 1925)

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera proclama el estado de guerra en Barcelona y asume todos los poderes. En principio, el golpe de estado está proyectado par el 14 de septiembre, pero, al darse cuenta de que ya no es ningún secreto, decide adelantarlo un día. Primo de Rivera pública un manifiesto anunciando que, vista “la necesidad de salvación de la patria” ha decidido constituir en Madrid un Directorio militar provisional. El rey está en San Sebastián acompañado por el presidente del gobierno. El Ejército se atiene a la decisión real. Por otra parte, el golpe encuentra escasa oposición, tan solo es rechazado abiertamente por la CNT.

El 14 de septiembre, Alfonso XIII, ya en Madrid, desecha la propuesta gubernamental de destituir a los sublevados y convocar Cortes. Decide llamar a Primo de Rivera para que forme gobierno. El 15 de septiembre, el rey recibe al general, decretando la constitución de un directorio militar.

El pensamiento político de Miguel Primo de Rivera se forja en la mentalidad jerárquica militar y en el rechazo a los políticos profesionales. Su lema es “patria, religión y monarquía”. Su talante personal es impetuoso e ingenuo. Práctica el paternalismo y el populismo en sus actos de gobierno.

No hay formulación ideológica estructurada en el golpe que sirva de guía para el gobierno, tan solo elementos conservadores y mentalidad castrense, mezclados con ideales regeneracionistas. Se invocan los principios de eficacia, orden y autoridad, buscando la legitimización por los hechos y las realizaciones.

Entre las primeras medidas del Directoria están la suspensión de la constitución, la eliminación de las cortes, la imposición de la censura previa, la supresión de los gobiernos civiles, la imposición del estado de guerra, la sustitución de los ayuntamientos por juntas rectoras y el envío de delegados gubernamentales a todos los partidos judiciales.

Primo de Rivera, en abril de 1924 decide oficializar la Unión Patriótica, un partido que surgió espontáneamente en los círculos del catolicismo político. Convirtiéndola en una organización de apoyo al régimen de la que estaba encargado uno de los generales del Directorio Militar y que era promovida y controlada por los gobernadores civiles. A partir de ese momento, la Unión Patriótica se convertirá en un partido único.

Sin embargo, una vez pasado el primer momento comienzan a darse aspiraciones de institucionalización y la ideología del régimen se forma a medada que avanza la acción del gobierno y los discursos políticos: antiliberalismo y Estado fuerte e intervencionista de carácter conservador y monárquico, con una base de catolicismo social.

El golpe de estado no puede triunfar sin el apoyo real y el soporte de importantes fuerzas políticas y sociales que en síntesis son las siguientes:

  • Sectores conservadores católicos y tradicionalistas
  • El ejército, que aunque no es monolítico en su apoyo a Primo de Rivera, es totalmente monárquico.
  • Empresarios y patronos temerosos de las situaciones violentas que de vez en cuando se producen, como reivindicaciones sindicales.
  • Algunos intelectuales conservadores que valoran los ideales regeneracionistas del régimen.

El 17 de septiembre de 1923, Primo de Rivera crea el Somatén en todas las provincias. Es una institución cuya tarea es mantener, el orden, la moralidad y el progreso. Es el brazo armado del partido único, la Unión Patriótica.

La obra de gobierno

Cuando Primo de Rivera se hace con el poder no trae un programa político claramente definido, tan solo quiere retirar a los viejos políticos liberales y resolver eficazmente los problemas pendientes. Por un lado, el restablecimiento del orden público y la eliminación de la corrupción; y por otro, la pacificación de Marruecos y la cancelación de las responsabilidades sobre la política africanista.

En política local se disuelven los Ayuntamientos y las Diputaciones Provinciales y se hacen cargo de la administración los oficiales del Ejército. El objetivo es atajar los casos de corrupción y caciquismo local. Pero, los resultados son muy irregulares.

Para dotar a la Administración Local de una cierta coherencia, José Calvo Sotelo impulsa el estatuto municipal en marzo de 1924, que otorga el voto a las mujeres cabezas de familia.

El problema de los regionalismos se convierte pronto en el primer escollo. La actitud de los políticos catalanes más moderados es de prudencia y espera las decisiones gubernamentales respecto al nacionalismo catalán. El régimen da muestras enseguida de cuál va a ser su política al respecto: el Directorio disuelve la Mancomunidad de Cataluña, prohíbe del catalán en los actos oficiales y persigue la prensa nacionalista. En marzo de 1925 se publica el estatuto provincial, que supone un paso atrás para el nacionalismo catalán.

El enfrentamiento entre el nacionalismo catalán y el régimen sigue aumentando en los años siguientes, con rechazos expresos de Primo de Rivera a cualquier forma de autonomía regional, persecución al nacionalismo y supresión de manifestaciones culturales catalanas, como los juegos florales. Esta actitud radicaliza posturas que encuentran en Francesc Maciá un líder político que, desde el exilio, aglutina al nacionalismo catalán.

La actuación del régimen dictatorial con el nacionalismo vasco es similar: se intentó que el nacionalismo más moderado colaborase y se produjo la represión contra los radicales. En Galicia se persigue cualquier formulación nacionalista. La dictadura no comparte los ideales del nacionalismo regionalista. Los considera planteamientos artificiales y antiespañoles. De esta manera no ofrece ningún tipo de cauce a sus aspiraciones y consigue así su rechazo hacia el régimen y la monarquía.

El gran tema en política exterior es la cuestión de Marruecos, que acapara la atención prioritaria del gobierno hasta su resolución y se convierte en el mayor éxito del régimen.

La situación en Marruecos divide a los españoles. Las clases populares y los sectores políticos de izquierda rechazan la presencia española en el norte de África, mientras que gran parte del Ejército y los partidos conservadores la defienden, amparándose en intereses militares, económicos y estratégicos. La situación había empeorado después del desastre de Annual. Envalentonados, los rifeños atacan también a la otra potencia colonialista de la zona, Francia, que inicia con España una política de coordinación diplomática y militar que ve su fruto en el desembarco español de Alhucemas en septiembre de 1925. La acción de España por el norte y de Francia por el sur divide en dos el territorio dominado por el líder rifeño Abd-el-Krim, pacificando totalmente la zona en 1927. En esta época entra en acción un joven oficia: Francisco Franco.

Se produce un acercamiento diplomático hacia la Italia de Mussolini para buscar apoyos mutuos ante la hegemonía internacional de Inglaterra y Francia y, en parte, por simpatía ideológica. Por el contrario, la actitud ante la Sociedad de Naciones es titubeante, amenazando con la separación española y presionando para obtener mayor protagonismo en su seno.

Respecto a Portugal, las relaciones mejoran al instalarse un régimen parecido al español a partir de 1928. Asimismo, hay un acercamiento hacia Hispanoamérica con hechos que lo propician como la Exposición Iberoamericana de Sevilla en mayo de 1929. Se abren embajadas en Cuba y Chile.

El Directorio Civil (diciembre 1925-enero 1930)

Favorecido por el crecimiento económico internacional de los años 20 y una vez silenciada la oposición política, el régimen cosecha algunos frutos, como la pacificación del norte de Marruecos y un cierto desarrollo económico.

Una vez conseguidos los primeros objetivos, Primo de Rivera considera la consolidación política del régimen dictatorial. Forma un directorio civil donde la presencia de militares en el gobierno es menor. Sin embargo, a medida que se toman decisiones, se gana el rechazo y la pérdida de apoyos sociales y políticos.

En septiembre de 1927, Primo de Rivera convoca una Asamblea Nacional Consultiva con un sistema representativo corporativo y de nombramiento gubernamental. Esta Asamblea se constituye en febrero de 1928 para deliberar sobre un proyecto de Constitución, que se presenta en julio de ese mismo año. Se plantea una única Cámara con representación popular y corporativa, y un Consejo del Reino para asesorar al rey sobre el nombramiento del jefe de gobierno. Este proyecto es redactado por políticos conservadores ya contempla un aumento del poder real, lo que no es del agrado del dictador. Todo este proyecto nunca llegará a tener vigencia.

El final de la dictadura precipita la caída de la monarquía.

Política económica y laboral

El eje de la actuación política española es el intervencionismo estatal, inspirado en un nacionalismo español regeneracionista. El objetivo consiste en impulsar la producción y modernizar las infraestructuras.

Desde 1924 se nota el crecimiento industrial, especialmente en los sectores básicos: siderurgia, cemento y energía eléctrica; también se desarrollan la construcción y la metalurgia. En 1924 se instituye el Consejo de Economía Nacional, como agente estatal de regulación industrial, que produce la emisión de deuda pública que se convertirá en el motor de la economía.

En junio de 1927, el ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo, crea con carácter proteccionista el monopolio de petróleos. Para adminístralos, se funda la compañía CAMPSA que se ocupa de la distribución y venta de petróleo y sus derivados en el mercado español. Pero, no se realiza un reforma fiscal.

Se mejoran los recursos y las comunicaciones. Aparecen las confederaciones hidrográficas que organizan las cuencas fluviales para riego y aprovechamiento industrial. Se amplían y mejoran carreteras. Respecto al ferrocarril hay una intervención financiera estatal en las compañías, con la fundación en 1924 del Consejo Superior de Ferrocarriles para el control de las tarifas.

El sistema financiero, articulado para tantas intervenciones estatales, es confuso y se realiza mediante presupuestos extraordinarios y emprésitos con el aval del Estado, lo que a efectos contables redunda en un déficit real de los presupuestos. La que parecía una boyante economía terminará en fracaso. Se producirá el desequilibrio en la Hacienda y la acumulación de una colosal deuda pública.

La agricultura es el sector más atrasado pese a las buenas cosechas de arroz y naranja, sin embargo, los cereales mantienen su estancamiento habitual. El mundo rural sigue hundido en el asfixiante caciquismo y en el numeroso jornalerismo en precarias condiciones.

La población activa aumenta correspondiéndose con el índice de crecimiento demográfico más alto  en el período de 1920-1930. Cambian los porcentajes del población activa en los sectores de la economía.

Sin embargo, los grandes favorecidos por la política económica de la dictadura son la alta burguesía, que se beneficia de los procesos de concentración empresarial, y los terratenientes que mantienen bajos los salarios.

El moderado nacionalismo económico influye en la política laboral con un deseo de organizar e integrar a los obreros en un sistema productivo tutelado por el Estado, claramente paternalista.

En abril de 1924 se crea el Consejo Nacional de Trabajo, Comercio e Industria y en agosto de 1926 se promulga el código de trabajo. Sin embargo, lo que más caracteriza al régimen, desde el punto de vista laboral, es la organización corporativa, con la tutela de Estado como mediador entre los obreros y empresarios. El 26 de noviembre de 1926 se crea la Organización Corporativa Nacional, una agrupación sindical en la que se agrupan patronos, entidades mixtas y obreros. El ideal corporativo, impulsado por el ministro de trabajo Eduardo Aunós, su base es la integración de obreros y patronos: en los comités paritarios, las comisiones mixtas provinciales, hasta llegar a los consejos de corporación por oficios. El corporativismo rechaza la organización de sindicatos de clase.

El modelo corporativo trata de desarmar al movimiento obrero más reivindicativo y comprometer con el régimen a los reformistas. Este sistema de organización laboral fue muy criticado por algunos sectores.

Oposición al Régimen

La oposición política y social al régimen es, al principio, escasa y se desarrolla al compás de los acontecimientos.

Los grupos políticos monárquicos y los liberales conservadores del viejo turno, desplazados por el poder por Primo de Rivera, tratan de influir en Alfonso XIII para que le retire su apoyo, alarmados por la posibilidad de que la solución autoritaria se institucionalice definitivamente a partir de la convocatoria de la Asamblea Nacional Consultiva.

Dentro del socialismo se produce un debate entro los partidarios de aprovechar las oportunidades de intervención política y sindical, línea defendida por Francisco Largo Caballero, y los que muestran una postura intransigente con la dictadura, defendida por Indalecio Pietro y Fernando de los Ríos.

Los políticos republicanos fundan en 1926 la alianza Republicana, esperando el debilitamiento de la dictadura, en la creencia de que la monarquía se ha vinculado a ella. Mientras tanto los sectores del catalanismo radical en torno a Acció Catalana, y especialmente su fracción más extrema, Estat catalá, liderado por Francesc Maciá, llega incluso a un proyecto de secesión en 1926, profundamente irritados por la política del régimen hacia Cataluña.

Dentro del movimiento obrero, los anarquistas convocan una huelga general que tiene escaso eco al producirse el golpe militar. La UGT, aunque también lo rechaza, se mantiene a la expectativa. El gobierno intenta involucrar en el régimen a los sectores más moderados del movimiento obrero de clase. La UGT acepta la colaboración con un sistema que ofrece algunas mejoras respecto a los viejos gobiernos liberales, aunque nunca tiene su apoyo, basando su actuación en la representatividad de los trabajadores y en la independencia.

Los anarquistas de la CNT, por el contrario, son muy perseguidos por la dictadura. Se produce un enfrentamiento interno entre los partidarios de un rechazo frontal y los de una aceptación y participación en la legalidad. La represión gubernamental precipita un escisión radical, creándose en julio de 1927 la FAI (Federación Anarquista Ibérica).

Las organizaciones patronales aceptan el sistema corporativo pero, sobre todo a partir de 1928, comienzan a distanciarse de una política laboral que consideran que les perjudica, por permitir un protagonismo excesivo en el mundo del trabajo al sindicalismo de clase reformista. Critican también el excesivo peso del Estado.

El Ejército es el verdadero sostén del régimen y Primo de Rivera es consciente de ello. El dictador apoya decididamente a los militares africanistas sobre todo desde 1925. Aparecen, sin embargo, algunas divisiones internas.

Síntomas de las disensiones es la conspiración de junio de 1926, la Sanjuanada, denominada así por suceder la noche de San Juan, que agrupa a generales de prestigio como Valeriano Weyler y políticos de diversa ideología, como el conde de Romanones o Marcelino Domingo, fundador del partido Radical-Socialista.

Gran parte de la Universidad y el mundo intelectual rechaza el sistema político dictatorial. Ya desde octubre de 1923, los estudiantes universitarios rehúsan en su mayoría a encuadrase dentro de los ideales del régimen, negándose a formar parte de la Juventud Patriótica. En 1927 se forma la organización que aglutina a los estudiantes de izquierda, la Federación Universitaria Escolar (FUE). Las fricciones con el gobierno son frecuentes. Los enfrentamientos, en las aulas y en las calles, se suceden a partir de la ley de reforma universitaria, que favorece a la enseñanza religiosa universitaria. La represión ejercida contra el mundo universitario más comprometido alienta los ideales republicanos.

El fin de la dictadura

Durante 1928 y 1929 se agudiza desde distintos frentes la oposición al régimen primorriverista. A principios de 1929 es evidente que el dictador no cuenta con el apoyo ni del rey ni del Ejército y que gran parte de los españoles no aprueban sus permanencia en el gobierno. Algunos mando militares avalan en enero de 1929 la conspiración, acabada en fracaso, del político conservador, José Sánchez Guerra. Durante este año aumenta la conflictividad y se observan las primeras consecuencias de la crisis económica mundial. Los políticos liberales conservadores aconsejan al rey para que deje de respaldar al dictador.

El 26 de enero de 1930 y sin consultar al rey, Primo de Rivera remite una circular a los capitanes generales recabando su apoyo. La falta de este, la desconfianza creciente de Alfonso XIII, que le hace saber que no es jefe de gobierno por nombramiento del Ejército, sino por real orden, unido al aumento generalizado de la oposición a su régimen, hace que Primo de Rivera presente su dimisión a Alfonso XIII el 29 de enero.

Sin duda alguna, el régimen de Primo de Rivera contribuye al desprestigio de la monarquía y suscita la división interna del Ejército. Además, la dictadura desplaza a las viejas élites de la oligarquía liberal y contribuye a la desaparición de los partidos monárquicos reformistas. Permite el asenso de nuevas fuerzas, como el socialismo, y, especialmente, el catolicismo político, que se desarrolla bajo la Unión Patriótica.

La dictadura creó el mito del Nuevo Estado, y engendró una nueva derecha antidemocrática que serviría de modelo, después, para el franquismo.

EL REINADO DE ALFONSO XIII: LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA Y EL AUGE DEL REPUBLICANISMO (ENERO 1930 – ABRIL 1931)

La dictablanda de Berenguer (enero 1930-febrero 1931)

El rey encarga al general Dámaso Berenguer formar gobierno, con la intención de volver a la normalidad constitucional previa al golpe de estado de 1923.

El apoyo que recibe Berenguer para apuntalar a la monarquía lo encuentra entre los terratenientes y los conservadores monárquicos. Su gabinete está formado íntegramente por conservadores.

La indefinición del gobierno de Berenguer a la hora de mantener la apariencia del régimen anterior más suavizado y su insistencia en hacer como si la dictadura no hubiera pasado, unidos a los titubeos de su gobierno de organizar elecciones, que tarda más de un año en fijar su fecha, sirven para intensificar las actividades y las denuncias de la opinión pública que le acusa de estar empleando tácticas dilatorias.

La creciente impopularidad de Alfonso XIII hace que poco a poco el gobierno de Berenguer se desplace hacia una posición de defensa de la Corona, utilizando a veces métodos dictatoriales, como la abolición durante largos períodos de los derechos constitucionales lo que le vale el apelativo de dictablanda. A todo esto, debe sumarse la crisis económica, que se traduce en el crecimiento del paro.

Mientras tanto, los ideales republicanos tienen una amplía base social: los apoyan políticos liberales, sectores obreros, intelectuales, bastantes militares y gran parte de las clases medias. Los republicanos cargan contra el rey en los términos más humillantes, por haber apoyado al dictador.

El 17 de agosto de 1930 se firma el Pacto de San Sebastián, que significa una alianza entre los diferentes sectores de la oposición republicana: republicanos, socialistas, radicales, catalanistas de izquierda, formando un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora. Los intelectuales crean la Agrupación al Servicio de la República, inspirada por Ortega y Gasset.

En el Ejército, algunos de los altos mandos ya no ven mal la solución republicana, aunque sin el entusiasmo de los jóvenes oficiales, como los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, que protagonizan la sublevación de Jaca, proclamando la república el 12 de diciembre de 1930 y que son detenidos y fusilados.

El gobierno de Aznar (febrero 1931-abril 1931)

El almirante Juan Bautista Aznar forma nuevo gobierno, por encargo de Alfonso XIII, tras la dimisión el 14 de febrero de Berenguer.

El nuevo gobierno de concentración no ha sido fácil de formar. Una de las primeras preocupaciones es la convocatoria de elecciones, el resultado de estas va a suponer un auténtico descalabro para la monarquía.

La pretensión de Aznar, de retornar a la constitucionalidad en un proceso progresivo, que contempla elecciones municipales, provinciales y a cortes está llamado al fracaso.

Y España se despertó republicana (12-14 de abril de 1931)

Los resultados de las elecciones municipales del día 12 de abril dan el triunfo moral a los republicanos, aunque no el numérico. Las palabras del jefe de gobierno, Aznar, son claras en cuanto a sus resultados: “¡Crisis! ¿Quieren ustedes más crisis que la de un país que se acuesta monárquico y amanece republicano?” En el conjunto de España ganan los monárquicos, por un escaso margen. Los republicanos, en cambio, han sido los vencedores en las grandes ciudades y capitales de provincia.

A consecuencia de esto, desde primeras horas de la mañana del día 14 de abril se suceden manifestaciones republicanas. Los más madrugadores son los del Ayuntamiento de Éibar, que a las seis de la mañana proclaman la República. Hasta las nueve de la noche no se proclama la República y se constituye el gobierno provisional, tal y como dispone el Pacto de San Sebastián, en Madrid. Niceto Alcalá Zamora lo anuncia desde el despacho del ministro de Gobernación, proclamando la República de España.

Nada más conocer los acontecimientos de Éibar, el conde de Romanones se entrevista con Alfonso XIII. La monarquía ha sido derrotada en las urnas, por lo que lo más sensato es que el rey abandone el país. A las 21.15 Alfonso XIII se marcha al exilio.

La República se impone sin necesidad de una revolución sangrienta.

Hay dos razones para explicar la caída de la monarquía: su desprestigio al inspirar y ampara el régimen dictatorial y la torpeza de los gobierno de Berenguer y Aznar para buscar una salida política monárquica viable después de la experiencia dictatorial. En definitiva, la monarquía se apoya en un recurso fácil ante el desprestigio del viejo sistema liberal turnista. La dictadura, después de unos éxitos iniciales favorecidos por la coyuntura internacional, se hunde por su incapacidad de dar soluciones políticas y cauces adecuados a un país que va cambiando, pero que mantiene fuertes desigualdades y desequilibrios; un cierto desarrollo industrial y de las organizaciones obreras que deja en evidencia la pervivencia de obsoletas estructuras agrarias, atraso cultural y pobreza.

BIBLIOGRAFÍA

CARDIEL SANZ, Estrella, GARCÍA SILLES, María Fernanda, NÚÑEZ PÉREZ, María Gloria y PALENCIA SÁNCHEZ, Fernando: Historia de España, Editex, Madrid, 1996.

MONTERO, Feliciano y TUSELL, Javier: Historia de España. El reinado de Alfonso XIII (Tomo 14), Biblioteca El Mundo, Austral, Madrid, 2004.

SANMARTÍ, Xavier: Crónica de España (Diario 16), Plaza & Janés, 1991, Barcelona

TUSELL, Javier: Historia de España. El Directorio y la Segunda República (Tomo 15), Biblioteca El Mundo, Austral, Madrid, 2004.

Medios Audiovisuales

RTVE: Memoria de España. Capítulo 22: El regreso de los Borbones (1872-1893). Realización y Guión: Elías Andrés, Asesor histórico: Fernando García de Cortázar, España, 2004.

RTVE: Memoria de España. Capítulo 23: Alfonso XIII (1894-1921). Realización y Guión: Elías Andrés, Asesor histórico: Fernando García de Cortázar, España, 2004.

RTVE: Memoria de España. Capítulo 24: España, España (1922-1939). Realización y Guión: Elías Andrés, Asesor histórico: Fernando García de Cortázar, España, 2004.

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