La Profecía de Neferti

La profecía de Neferti es considerada por muchos investigadores como uno de los primeros textos propagandísticos de la historia. Este relato tratará de legitimizar el poder del faraón Amenemhat I durante el Reino Medio Egipcio.

EL DESCUBRIMIENTO

La Profecía de Neferti fue publicada por Vladimir Golenishchev y hoy la podemos ver en el Museo Hermitage, en el Papiro 1116B. Data del II Milenio durante la XII Dinastía (1991-1782 a.C.), aunque se ha conservado en un papiro de la Dinastía XVIII (1570-1070 a.C.).

CONTEXTO HISTÓRICO

Amenemhat I, fue el primer rey de la XII Dinastía (1991-1782 a.C.) durante el Reino Medio egipcio. Su origen es confuso y se sabe que tomó el poder de manera oscura. Algunos investigadores afirman que fue visir con Mentuhotep III. Su ascenso puedo estar apoyado por algunos de los nomarcas que estaban temerosos ante la política que había adoptado Mentuhotep II para limitar su poder. Lo cierto es que la llegada al trono de Amenemhat significó el inicio de una nueva dinastía. Amenemhat necesitaba legitimizar su poder, por ello acuñó textos como la Profecía de Neferti.

Este rey restableció las fronteras y reorganizó la administración del país, además cambió la capital, trasladándola de Tebas a Itjitauy. Trató de restablecer por todos los medios el poder real, aunque los nomarcas aún eran muy poderosos, y colocó inspectores reales junto a ellos y recompensó a los que le habían ayudado.

Amenemhat I asoció al trono como corregente a su hijo Sesostris (“El hombre de la diosa Useret”), que le sucedió al morir asesinado en un atentado o conjura del harén de la que tenemos noticia gracias al Papiro de Sinuhé, entre otros. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera[i]:

“Cuando mi corazón empezó a sentir el sueño, las armas para mi protección se volvieron contra mí, mientras yo estaba como una serpiente en el desierto. Me desperté con la lucha y encontré que era un combate de la guardia. Si yo hubiera cogido rápidamente las armas en mi mano hubiera puesto en fuga a los cobardes. Pero nadie es fuerte por la noche, nadie puede luchar solo, no se alcanza ningñun éxito sin ninguna ayuda.

Así ocurrió el crimen cuando yo estaba sin ti antes de que los cortesanos hubieran oído que te había dado la sucesión (del reino), de que me había sentado en el trono contigo para aconsejarte, no estaba preparado para ello, no lo había previsto y mi corazón no podía pensar en la vigilancia de los servidores.”

Sesostris I terminó con la conspiración del harén que había acabado con la vida de su padre. El poder de los nomos fue disminuyendo a favor del poder real, con los sucesores de Sesostris I llegaría el Reino Nuevo a su máximo apogeo.

CONTENIDO DE LA PROFECÍA

Como hemos visto el origen de Amenemhat I es muy confuso, por lo tanto, este faraón necesitó legitimizar su poder. Esa función la acometió la Profecía de Neferti. Este texto se desarrolla durante el reinado de Snefru, que era la ejemplificación de un gobernante justo y bueno.

Para su análisis hemos dividido el texto en cuatro partes[ii]:

Primera parte: Introducción

En ella se narra como Snefru (primer rey de la IV Dinastía) pide ver a un sabio para distraerse. Los miembros de su corte le recomiendan a Neferti al que colman de halagos.

Cabe destacar los adjetivos positivos que acompañan al monarca: “Snefru, el triunfador, el soberano benéfico” y las palabras que siempre aparecen cuando se nombra al faraón “Vida, prosperidad y salud”.

Ocurrió que el Rey del Alto y Bajo Egipto, Snefru, el triunfador, el soberano benéfico de toda esta tierra. En uno de aquellos días, el consejo oficial de la Ciudad Residencial entró en la Gran Casa – ¡vida, (prosperidad), salud! – a ofrecer saludos. Después salieron para ofrecer saludo (en otra parte), conforme a su proceder cotidiano. Entonces su majestad – ¡vida, prosperidad, salud! – dijo al portasellos que estaba a su lado: “Ve a traerme el consejo oficial de la Ciudad Residencial, que se fue de aquí para ofrecer salutaciones en este día”. Fueron introducidos en su presencia. Después estuvieron sobre sus vientres ante su majestad por segunda vez.

Entonces su majestad – ¡vida, prosperidad, salud! – les dijo: “Pueblo mío, he aquí, hice que te llamaran para que me busques un hijo vuestro que sea sabio, o un hermano vuestro que sea competente, o un amigo vuestro que haya efectuado una buena obra, uno que pueda decirme unas cuantas palabras bell

as o discursos selectos, al saber que su majestad quiere distraerse”.

Entonces se pusieron sobres sus vientres en presencia de su majestad -¡vida, prosperidad, salud – una vez más. Después dijeron delante de su majestad -¡vida, prosperidad, salud –: “Un gran sacerdote lector de Bastet[iii], oh soberano, señor nuestro, cuyo nombre es Neferti – es un plebeyo valiente con su brazo, un escriba competente con sus dedos; es un hombre de alcurnia, que posee más hacienda que ninguno de sus pares. ¡Quizá sele permitiría ver a sus majestad!” Entonces su majestad -¡vida, prosperidad, salud – dijo: “Id y traédmelo!”

Parte Segunda: la presentación de Neferti y elección del futuro

Neferti se presenta ante el faraón y este le pide que le relate unas palabras. El sabio entonces, le da la opción al rey de eligir si quiere oir algo que ya ha pasado o algo que pasará. Snefru elige el futuro.

Después fue introducido ante él inmediatamente. Entonces estuvo sobre su vientre en presencia de su majestad -¡vida, prosperidad, salud – Entonces su majestad -¡vida, prosperidad, salud – dijo: “Ven, te ruego, Neferti, amigo mío, para que puedas decirme unas cuantas palabras bellas o discursos selectos, con las que mi majestad pueda distraerse”. Entonces el sacerdote lector Neferti dijo: “¿Sobre lo que ha ocurrido ya o de lo que ha de suceder, o Soberano -¡vida, prosperidad, salud–, señor mío”. Entonces su majestad -¡vida, prosperidad, salud – dijo: “Más bien de lo que sucederá. Si ha ocurrido hoy, déjalo”. Entonces extendió su mano hacia la caja del equipo de escritura; saco un rollo de papiro y lo puso por escrito.

Lo que el sacerdote lector Neferti dijo, aquel sabio varón del Este, que pertenecía a Bastet en sus apariciones, aquel hijo del nomo heliopolitano, al meditar lo que iba a ocurrir en el país, al cavilar el estado del Este, cuando los asiáticos se agitarían con sus fuertes armas, turbarían los corazones de los que cosechan y retirarían las yuntas de la arada. Dijo:

Parte Tercera: la destrucción de Egipto

El sacerdote heliopolitano predice la triste situación de anarquía y decadencia en la que va a caer Egipto. Habla sobre los enfrentamientos entre el Alto y Bajo Egipto:  “El viento del sur se opondrá al viento del norte” y sobre la invasión de los asiáticos “Enemigos se alzaron en el este y los asiáticos descendieron a Egipto”. Neferti narra como Egipto sucumbirá y como el poder de los nomos crecerá “El país ha menguado, pero sus administradores son muchos”, en definitiva predice la llegada del Primer Período Intermedio.

“Reconstruye, oh corazón mío cómo llorastes este país que empezaste! ¡Callar es represión! He aquí, hay algo acerca de lo cual los hombres hablan como aterrorizador, pues, he aquí, el gran hombre es algo que se extinguió en el país en que empezaste. No cejes; ¡He aquí, está ante tu rostro! Así puedas alzarte contra lo que está delante de ti, porque, he aquí, aunque los grandes hombres se preocupan del país, lo que se hizo es lo que no se hace. Debe principar de nuevo los cimientos de la tierra. El país ha perecido por completo hasta el punto de que no existe reliquia y de que ni siquiera del país negro de Egipto sobrevive apenas lo que cabe dentro de una uña.

Este país está tan perdido, que nadie se preocupa de él, nadie que hable, ningún ojo que llore. ¿Cómo es este país? El disco solar se anubló. Ni brillará para que la gente vea. Nadie vive cuando las nubes cubren el sol. Entonces todos están sordos por su carencia.

Hablaré de lo que hay ante mi faz; no puedo predecir lo que no ha venido aún.

Los ríos de Egipto están vacíos de modo que el agua se cruza a pie. Los hombres buscan agua para zarpar en los barcos. Su curso se ha convertido en una duna. La duna está contra la avenida; el lugar del agua está contra la avenida – tanto el lugar del agua como la duna. El viento del sur se opondrá al viento del norte; el firmamento no está ya en un solo viento. Un ave extranjera nacerá en los marjales de la tierra del norte. Hizo su nido junto a los hombres y la gente le ha dejado acercarse por necesidad. Malparadas en verdad están aquellas cosas buenas, aquellas albercas donde estaban los que limpian el pescado, rebosantes de peces y aves. Todo lo bueno ha desaparecido, y el país se halla postrado a causa de los dolores que aquel manjar, los asiáticos que se encuentran en todo el país.

Enemigos se alzaron en el este y los asiáticos descendieron a Egipto… Ningún protector escuchará… Hombres entrarán en las fortalezas. El sueño es expulsado de mis ojos, cuando paso la noche insomne. Las bestias salvajes del desierto beberán en los ríos de Egipto y estarán a sus anchas en las orillas por falta de alguien que las espante.

Este país está en caos, y nadie sabrá lo que resultará de ello, porque está oculto al habla, a la vista o al oído. La cara es sorda, pues el silencio confronta. Te mostraré el país revuelto. Ha ocurrido lo que jamás había pasado. Los hombres empuñarán las armas bélicas para que la tierra viva en confusión. Los hombres harán flechas de metal, mendigarán el pan de la sangre y reirán con la enfermedad de la risa. Nadie llora a causa de la muerte; pero el corazón de un hombre se persigue a sí mismo. El luto desgreñado ya no se observa hoy, porque el corazón está enteramente separado de él. El hombre se sienta en su rincón dando la espalda cuando un hombre mata a otro. Te mostraré al hijo por enemgio, al hermano por enemigo y al hombre matando a su padre.

Todas las bocas están llenas de “¡Amamé!”, y todo lo bueno ha desaparecido. El país perece como si las leyes se hubieran dispuesto para ello: el perjuicio de lo que había sido hecho, el vacío de lo que se había hallado y el hacer lo que no se había hecho. Los hombes arrebatan la propiedad de un hombre y se entrega al forastero. Te mostraré al propietario necesitado y al forastero harto. El que nunca llenó para sí ahora vacía. Los hombres tratarán a los conciudadanos como si fueran odiosos, a fin de hacer callar la boca que habla. Si se responde a una afirmación, aparece un brazo con un bastón y los hombres exclaman: “¡Matadle!” La expresión de la palabra en el corazón es como fuego. Los hombres no soportan lo que sale de la boca de un hombre.

El país ha menguado, pero sus administradores son muchos; está desnudo pero los tributos son grandes; corto en grano, pero la medida es grandre y se llena hasta rebosar.

El sol se separa de la humanidad. Resplandece, pero solo durante una hora. Nadie sabe cuando es mediodía, porque no puede distinguir su sombra. A nadie se le ilumina el rostro al verle; los ojos no se humedecen con agua, cuando está en el firmamento como la luna. Su tiempo prescrito no falla. En verdad, sus rayos están en las caras de los hombres como antes.

Te mostraré al país trastocado. El de brazo débil posee ahora un brazo. Los hombres saludan con respeto a aquel que antes saludaba. Te mostraré lo más bajo en lo alto, volteado en la proporción de voltear de mi vientre. Los hombres viven en las necrópolis. El pobre enriquecerá… Los pobres comen el pan de la ofrenda, mientras los siervos jubilan. El nomo heliopolitano, cuna de todos los dioses, no estará en la tierra.

Parte cuarta: la restauración de Egipto, la llegada de Amenemhat I

Pero, se producirá el advenimiento de un monarca salvador “Entonces un rey vendrá, perteneciente al sur, Ameny[iv]” y se comienza a colmar de atributos positivos al instaurador de la XII Dinastía, incluso se llega a decir: “¡Alégrese aquel que contemple esto y aquel que pueda estar al servicio del rey!”. Además, la fama del faraón traspasará la frontera del tiempo “El hijo de un hombre establecerá su fama para siempre y eternamente”.

También se reconoce el origen no real de Amenemhat I, de quien se dice incluso que es hijo de una mujer de Nubia. Es quizás esta, como ya se ha comentado con anterioridad, la causa de la elaboración de la profecía. La restauración del orden es el argumento definitivo que confiere la legitimidad necesaria al nuevo monarca.

Entonces un rey vendrá, perteneciente al sur, Ameny, el triunfador es su nombre. Es hijo de una mujer del país de Nubia; ha nacido en el Alto Egipto. Tomará la corona Blanca; se pondrá la Corona Roja[v]; se unira a las Dos Poderosas[vi]; satisfará a los Dos Señores[vii] con aquello que deseen. El roedor-de-los-campos estará en su puño, el remo.

¡Alégrate pueblo de su tiempo! El hijo de un hombre establecerá su fama para siempre y eternamente. Los que se inclinan al mal y los que maquinan rebelión bajaron sus voces por miedo a él. Los asiáticos caéran bajo su espada y los libios a su llama. Los rebeldes pertenecen a su ira y los traidores de corazón al espanto de él. La serpiente-ureo que está en su frente silencia para él al traidor de corazón.

Se habrá construido al Muralla del Gobernante -¡vida, prosperidad, salud – y a los asiáticos no se permitirá que desciendan a Egipto para que mendiguen el agua de la manera acostumbrada, a fin que sus bestias beban. Y la justicia ocupará su lugar y el mal obrar es expulsado. ¡Alégrese aquel que contemple esto y aquel que pueda estar al servicio del rey!

El sabio escanciará agua para mí, cuando vea que sucede lo que he dicho”.

Ha llegado a su fin con éxito, por el escriba Neferti.

El propio nombre de Amenemhat significa “Amón está en cabeza”, lo que anuncia un programa político que desembocará en la vuelta a la teología heliopolitana, en la nueva forma de Amón-Ra, en la que esta dinastía y sus sucesoras basarán su poder. Es en definitiva, una nueva era.

ALGUNOS EJEMPLOS MÁS DE LA PROPAGANDA EN EGIPTO

Como hemos apuntado, los faraones egipcios, recurrían a la literatura y a las imágenes para difundir las pruebas de su legitimidad y el cambio religioso.

Durante el Reino Medio (2040-1782 a.C.) encontramos además de la ya mencionada Profecía de Neferti, las Enseñanzas de Amenemhat, donde el faraón antes de morir asesinado, aconseja a su hijo y heredero (Sesostris I) sobre todo lo concerniente al buen gobierno de Egipto y el Cuento de Sinuhé, en el que el protagonista decide abandonar Egipto ante el temos que le causa la inestabilidad que vive el país.

La mejor forma de legitimizar el poder de un faraón era promoviendo la imagen y la palabra como forma y la religión como contenido.

Veamos ahora algunos ejemplos posteriores de la propaganda en la Antigüedad.

Hatshepsut (1498-1483 a.C.)

Las mujeres siempre ocuparon un lugar importante en el gobierno de Egipto. Una de las más famosas y atractivas soberanas fue la reina Hatshepsut que gobernó durante la XVIII Dinastía (Reino Nuevo). En realidad, si hubiera nacido varón, había sido la indiscutible heredera del trono, pero el hecho de ser mujer la había destinado a ser solo la trasmisora de la realeza, una Gran Esposa Real.

Su padre el rey Thutmosis I Akheperkara (1524-1518) fue el primer gran conquistador entre los faraones. Desposó a la reina Ahmes-ta-Sherit, una descendiente directa de la rama más legítima de los reyes egipcios. De la unión con dicha reina nació Hatsheput. Sin embargo, Thutmosis I, de otra esposa secundaria tuvo un hijo que recibiría el nombre de su padre y que le sucedería a su muerte. Thutmosis II tomó por esposa principal a Hatshepsut y tuvieron un hijo llamado como su abuelo.

Cuando el rey Thutmosis II murió, la reina Hatshepsut se encontró con todo el poder entre sus manos. Relegó al joven Tutmosis III a la sombra y gobernó durante 22 años.

Ayudada por dos importantes hombres de la corte, el gran arquitecto real Senenmut, y el Visir del Alto y Bajo Egipto y Sumo Sacerdote de Amón, Hapuseneb, se hizo coronar como rey del Alto y Bajo Egipto. Se vistió como un hombre y suprimió en sus nombres títulos las desinencias femeninas, adoptando el protocolo completo de los reyes en Egipto.

Igualmente se hizo representar con barba, atributo propio de reyes y, principalmente, se hizo declarar hija carnal del dios Amón-Ra, convirtiéndose ella en descendiente directa de la divinidad. Ordenó grabar imágenes en los templos que representaban a su madre copulando con Amón-Ra, a través de la escritura sagrada permanecería eternamente.

De este modo legitimizaba aún más su ascenso al trono. Hay que destacar, como ya hemos visto, que se corono faraón, no reina.

El arquitecto Sen-en-Mut construyó para su soberana el templo de Dyer-Dysesu, en Deir el Bahari. Allí se albergan los misterios del nacimiento divino de la reina, engendrada místicamente por Amón-Ra en el vientre de su madre.

Reinó durante 20 años. No se sabe cómo finalizó el reinado de esta reina. Durante años algunos investigadores apoyaron la teoría que fue derrocada tras una sublevación de los partidarios de Thutmosis III, la teoría se sustentaba en la hipótesis de que todos los monumentos de la monarca fueron destruidos de manera violenta, pero hay no testimonio de que el final de la reina fuese trágico y es posible que las mutilaciones en los monumentos sean una damnatio memoriae tras su muerte. Es decir, se destruyen su imagen y sus inscripciones para eliminar todo su recuerdo, lo que significaba que no iba a tener otra vida en el más allá.

Ramsés II (1279-1212 a.C.)

El reinado de Ramsés II, tercer rey de la XIX Dinastía, posiblemente sea el más conocido del Reino Nuevo. Se trata de uno de los reinado más largos.

Con 25 años sube al trono tras la muerte de su padre Sethi I. Se representó como un dios, llegándose a equiparar con ellos, es decir, se consideraba él mismo un dios. Esto lo conseguía, entre otras cosas, gracias al tamaño de las estatuas, su monumento era tan grande como el de Amón-Ra, eliminando así la jerarquía.

Así mismo, llegó a falsear documentos para otorgarse batallas ganadas. Es el caso de el Poema de Pentaur, célebre escrito egipcio, redactado por el escriba Pentaur por encargo del faraón años después de la batalla. Cuenta la supuesta victoria de Ramsés II y la carnicería que el faraón, acompañado de su león familiar, hizo entre sus enemigos, cuyo número era muy superior, a los que venció gracias a su gran valor y ayuda del dios.

“Irguiéndose en toda su estatura, el rey viste la fiera armadura de combate y con su carro tirado de dos caballos lánzase en lo más recio de la contienda. ¡Estaba solo, muy solo, sin nadie junto a él!… Sus soldados y su séquito le miraban desde lejos, en tanto que atacaba y defendíase heroicamente. ¡Le rodeaban dos mil quinientos carros, cada uno con tres guerreros, todos apremiándose para cerrarle el paso! ¡Solo e intrépido, no le acompañaban ni príncipes, ni generales, ni soldados!…”[viii]

Los relieves y las inscripciones recordarían para siempre la gran gesta del faraón, su valentía y honor. El monarca mandó grabar estas inscripciones en multitud de templos, como por ejemplo, los de Abidos, Karnak o Abu Simbel, lo que hará que permanezca a lo largo del tiempo.

En realidad, la batalla de Kadesh, que tuvo lugar en la primavera del quinto año del reinado de Ramsés II, finalizó con la derrota egipcia.

BIBLIOGRAFÍA


[i] Texto extraído de la Pág. 331 Historia del Mundo Antiguo (Próximo Oriente y Egipto) – Ana María Vázquez Hoys

[ii] Traducción extraida de las páginas 298-304 del libro La Sabiduría del Antiguo Oriente de J.B. Pritchard, traducción al castellano: Dr. J.A.G. Larraya.

[iii] Bastet era la diosa gato de Bubastis, en la mitad orietal del Delta

[iv] Ameny se identifica con Amenemhat I.

[v] La Corona Blanca hace referencia al Alto Egipto y la Coronoa Roja al Bajo Egipto.

[vi] Hace referencia a las Dos Señoras o Nebty, son las diosas que acompañaba a la titulatura real: el buitre que representaba a la diosa Nekhebet del elKab y la cobra, divinidad titular de Dep. Este título se relaciona con los reinos del norte y sur.

[vii] Hace referencia a los dioses Horus y Set.

[viii] Traducción completa extraída de http://www.egiptologia.com/historia/1017-el-poema-de-pentaur-y-el-boletin-de-guerra.html?start=1

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