I. La demonización de Milosevic en la Guerra de Kosovo: Contexto histórico

A lo largo de las próximas semanas analizaremos la figura de Milosevic durante la guerra de Kosovo. En esta primera parte, analizaremos en profundidad el contexto histórico del conflicto.

1. Introducción

De vez en cuando los medios de comunicación evocan, desde sus páginas, el conflicto de Kosovo, un conflicto que fue el último en que la OTAN ha tenido un papel principal. En marzo de 1999 la Alianza Atlántica daba la orden de iniciar los bombardeos sobre Yugoslavia, liderada por Slobodan Milosevic, para frenar los abusos de las autoridades serbias, fue la denominada injerencia humanitaria. Durante los tres meses que duraron los bombardeos, la mayor parte de los medios de comunicación, se convirtieron en altavoces de la OTAN reproduciendo sus mensajes sin apenas dejar espacio para otros análisis.

Desde el primer momento se reprodujo, de forma masiva, la palabra “guerra” cuando, como muchos autores defienden, no se trataba de una guerra propiamente dicha. Para Alejandro Pizarroso la guerra es “un fenómeno social en el que los dos bandos contendientes se juegan su supervivencia, de forma que el que consiga optimizar sus medios por encima del enemigo y vencerle, no desaparecerá[1]”. En el caso que nos ocupa ni la OTAN, ni Kosovo, ni Serbia desaparecieron, ni siquiera se logró acabar con el “odiado” régimen de Milosevic, uno de los objetivos marcados por la Alianza. La Real Academia Española de la Lengua define guerra como la “lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”, por lo tanto, no podríamos establecer el de Kosovo como una guerra, ya que en ningún momento hubo “lucha armada” entre la OTAN y el las fuerzas serbias. Visto lo anterior podemos decir que el conflicto de Kosovo no fue exactamente una guerra. Además, no contó en ningún momento con la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para emprender una acción de castigo fuera de su territorio de actuación, algo que la propia Carta de la OTAN no reconocía. Sin embargo, el término “guerra” se impuso en los medios de comunicación.

Aunque este conflicto si responde a ese modelo en el que una gran potencia hegemónica, EE.UU., interviene en un conflicto periférico, Kosovo, sola o acompañada de sus aliados europeos, la OTAN. Es decir, fue un conflicto asimétrico. Para Pizarroso “la asimetría en los conflictos del siglo XXI tiene carácter fundamentalmente deliberado[2]”. Algunos autores[3], han denominado a estos conflictos como “nuevas guerras”. Para Pizarroso se podrían definir como “una masiva intervención occidental con una superioridad militar máxima para restaurar o instaurar una nueva situación más conveniente a los intereses de la superioridad hegemónica y de sus aliados. Siempre acompañadas de una acción propagandística y una cobertura mediática masiva[4]”.

En estas situaciones, la propaganda y el control de la información pública constituyen un factor fundamental. Y no solo como vehículo de información, sino como un factor de importancia capital y, en ocasiones, determinante. Además, no podemos olvidar que tenemos que entender el fenómeno de la comunicación en tiempo de conflicto en clave de propaganda.

Los países occidentales necesitaban la aprobación de sus ciudadanos para intervenir en el conflicto. Para ello, era necesario persuadirles, es decir, usar la propaganda. Y la OTAN se puso manos a la obra. Para Marta González San Ruperto en Kosovo hubo tres conflictos paralelos, “la campaña aérea de la OTAN sobre Yugoslavia, la “guerra” de expulsión de los albanokosovares por parte de las fuerzas serbias y la guerra de propaganda[5]”. Y esta última en Europa y EE.UU. estaba ganada de antemano por los aliados.

Como ya hemos mencionado, la mayor parte de los medios de comunicación occidentales tomaron como principal fuente de información la proveniente de la OTAN.  Todas las operaciones militares de la Alianza fueron descritas con un lenguaje neutro y limpio. Mientras que el lenguaje empleado para referirse a Serbia se llenó de “matanzas”, “genocidio” y “limpiezas étnicas”. En la mayoría de las ocasiones estos términos se asociaban a la figura del presidente serbio Milosevic, que se convirtió en la personificación del mal y en el objetivo primordial de la OTAN.

Los medios de comunicación españoles siguieron atentamente esta campaña y no se distinguieron mucho del resto de los medios occidentales, las voces críticas fueron muy pocas.

A lo largo de este texto, analizaremos como fue tratada la imagen de Milosevic en los medios españoles, analizando la cobertura informativa del periódico La Vanguardia.

2. Contexto histórico

Para comprender el conflicto de Kosovo es necesario retrotraernos al pasado. Echar un vistazo atrás para entender unas diferencias que no habían surgido en la década de 1990. En este capítulo recorreremos la historia de Yugoslavia desde la época del dominio de los imperios hasta el estallido del conflicto de Kosovo.

Las etnias y religiones que se habían mantenido en orden bajo dos imperios, el turco y el austriaco jamás llegaron engarzarse para formar un todo. Peculiaridades religiosas y lingüísticas convivían en una bomba de relojería.

Los Balcanes, por su posición en el mapa, ha ejercido un papel de frontera entre Oriente y Occidente. En opinión del historiador  Emilio de Diego García “a lo largo de los siglos este territorio ha sido más muro de contención que vía en entendimiento[6]

La historia de Yugoslavia ha pasado por altos y bajos, aunque latente en algunos momentos, las diferencias de los distintos grupos que la componen creaban una grieta muy difícil de salvar.

2.1 Entre dos imperios

De partida podríamos hablar de cuatro grupos diferenciados en los Balcanes: eslovenos (católicos, con dialecto esloveno), croatas (católicos, dialecto serbo-croata), serbios (ortodoxos, dialecto serbo-croata) y búlgaros (ortodoxos con dialecto búlgaro-macedonio). Estos grupos no permanecen establecidos en el mismo lugar, si no que con el paso del tiempo se disgregan, mezclándose a lo largo del territorio balcánico. Las diferencias lingüísticas se fueron acentuando cada vez más.

Durante el siglo XV el sudeste europeo se convertiría en frontera entre dos imperios en pugna, el turco y el austriaco. Muchos serbios en un intento de evitar la dominación turca se establecieron en la zona de Croacia dando origen a las minorías serbias registradas allí. La ocupación turca supuso cambios políticos y económicos, además de, demográficos y culturales. Los otomanos eran implacables y gobernaban con dureza. Los pueblos eslavos buscaban el amparo austriaco. Croatas y Serbios huyen buscando protección trasladándose a los límites del imperios austriaco, mientras que los albaneses y turcos venían a ocupar su lugar, especialmente en la zona de Kosovo.

El imperio turco-otomano trae bajo el brazo una nueva religión, el Islam, y un nuevo alfabeto que se suman a los preexistentes.

Las migraciones que se produjeron por la situación provocada por el enfrentamiento entre los dos imperios hizo surgir un nacionalismo basado más en cuestiones étnicas que político-territoriales.

El nacimiento de los brotes nacionalistas

A lo largo del siglo XIX se traza un nuevo mapa balcánico. En 1804 estalla en el norte del territorio serbio un conflicto nacionalista contra los turcos, en 1913 se consigue liberar parte del país y en 1815, una nueva insurrección, logró que los otomanos reconocieran a Serbia en 1817 como un principado hereditario. Entre 1830 y 1833 Serbia consigue aumentar su territorio y su población.

La agitación nacionalista llega también a Eslovenia, Croacia y Serbia. En 1848 Hungría pretendió formar un estado independiente que incluyera a serbios, eslovenos y croatas, estos ante el temo del triunfo del movimiento húngaro, se unieron a las tropas imperiales y a sus aliados rusos para acabar con ella. El imperio austriaco impuso ahora una creciente germanización para combatir las revoluciones imperantes. Durante 1860 los austriacos fueron conscientes de que esa estrategia les estaba perjudicando y que estaba consiguiendo precisamente lo que pretendía evitar.  Se restablecen de forma oficial lenguas e instituciones de varios pueblos del imperio.

En 1867 se crean los dos estados independientes de Austria y Hungría con un soberano común, emperador de los austriacos y rey de los húngaros. En Austria se quedan los eslovenos, los croatas de Dalmacia e Istria y las minorías serbias. De Hungría dependían el resto de croatas, Eslavonia y los serbios de Vojvodina.

El nacionalismo croata comienza a organizarse pacíficamente y buscó integrar a los demás eslavos del sur. Es un movimiento de ideología “yugoslava” que defiende la causa común de serbios y croatas frente a las instituciones de Austria y Hungría.  Por lo tanto el primero proyecto yugoslavo tenía sus orígenes políticos en Croacia.

Entre 1875 y 1878 estallaron grandes revueltas contra los turcos en Bosnia y Bulgaria que sufrieron una fuerte represión. Rusia aprovechó el momento para intervenir militarmente y derrotar a Turquía. Al mismo tiempo se producía la intervención austriaca para ocupar Bosnia. El tratado de San Stéfano crea una Gran Bulgaria que abarca también Tracia y Macedonia. Poco tiempo después las potencias occidentales obligan a recortar la Gran Bulgaria que debe ceder territorios, algunos de los cuales fueron anexionados por Serbia. Además, se reconoce internacionalmente la independencia de Serbia y Montenegro.

Las Guerras de los Balcanes

La anexión de Bosnia en 1908 por parte de Austria causo un profundo descontento en Serbia y en otros países eslavos que veían destruida la posibilidad de la expansión por esa zona. En 1912 Serbia, Montenegro, Bulgaria y Grecia (la Liga Balcánica) se alían para arrebatar a Turquía las posesiones que aún conservaba en Europa. Era el inicio de la denominada Primera Guerra de los Balcanes en la que la que los turcos fueron derrotados. El 30 de mayo de 1913 se firma el Tratado de Londres del que Bulgaria sale reforzada consiguiendo la mayoría de los réditos territoriales. Grecia y Serbia se sienten traicionadas y atacan a Bulgaria. En agosto firman la paz en Bucarest. Bulgaria tiene que ceder la mayor parte de sus conquistas anteriores a Serbia y a Grecia. El primer país se adueña de Kosovo. Mientras tanto Albania consigue la independencia.

Pero en junio de 1913 estalla la segunda guerra de los Balcanes. Bulgaria no estaba de acuerdo con el reparto territorial, sobre todo por la integración de la mayor parte de Macedonia en Serbia. Un general búlgaro, sin obedecer las órdenes de su gobierno, ataca posiciones defensivas serbias. Aunque el gobierno Búlgaro niega el conocimiento del ataque el 8 de junio Serbia y Grecia declaran la guerra a Bulgaria. Una semana después Montenegro, Rumania y el imperio otomano se unen a la declaración de guerra a Bulgaria. Ante la superioridad del enemigo Bulgaria pide un armisticio que le es concedido. El 10 de agosto se firma el Tratado de Bucarest por el cual Bulgaria pierde parte de su territorio.

2.2 Las Guerras Mundiales: el camino para un estado Yugoslavo

La Primera Guerra Mundial

El 28 de junio de 1914 era asesinado en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando y su espeso herederos al trono austro-húngaro. El 23 de julio Austria daba un ultimátum a Serbia al considerarlo último responsable del atentado. Serbia desoye las palabras de los austriacos y moviliza a sus tropas. Viena declara la guerra a Belgrado el 28 de julio y el engranaje diplomático empieza a funcionar, rápidamente del lado de los serbios se alzan Rusia, Francia e Inglaterra, mientras que Alemania se une a los austríacos.

A finales de 1915 los serbios tienen que retirarse ante la presión austriaca. Pero, en otoño de 1918 cambian las tornas y el ejército serbio unido al francés logra recuperar, primero, Belgrado y entrar en Viena después forzando la capitulación austríaca.

La semilla para un Estado Yugoslavo

Durante la Gran Guerra un grupo de refugiados políticos eslavos, presididos por el croata Ante Trumbic, negoció con el gobierno serbio en el exilio la creación de un Estado yugoslavo. En julio de 1917 se firma la Declaración de Corfú en la que se afirma que serbios, croatas y eslovenos eran un solo pueblo y debían formar un único Estado.

La propuesta fue ratificada, al finalizar la guerra, por un Consejo Nacional, bajo la presidencia de Anton Karosëc. La Declaración de Ginebra, de noviembre de 1918, pretendía la construcción de un Estado confederal en igualdad de Croacia y Eslovenia con Serbia. Pero el Príncipe Alejandro de Serbia se negó a firmar en esas condiciones. Su posición se lo permitía, pues ya se habían unido a Serbia sin condiciones Vojvodina, Bosnia y Montenegro. Los miembros del Consejo Nacional tuvieron que ceder y someterse al rey de Serbia.

El 1 de diciembre se proclama el reino de los serbios, croatas y eslovenos. Todavía no se llamaba oficialmente Yugoslavia pero era el embrión del Estado yugoslavo. Pero, croatas y eslovenos pronto rechazarían el centralismo y el unitarismo de la monarquía serbia.

En noviembre de 1920 se celebraron elecciones constituyentes en las que, conforme al volumen de población de cada una de las etnias, los serbios obtuvieron la mayoría de los 419 diputados. En 1921 se aprobó la constitución con la ausencia de los representantes croatas y eslovenos. El país quedaba dividido en 33 regiones cuya gestión se centralizaba en Belgrado. Las minorías, como albaneses o macedonios, no eran contempladas. Las protestas fueron reprimidas. El régimen parlamentario era cada vez más inestable.

El rey Alejandro a la vista del deterioro de las instituciones constitucionales suspendió la Constitución y disolvió los partidos políticos implantando una dictadura personal. El rechazo al autoritarismo llevaron al rey a decretar una nueva Constitución en 1931. El país quedaba dividido administrativamente en grandes regiones. Los límites étnicos o históricos se ignoraron de nuevo. La violencia seguía apoderándose del país.

El 9 de octubre de 1934 en Marsella es asesinado, por un activista macedonio, el rey Alejandro. Su heredero, Pedro II, tenía 11 años. Se nombra como regente al primo de Alejandro, el príncipe Pablo que tenía un espíritu de cierta apertura y concordia, que en cambio no era compartido por los radicales serbios. Croacia se convertiría en una región autónoma cono su propia Asamblea y Gobierno, ejercido en nombre del rey, en la que se englobaba, además, una parte de Bosnia con elevado índice de población Croacia.

El giro de la política internacional hizo que Pablo se situase cerca de Alemania, que tenía miedo que le ocurriese lo mismo que a Checoslovaquia ocupada por Hitler con la aprobación de Francia e Inglaterra.

La Segunda Guerra Mundial: fin del ensayo

Las presiones de la Alemania Nazi obligaron a Belgrado a colocarse en la órbita de las potencias Eje. Pero el 27 de marzo de 1941 al grito de Antes la guerra que el pacto, antes la tumba que la esclavitud un sector del ejército protagonizaron un golpe de estado que depuso al príncipe Pablo y proclamó rey a Pedro II. Diez días después las tropas nazis bombardeaban Belgrado como preludio a la invasión del país.

El 10 de abril el coronel Kvatenik, en colaboración con los nazis, proclama en Zagreb el Estado Independiente de Croacia. El 17 de abril llegaba la capitulación del rey.

El territorio yugoslavo fue dividido y, en buena medida anexionado por sus vecinos. Italia pasó a controlar el sur de Eslovenia, Dalmacia y Montenegro, mientras Alemania se encargaba del norte de Eslovenia y Banat (Vojvodina). Albania incorporó Kosovo y parte de Macedonia. Bulgaria ocupó lo que aún quedaba de Macedonia y algo de Serbia. Hungría ocuparon Backa (Vojvodina), Baranja y Medjumurje (Croacia) y Prekmurje (Eslovenia). En cuanto al resto de Serbia los alemanes establecieron un “gobierno de comisarios”.

La derrota de las fuerzas armadas yugoslavas, la división del territorio y la implantación de regímenes más o menos afines, no significó, sin embargo, la pacificación y el sometimiento de la desmembrada Yugoslavia.

Crece el odio

El régimen colaboracionista de Croacia tenía un marcado carácter nacionalista, intransigente en materia religiosa (a lo que no era católico) y xenófobo. El 17 de abril de 1941 se aprueba una ley por la cual los actos contra el honor, los intereses, la existencia o el poder del Estado eran considerados alta traición y por tanto castigados con la pena capital. El 25 de abril se prohíbe el uso del alfabeto cirílico. El 3 de mayo se suprime la libertad de cultos. Se ordena el cierre de los colegios ortodoxos y se niega el acceso a los serbios a empleos públicos. Los Serbios comienzan a salir del país ante la persecución. Al menos entre 295.000 y 334.000 serbios fueron asesinados por los “ustachis” croatas entre 1941 y 1945[7].

Las tropas de Tito consiguen liberar Belgrado el 20 de septiembre de 1944 con el apoyo de los aliados. Recuperaron, también, Bosnia, la parte occidental de Croacia y Eslovenia. Los “liberadores” ahora se vengaban contra sus verdugos matando entre 20.000 y 30.000 prisioneros eslovenos[8].

2.3 El Gobierno de Tito

La República Socialista Federal de Yugoslavia

Tras la guerra todo el antiguo territorio de la monarquía serbia aparecía bajo el control de las tropas de Tito e incluso había conseguido ampliar los límites. Muchos grupos de población se vieron obligados a salir del país en masa a consecuencia del desenlace de la guerra.

Había, en mayo del 45, un líder carismático, Tito, un ejército victorioso, las tropas partisanas y una ideología dominante, el comunismo. Además, no existía en aquel momento una oposición política organizada.

En agosto de 1945 los comunistas impulsaron la creación de llamado Frente Popular que se convertiría en el cauce de la vida política. El 11 de noviembre obtienen el 90,48% de los votos. Se proclama la República Federal de los pueblos de Yugoslavia.

El Estado Yugoslavo estaba formado por Croacia, Serbia, Eslovenia, Bosnia, Montenegro y Macedonia. Todos los habitantes eran yugoslavos, pero simultáneamente se les reconocía el derecho diferencial de pertenecer a uno de los seis países  conformantes de la República. Se reconocía, por tanto, la diversidad y pluralidad de las nacionalidades. Pero aún quedaban en Yugoslavia muchos ciudadanos que no formaban parte de ninguna de esas naciones que se denominaron formalmente minorías no eslavas. Aunque en algunos caso como los albaneses en Kosovo o los húngaros en Vojvodina eran la población dominante por lo que se les otorgó el título de provincias autónomas. En 1969, se reconoce como pueblo a los musulmanes de Bosnia.

Las desigualdades económicas entre las naciones integrantes de la República Yugoslava creaba un constante malestar que se convertía en una importante amenaza para la convivencia y la igualdad.

En la década de los 60 las tensiones fueron creciendo con doble eje el económico y el político. El económico dividía al país en dos bandos: Croacia y Eslovenia frente al resto, en especial Montenegro, Kosovo y Macedonia. La pugna política se polarizaba también en dos tendencias la centralista encabezada por Serbia y la federalista o descentralizadora liderada por Croacia y Eslovenia seguida por Macedonia y Kosovo.

En 1974 se elabora una nueva constitución. Al frente del poder ejecutivo se establecía de forma vitalicia Tito, además se instauró un órgano colegiado compuesto por ocho miembros: las 6 naciones y las 2 regiones autónomas. Además, todas las naciones y las regiones autónomas contaban con su propio poder ejecutivo y sus organismos parlamentarios. Pero, a pesar de las concesiones a los nacionalismos no se eliminaron los descontentos y recelos.

Las crisis económicas agudizaron unos problemas que en las décadas siguientes se multiplicarían y volverían más violentos.

2.4 Nuevo panorama político tras la muerte de Tito

La calma relativa que había reinado durante la presidencia de Tito se rompió con su muerte el 4 de mayo de 1980. Los nubarrones que parecían que se habían alejado regresaban con más fuerza anunciando una gran tormenta.

Los órganos previstos para la continuidad del titoismo sin Tito se pusieron en marcha: la constitución de 1974, la Liga de los Comunistas Yugoslavos[1] y una Presidencia Federal colegiada y rotatoria que debían asegurar los fundamentos políticos, territoriales e ideológicos del Estado y, con él, del régimen. Pero, la crisis en todos los órdenes continuó aumentando de forma espectacular sin que los cambios en la Liga Comunista tuvieran resultados favorables.

El rechazo entre la población a la Liga iba aumentado llegando a su cota máxima con el escándalo económico de Agrokomerc[2] en agosto de 1987 en el que se vieron implicados importantes miembros de la Liga, incluido el vicepresidente. Fue la punta del iceberg, ya que se habían descubierto prácticas fraudulentas en al menos otras 200 empresas.

Ante la situación de crisis el gobierno se planteó medidas que apuntaban a la separación de poderes entre la Liga y el Estado y la democratización del país. En enero de 1990 se sancionaba oficialmente la disolución de la Liga.

2.5 La Gran Serbia

Un informe de 1986 elaborado por la Academia de Ciencias de Serbia sentenció que el problema de Yugoslavia era la excesiva descentralización económica y política que habían reducido al país a una serie de microcosmos insuficientemente productivos, prácticamente incomunicados y gestionados en medios de un enorme caos. La solución pasaba por una mayor centralización. Para el líder de la Liga en Serbia, Milosevic, eran precisamente los serbios quien tenían que reconstruir el estado.

Milosevic atizaba el miedo y la xenofobia de los serbios y rechazaba la constitución. Para él la división territorial impuesta por Tito había perjudicado gravemente a Serbia.

El clima de descontento de los serbios iba parejo a su sentimiento de unidad y solidaridad nacionalista se formó una rápida conciencia nacional fomentada tanto por el sector político, liderado por Milosevic, como la iglesia ortodoxa. La reivindicación de la Gran Serbia estaba en marcha.

A finales de 1990 los comunistas serbios se lavaron la cara y se convirtieron en el Partido Socialista Serbio que acogió bajo su regazo la bandera del nacionalismo. En las elecciones de diciembre obtuvieron 194 diputados de los 250 totales. Estos resultados se repitieron en las elecciones para la Presidencia de la República. Milosevic se instaló sólidamente en el poder.

El 27 de abril de 1992 Serbia y Montenegro se unieron para crear la República Federal de Yugoslavia y el 15 junio Milosevic fue elegido presidente de la recién creada República Federal.

2.6 La reforma de Eslovenia

Para Eslovenia el principal factor de protesta derivaba de la mala utilización de los fondos para la ayuda a las regiones atrasadas del país y la política monetaria que perjudicaban las exportaciones eslovenas. La ruptura entre Eslovenia y Serbia se iba consumando. El Parlamento esloveno aprobó de forma anticonstitucional la legalización de todos los partidos políticos de su territorio.

Las primeras elecciones democráticas se celebraron en Eslovenia durante el mes de abril de 1990. Los seis partidos más importantes formaron una coalición electoral llamada DEMOS (Democratic Opposition of Slovenia). Esta coalición se alzó con la victoria con el 55% de los votos. Estos resultados significaban que los eslovenos apostaban por el cambio y al mismo tiempo se abrían las puertas hacia un posible referéndum por la independencia tal y como se contemplaba en el programa de DEMOS.

El 2 de julio de 1990 la Asamblea eslovaca declaró la soberanía de la nueva República de Eslovenia, además se abolía la denominación socialista. El 23 de diciembre se celebró el referéndum popular para acceder a la independencia completa, el 94,6% votó favorablemente.  El 26 de junio de 1991 la República de Eslovenia declaraba, junto a Croacia, su independencia.

La guerra contra Serbia

El 27 de junio el ejército federal interviene para garantizar las fronteras de Yugoslavia, conforme a los intereses serbios y de acuerdo con la Constitución de 1974 siguiendo las órdenes del Parlamento Federal.

Los combates entre las fuerzas regulares y las milicias eslovenas se centraron en un doble objetivo, por una parte, el control de las fronteras con Austria y Hungría, y, por otra, el dominio de las principales vías de comunicación. Se empleo aviones, carros y armamento pesado.

Pero la lucha duró tan solo unos días. El 28 de junio, los ministros de Asuntos Exteriores de Holanda, Italia y Luxemburgo, en representación de la CEE intentaron en Zagreb un principio de acuerdo. El Ejército Federal se retiraría de Eslovenia y Eslovenia y Croacia se comprometerían a aplazar durante tres meses su declaración de independencia. Pero ninguna de las partes cumpliría el pacto. La asamblea eslovena se negó a aplazar la independencia, y el ejercito federal rechazó detener los combates de forma inmediata. El 7 julio el ejército acepta retirarse de Eslovenia.

La liberación militar y el reconocimiento internacional permitieron a los eslovenos desarrollar, de forma definitiva, sus propias instituciones políticas estableciendo un estado verdaderamente nuevo.

2.7 El nacionalismo croata

En mayo de 1989 aparecieron en Croacia las primeras asociaciones políticas no comunistas y en 1990 se celebrarían elecciones. La composición más heterogénea de la población, con una gran minoría serbia, la resistencia de los comunistas al cambio y las secuelas de la gran represión sufrida en 1971 dificultaban la situación política de Croacia. La mayoría de los partidos se polarizaron en dos grupos: los comunistas bajo la Liga Socialista y la Coalición para la Alianza Nacional. De forma independiente se presentaba la Unión Democrática de Croacia. Uno de los puntos principales de este partido era cambiar la denominación de Croacia de la Constitución Estado de los croatas, de los serbios y de los otros pueblos y nacionalidades que viven en él por Estado nacional del pueblo croata y de sus otras nacionalidades y minorías: serbios, musulmanes, eslovenos, checos, … Poniendo de relieve la preponderancia de Croacia frente a Serbia. Defendían un futuro Estado croata asentado sobre sus fronteras étnicas e históricas.

El ambiente entre serbios y croatas se fue tensando llegando a producirse los primeros atentados.

La Unión Democrática se alzó con el triunfo electoral, el nacionalismo se había impuesto. Franjo Tudjman, líder del partido, era elegido presidente de la República de Croacia el 30 de mayo.  En julio de 1990 se adoptaron una serie de medidas de carácter enormemente simbólico que añadían leña a la confrontación con los serbios. Se prohibió el uso del alfabeto cirílico, se suprimió la denominación comunista y se adoptó una bandera nueva. En diciembre el Parlamento croata firmó una nueva Constitución en la que se proclamó la soberanía del nuevo Estado democrático “unitario e indivisible”.

Los enfrentamientos armados: la Guerra

El primer de los combates entre serbios y croatas se desarrolló el 31 de marzo de 1991 por la disputa del parque nacional de Plitvice. El 29 de abril las fuerzas federales tomarían Kijevo bloqueando a la población y separándola del resto de Croacia. El objetivo de Belgrado estaba claro querían poner bajo el control de Serbia todas las zonas del país pobladas por serbios. Es decir, conseguir La Gran Serbia. Las confrontaciones armadas se extendieron.

El 19 de mayo de 1991, el 92% de la población votaba en Croacia a favor de la independencia. El 26 de junio de 1991 la República de Croacia declaraba, junto a Eslovenia, su independencia.

Los choques entre serbios y croatas desembocaban en una guerra mucho más complicada y de mayor magnitud que la vivida en Eslovenia. Durante el verano de 1991, las milicias serbias, con el apoyo del ejército federal, consiguieron dominar no solo zonas de población de mayoría serbia sino muchas otras donde estos eran minoría. La tercera parte de las localidades de Croacia (38 de 118) estaban en manos serbias a finales de agosto de 1991. La población croata era obligada a salir de sus casas. Había comenzado la limpieza étnica.

La diferencia de fuerzas y armamento entre serbios y croatas era enorme a favor de los primeros. El objetivo era someter a Croacia. A finales de noviembre el Ministerio de Defensa croata comenzó la reorganización de las fuerzas.

Toda clase de atrocidades fueron cometidas sin que se librara de ellas la población civil, en su conjunto, por uno y otro bando.

Entre enero y febrero de 1992 los serbios habían conseguido sus objetivos y los croatas consolidaron sus posiciones. La resolución 743 del Consejo de Seguridad de la ONU anunció el envío de 14.000 cascos azules. Las fuerzas de la ONU consiguieron interponerse en la guerra.

La ONU admitió a Croacia en mayo de 1992.

2.8 El caso de Bosnia

Los primeros indicios de un nacionalismo musulmán en Bosnia se habían detectado ya poco después de la muerte de Tito.

Las primeras elecciones generales libres se celebraron entre noviembre y diciembre de 1990. Se presentaron representantes de los serbios (Partido Democrático Serbio), de los croatas (Unión Democrática Croata), y de los musulmanes (Partido de Acción Democrática). Los musulmanes obtuvieron un 36% de los votos, los serbios un 30% y los croatas un 18%. Los tres partidos se repartieron el poder. Fue erigido presidente el musulmán Alija Izetbegovic.

Pero en 1991 el consenso se rompió como consecuencia de los debates constitucionales que impidieron sacar adelante una nueva constitución y se aplazaron indefinidamente los posibles cambios.

El 29 de febrero de 1992 se convocó el referéndum por la independencia. Un 99% de la población se mostró favorable a la independencia. Pero, la población serbia se había abstenido.

El 1 de marzo un grupo terrorista formado por dos musulmanes y un croata ametralló en Sarajevo a los serbios que asistían a un banquete nupcial. Los incidentes armados se extendieron por toda la ciudad. Las autoridades de Belgrado se apresuraron a intervenir “con el fin de garantizar la seguridad de la población serbia”.

En ese mismo mes los serbios proclamaron el establecimiento de la República de Serbia de Bosnia. El 5 de abril comenzaba la conquista de Bosnia.

La guerra se intensificó desde las primeras semanas del verano de 1992. Ante la amenaza del avance serbio, croatas y musulmanes se reunieron en Zagreb el 21 de julio y firman un acuerdo de colaboración. La limpieza étnica de los enemigos se aplica sistemáticamente en ambos bandos. En 1993 las milicias croatas también comienzan a desarrollar operaciones de limpieza étnica en Herzegovina. A mediados de 1995 las milicias serbobosnias, dirigidas por Radoan Karadzic controlaban, y habían limpiado étnicamente, un 70% de la superficie de la República.

La intervención internacional

El conflicto de Bosnia se percibió como una sustracción o como una amenaza directa al proceso de la Unión Europea. A lo que se sumaba los norteamericanos que actuaban en la zona como una fuerza neutral. El 6 de abril de 1992 la comunidad internacional reconoció el Estado de Bosnia-Herzegovina.

El 31 de mayo de 1992 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) decretó un embargo contra Serbia.

El Consejo de Seguridad de la ONU, en la resolución 757, endureció sus sanciones económicas a Serbia, por considerarle el máximo responsable de la situación. El 3 de junio de 1992 el gobierno de Croacia pidió oficialmente al Consejo su intervención armada.

El 26 de agosto se celebró en Londres la Conferencia de Paz sobre los Balcanes, en medio de la desesperanza general. El resultado de la misma fue un fracaso absoluto.

En septiembre de 1992 se aprobó en Ginebra la Conferencia permanente sobre Yugoslavia copresidida por David Owen, por parte de la Comunidad Europea, y por Cyrus Vance, por parte de la ONU y comenzaron las negociaciones entre los líderes de las tres comunidades étnicas de Bosnia aunque rechazaron reunirse conjuntamente. El plan Vace-Owen consistía en mantener a Bosnia como un estado unitario integrado por diez provincias semi-autónomas dotadas con una amplio margen de competencias. Este plan no satisfacía los intereses vitales de Serbia en general ni de los serbios-bosnios en particular.

En diciembre de 1993, el Consejo Europeo, reunido en Bruselas, aprobaba un declaración sobre la Antigua Yugoslavia exigiendo a todas las partes que actuasen con ánimo constructivo y sin recurrir a la opción militar.

La presión internacional contra la nueva Yugoslavia, liderada por la Serbia de Milosevic, siguió en aumento hasta que culminó con su expulsión de la ONU en septiembre de 1993, pero ello no se tradujo en un hecho positivo para la  paz. Las amenazas de emprender acciones de fuerza sonaban huecas y vacías.

En 1994 la OTAN decide participar activamente en el conflicto cuando el 28 de febrero sus aviones derribaron cuatro aviones serbios en Bosnia Central.

La guerra entre Bosnia y Serbia termina oficialmente el 23 de febrero de 1994 cuando se firma un acuerdo de alto el fuego en Zagreb. En marzo se rúbrica en Washington y Viena un acuerdo de paz, con la mediación de EE.UU. entre Croacia y la República de Bosnia Herzegovina. El territorio controlado por croatas y bosnios quedaban divididos en diez cantones autónomos establecidos en la Federación Bosnia y Herzegovina.

A partir de ese momento comenzaran los enfrentamientos entre los serbocroatas y los serbobosnios.

En julio de 1995 las tropas serbias ocuparon las zonas donde estaban establecidas las fuerzas especiales de pacificación de la ONU. La comunidad internacional presionó a los tres contendientes para que firmaran un acuerdo de paz.

El tratado de Dayton (14 de diciembre de 1995)

El texto suscrito en Dayton no era de modo alguno el producto de la libre decisión de unos agentes inclinados a defender derechos y libertades, si no, la consecuencia de dos hechos: por un lado, una guerra, y por el otro los intereses de las potencias internacionales.

El acuerdo garantizaba formalmente la integridad territorial, la independencia y la soberanía de Bosnia Herzegovina integrado en dos entidades: la Federación Bosnio-Croata a la que se asignó un 51% del territorio, y la República Serbia, a la que correspondió el 49% restante. Bosnia tendría una presidencia colegiada y rotatoria, con representantes de las tres principales etnias existentes en su territorio. Contaría también con un ejecutivo y un parlamento comunes y dispondría de una capital unificada: Sarajevo. El escenario se vería marcado por el despliegue de un nutrido contingente de la OTAN.

Pero el acuerdo firmado se había olvidado de que existía un gobierno democrático electo de un Estado internacionalmente reconocido. El proceso de negociación legitimó la conquista de territorios por la fuerza y la previa limpieza étnica de esos territorios.

2.9 El nacionalismo en Macedonia

El temor a caer bajo el yugo de Belgrado impulsó al nacionalismo macedonio que consiguió ganar las elecciones de noviembre y diciembre de 1990. La unión entre comunistas, nacionalistas y la Alianza de Fuerzas para la Reforma permitió un reparto de poder que hizo posible la declaración de la soberanía de Macedonia, que implicaba poder separarse de Yugoslavia cuando lo estimase oportuno. Pero esta alianza solo se mantuvo hasta el 23 de octubre de 1991 cuando los nacionalistas pasaron a la oposición. En noviembre se implantó la nueva Constitución.

Su reconocimiento internacional fuer retrasado debido a la objeción de Grecia que consideraba inadmisible un fragmento de su Constitución, el uso del nombre de Macedonia y de la bandera que consideraba helénica. En 1993 la ONU reconoció al país con el nombre provisional de Antigua República Yugoslava de Macedonia. En febrero de 1994 Grecia le impuso un bloqueo comercial que duraría hasta 1995, cuando Macedonia accedió a cambiar su bandera y su Constitución.

Durante la guerra de Kosovo, Macedonia cooperó con la OTAN abriendo sus fronteras a los refugiados. El 13 de agosto de 2001 se llegó a un acuerdo que puso fin al enfrentamiento entre macedonios y albaneses.

2.10 Kosovo

Hemos querido dejar fuera del recorrido anterior la parte referente a Kosovo para centrarnos ahora, detenidamente, en ella.

Desde el principio las diferencias religiosas empezaron a convertirse en el elemento fundamental de la distinción entre serbios y albaneses. Los albanokosovares son en su mayoría musulmanes, aunque existe una minoría cristina, y los serbios mayoritariamente cristianos ortodoxos.

Persecución ortodoxa y el germen del nacionalismo albanés

La intolerancia  con respecto a los ortodoxos se acentuó en la segunda mitad del siglo XVIII. Buena parte de la población serbia residente en Kosovo abandonó la zona buscando protección en el emperador austriaco. El éxodo serbio favoreció una nueva llegada de albaneses.

En el siglo XIX comenzó la decadencia de la aristocracia musulmana. En 1839 se aprobaron medidas que oficialmente igualaba los derechos de los cristianos y musulmanes. Los sentimientos antiortodoxos y antieslavos alcanzaron un punto culminante durante la guerra de Crimea[3].

Posteriormente, la derrota otomana frente a Rusia llevó, en 1878, a la firma del tratado de San Stefano del que Bulgaria y Serbia salieron claramente beneficiadas. Serbia alcanzó por primera vez una independencia efectiva respecto al imperio otomano y se le otorgó gran parte de Kosovo. Como respuesta a este hecho en junio se reunieron en Prizren 300 delegados albaneses de mayoría musulmana y formaron la Liga de Prizren. Los albaneses empezaban a perder poder político en Kosovo.

Pero, los acontecimientos internacionales se volvieron en contra de Rusia favoreciendo al imperio otomano. Se rectificó el Tratado de San Stefano y las tropas serbias tuvieron que retirarse de Kosovo.

En 1881 la Liga consiguió expulsar de Kosovo a todos los administradores otomanos configurándose como una gobierno provincial. Los otomanos disuelven la Liga aunque no pueden apagar el nacionalismo albanés.

Los Jóvenes Turcos

A finales del siglo XIX nació el movimiento de los Jóvenes Turcos[4] que buscaban revitalizar el imperio. Tanto Albaneses como serbios pensaron que los Jóvenes Turcos ofrecían una razonable oportunidad de resurgimiento nacional y organización política autónoma. Pero las esperanzas se desvanecieron cuando el grupo dejo influenciarse por el nacionalismo turco y los nacionalismo balcánicos. En 1909 y 1910 estallaron nuevas protestas en Kosovo. Los jóvenes turcos organizaron una fuerte represión que llevó al exilio a muchos serbios y albaneses, estos últimos se sublevaron de nuevo en 1912.

Las Guerras Balcánicas

Ese mismo año Bulgaria, Grecia, Montenegro y Serbia firman una alianza (la Liga Balcánica) con un triple objetivo: el reparto de las posesiones balcánicas del imperio otomano, el establecimiento de un frente que contrarrestase las políticas del imperio austrohúngaro y poner freno al intento de creación de un estado albanés. La Primera Guerra Balcánica estalla en octubre. Aunque los albaneses procuraron mantenerse al margen la rápida derrota del ejército otomano y la invasión de los aliados a sus territorios aceleraron la manifestación de una activa oposición a las potencias balcánicas. Mientras, Serbia se anexionó Kosovo y se proclama en noviembre un Estado albanés independiente.

En mayo de 1913 se firmó en Londres un tratado que formalmente ponía fin a la Primera Guerra de los Balcanes. Tras ese tratado las aspiraciones griegas y serbias se vieron frenadas y procuraron repartirse Macedonia. Bulgaria no lo iba a permitir. Era el preludio de la Segunda Guerra Balcánica. La derrota de Bulgaria fue rápida. Serbia, por el tratado de Bucarest, conseguía doblar su territorio a través de la incorporación de buena parte de Macedonia.

Las guerras mundiales

El hecho de que Kosovo quedase fuera del recién estado albanés suscitó pronto problemas. En el marco de la Primera Guerra Mundial el imperio austrohúngaro declara la guerra a Serbia. El conflicto pronto llega a Kosovo en forma de combates muy duros entre serbios y albanokosovares. Tropas austrohúngaras ocuparon buena parte de Kosovo y Bulgaria se apropiaba de la parte oriental del territorio. Tras la retirada de Serbia, Kosovo quedó bajo ocupación de Austria-Hungría.

Ante esta situación surge el Comité para la Defensa Nacional de Kosovo que propone la reunificación de todas las tierras albanesas.

Tras la derrota del imperio austrohúngaro, de Turquía y de Bulgaria se creó el Reino de los serbios, croatas y eslovenos que se hizo con el control de Kosovo y planteaba un programa centralista asentado en Serbia.

En 1921 surge, apoyado por Italia, el movimiento kayak un grupo de bandoleros que revindicaba la unión de Kosovo y Albania. Pero el grupo no contaba con el apoyo albanés. Albania firmó acuerdos secretos con Yugoslavia para erradicar el movimiento. Se produjo la separación definitiva entre Albania y Kosovo.

El territorio kosovar fuer dividido entre varias unidades regionales para intentar evitar cualquier tipo de respuesta común. Además se inició un ambicioso plan de colonización desde Serbia. El propósito era acrecentar la presencia demográfica de los serbios, garantizar la impermeabilidad de la frontera con Albania y estimular la emigración de los albanokosovares.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial en 1941 Alemania ocupó Kosovo y el territorio quedó repartido entre Albania, Alemania, Serbia y Bulgaria. En septiembre de 1943 surgió en Kosovo un movimiento que se autodenominó como Segunda Liga de Prizren que exigía la unidad étnica con Albania. Se produjeron nuevamente expulsiones de serbios y montenegrinos.

En septiembre de 1944 Bulgaria declara la guerra a Alemania y en octubre tropas soviéticas y búlgaras entran en Serbia y Kosovo. La marcha de las unidades alemanas presentes fue inmediata.

El gobierno de Tito

A principios de 1944 Tito había señalado que la Vojvodina y otras áreas similares se beneficiarían de una amplía autonomía, hasta le punto de que sus habitantes podrían decidir a qué unidad federal vinculares. Se decidió emplazar a Kosovo dentro de Serbia. En 1945 se estableció la región autónoma de Kosovo como parte constituyente de Serbia.

La presencia de serbios y montenegrinos en los aparatos de dirección del Partido y el Estado en Kosovo supuso la marginación de los albaneses. Además, las políticas oficiales alentaban al empleo del serbocroata en la enseñanza primaria. Entre 1945 y 1966 se estima que unos 100.000 albaneses abandonaron Kosovo[5].

La nueva constitución promulgada en 1963 elevó formalmente a Kosovo a provincia, aunque seguía sin tener atribuciones en el ámbito federal. La destitución de Aleksandar Rankovic, un gran activista del nacionalismo serbio, en 1966 abrió la puerta al proceso de descentralización. Dos años después se aprobaría una enmienda constitucional por la que las provincias serían parte de Serbia y de la estructura federal. En 1969 se legalizó el uso de la bandera albanesa en Kosovo, se firmaron acuerdos comerciales con Albania, se contrataron profesores de origen albanés y se permitió las clases en albanés en la universidad de Priscila.

En 1974 la nueva Constitución yugoslava reconoció a las provincias autónomas de Kosovo y Vojvodina. Pero, la provincia autónoma de Kosovo estaba subordinada, en última instancia, a las decisiones de Belgrado, circunstancia que parecia inaceptable a los albaneses que componían la gran mayoría de su población. Pero, en el interior de Kosovo el poder correspondía a un gobierno cuyos integrantes representaban a estos mismos albaneses, lo cual era visto como una constante amenaza por la minoría serbia allí residente.

Para el historiador Noel Malcom la negativa a reconcer a Kosovo la condición de república obedecía al temor de que con el paso del tiempo optase por la secesión y decidiese unificarse con Albania[6].

Muerte de Tito: El auge del nacionalismo serbio

Temerosos del nacionalismo intrasigente, numerosos serbios y montenegrinos abandonaron Kosovo desde 1981. Las cifras de ese éxodo experimentaron un fuerte crecimiento a partir de 1986 cuando ya eran 22.000 los individuos de tales etnias que habían emigrado a Serbia[7].

Los medios de comunicación del Belgrado se hicieron eco de la persecución serbia por parte de los albaneses en Kosovo llegando a hablar, en muchas ocasiones, de genocidio.

Los serbios salieron a la calle para protestar contra la actitud de los albaneses. El 24 de abril de 1987 se reunieron más de 15.000 personas en Priscila para escuchar las criticas de Milosevic[8]. Las movilizaciones continuaron los meses siguientes. En septiembre de ese año se producía la muerte de cuatro soldados serbios a manos de un compañero de origen albanés, enfermo mental. Las protestas contra los albanokosovares se incrementaron y subieron de tono. En octubre, el gobierno federal impuso, por iniciativa serbia, diversas medidas de seguridad en Kosovo. La policía se desplazó a la zona para combatir cualquier movimiento de nacionalismo o separatismo albanés. El odio entre albaneses y serbios parecía no tener fin.

Desde inicios de 1988 Milosevic demanda con más fuerza la reforma de la Constitución para suprimir la autonomía de Kosovo y Vojvodina, para así incrementar el poder serbio. El 9 de julio convocó una gigantesca manifestación contra el terrorismo y el separatismo de los albaneses iniciando una nueva fase de agitación más violenta. Se llegó a pedir la eliminación de los albaneses, serbios moderados y colaboracionista.

Pero los albaneses también salieron a las calles. En agosto, en Priscilia, más de 100.000 personas protagonizaron la mayor marcha de protesta desde 1981 en defensa de su autonomía.

Fin de la autonomía kosovar

Milosevic se fue haciendo poco a poco con el poder de la Asamblea de la República lo que le facilitó el control de la Asamblea Provincial de Kosovo. Logró sacar adelante las enmiendas constitucionales para la supresión de las autonomías de Kosovo y Vojvodina. Las protestas en Kosovo se recrudicieron, 13.000 mineros comenzaron una huelga que rápidamente fue secundada por los otros sectores laborales y los estudiantes.

Pero fue inútil, a finales de marzo de 1989, la Asamblea Provincial de Kosovo aprueba las restricciones autonómicas dictadas por Milosevic. Las autoridades de Serbia quedaban facultadas para imponer sus leyes y reglamentos, además se les faculta para invalidar aquellas resoluciones provinciales que no se adaptasen a la legislación de la República.

Se intentó corregir el desequilibrio étnico con algunas medidas como ofreciendo trabajo, viviendas y ventajas escolares a los serbios para su establecimiento en Kosovo; se prohibió la venta de bienes serbios a los albaneses; y las empresas oficiciales denegaban sistemáticamente las peticiones de empleo de los albaneses. Ante esta perspectiva 70.000 albanokosovares abandonaron la zona[1]. Desde otoño de 1989 la represión de los albaneses y la persecución de sus lñideres políticos fue constante.

En mayo de 1990 las autoridades serbias anunciaron nuevos recortes autonómicos que concluyeron el 28 de septiembre con la aprobación de un texto constitucional por el Parlamento serbio que definitivamente cerraba el camino a cualquier autonomía.

A partir de ese momento la población albanokosovar padeció un hostigamiento permanente. Las detenciones arbitrarias, los malos tratos y la tortura se extendieron, facilitados por un legislación que permitía, por ejemplo, la retención en un cuartel de policía durante tres días para realizar un interrogatorio. Las partes de los programas de estudio vinculadas con Kosovo y Albania fueron eliminadas y creció la importancia de las materias relativas a la historia y cultura serbia. El albanés comenzó a considerarse como lengua extranjera.

La guerra de Bosnia, desde abril de 1992, comenzó a tener efectos negativos en Kosovo. La propaganda oficial serbia aludía a la amenaza islámica y al auge del integrismo islámico.

La República de Kosovo clandestina

Con el paso de los meses fue cobrando cuerpo, entre la población albanokosovar, un movimiento de desobediencia civil en diversos ámbitos. Muchos de los miembros del parlamento kosovar intentaron bloquear la reforma constitucional de Serbia y al mismo tiempo poner en marcha una República de Kosovo. Pero, las autoridades serbias disolvieron el parlamento y el gobierno kosovar el 5 de julio de 1990.

El 7 de septiembre muchos de los miembros del parlamento disuelto meses antes se reunieron en Kaçanik y proclamaron una nueva Constitución que había de regir en la clandestinidad a la República de Kosovo. En septiembre se celebró un referéndum secreto en el que participó un 87% de los electores que con un 99% de los votos respaldó la creación de una república kosovar independiente. Esta se proclamo por el parlamento del 18 de octubre. A partir de ese momento, la población albanokosovar no participaría en las elecciones serbias y yugoslavas.

La fuerza directora del movimiento de independencia fue la Liga Democrática de Kosovo, creada a finales de 1989 y liderada por Ibrahim Rugova que se convertiría en presidente de la República clandestina.

El gobierno secreto desarrolló un sistema educativo y un sistema sanitario al margen del Estado. También cobraron cuerpo sistemas de transporte alternativo a los oficiales, multitud de pequeños comercios y hasta un sindicato Independiente de Kosovo.

Ante esta situación las autoridades serbias, durante agosto de 1993, comenzaron a clausurar los pequeños negocios que había proliferado tres años antes.

El movimiento de resistencia estuvo apoyado con gran fuerza e influencia por los albanokosovares que vivían en otros países, que financiaban multitud de actividades.

Pero los problemas acechaban a la República clandestina. El sistema de clanes que regía a los albanokosovares obligaba a asumir las órdenes emanadas de los máximos responsables, con lo que se convertía en una obligación formar parte de la resistencia. Además, la resistencia se estaba progresivamente burocratizando.


[1] Ibíd., p. 82


[1] La Liga de los Comunistas Yugoslavos, fundado en junio de 1920 por Tito, era el partido único que gobernaba en Yugoslavia.

[2] Argrokomerc era una de las empresas más grande del Estado con mas de 13.000 empleados en Bosnia-Herzegovina. Utilizó de forma fraudulenta recursos financieros equivalentes a más de 600 millones de euros.

[3] La guerra de Crimea (1853-1856) enfrentó a Reino Unido, Francia, Imperio Otomano y al Reino de Piamonte y Cerdeña contra el Imperio Ruso.

[4] Partido Nacionalista y reformista del imperio otomano que consiguió expulsar al sultán gobernando desde 1908 hasta finales de la Primera Guerra Mundial.

[5] TAIBO, Carlos: Para entender el conflicto de Kosova, Los Libros de Catarata, Madrid, 1999, p. 45.

[6] MALCOM, Noel: Kosovo: A Short History, Macmillan, Londres, 1998 pp. 337-328 citado por TAIBO, Carlos: Para entender el conflicto de Kosova, Los Libros de Catarata, Madrid, 1999, p. 47.

[7] DE DIEGO GARCÍA, Emilio: La desintegración de Yugoslavia, Actas, 1993, Madrid, p 77.

[8] Ibíd, p. 79


[1] PIZARROSO QUINTERO, Alejandro: Nuevas guerras, vieja propaganda (de Vietnam a Irak), Cátedra, 2005, Madrid, p.9

[2] Ibíd. p. 37

[3] Autores como Mary Kaldor, Henfried Münkler, Pablo Sapag o Alejandro Pizarroso.

[4] Ibíd. P. 41

[5] GONZÁLEZ SAN RUPERTO, Marta: Información y desinformación en el caso de Kosovo en Las Convergencias de la Comunicación, problemas y perspectivas investigadoras, Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid, 2000, Madrid.

[6] DE DIEGO GARCÍA, Emilio: La desintegración de Yugoslavia, Actas, 1993, Madrid

[7] DE DIEGO GARCÍA, Emilio: La desintegración de Yugoslavia, Actas, 1993, Madrid, p 43.

[8] Ibíd. p 44.

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