II. La propaganda, arma de guerra en España (1936-1939) La República

Continuamos con nuestro monográfico sobre la propaganda en la guerra civil española, esta vez nos centraremos en la propaganda del bando republicano. La zona que permaneció leal al Gobierno legítimo contó con una infraestructura muchísimo mayor para su propaganda que el bando contrario.

La estrategia del Ejército popular consistía en mantener mediante la propaganda una constante tensión bélica en aquellas zonas estratégicamente importantes pero con un línea del frente más o menos estabilizada.

Desarrolló intensas campañas de agitación en los días previos a una ofensiva, de forma que, imitando a la artillería, la propaganda eliminará o debilitará la resistencia del adversario antes del ataque de la infantería.

En estas acciones se utilizaban dos medios fundamentales: el lanzamiento de octavillas y las alocuciones, bien a través de la radio o bien por medio de los altavoces en el frente, esto es un vehículo con un amplificador, un micrófono y un altavoz gigantesco que, según las circunstancias, podía alcanzar hasta 5Km. En esta propaganda se mezclaban la información, las medias verdades, los rumores y las mentiras.

Veamos un ejemplo de esta propaganda en una de las octavillas lanzadas:

Españoles rebeldes.

¿Sabéis cual es la terrible, la dramática estadística de los niños nuestros, de los niños compatriotas vuestros, que han caído víctimas de la metralla italogermana desde el día maldito para España en que empezó vuestra rebelión hasta el primero de Abril próximo pasado? Leedla.

Madrid, 897 muertos y 1.380 heridos; Barcelona, 589 muertos y 1.380 heridos; Valencia, 329 muertos y 416 heridos; Asturias, 1.214 muertos y 2.000 heridos; País Vasco, 684 y 1.665 heridos [sigue la relación]. Total: 10.699 muertos y 15.320 heridos.

Este es uno de los balances de la invasión de moros, alemanes e italianos. ¿No se subleva ante ello vuestra conciencia de Españoles?

Organización

En la España republicana se había rechazado la creación de una aparato estatal de prensa y propaganda. La democracia republicana consideraba contradictoria con su legitimidad democrática la creación de un engranaje estatal de prensa y propaganda. De ahí que la República como Estado desaprovechase la oportunidad de crearse uno a su medida. Con ello hubiera dispuesto de un arma fundamental para enfrentar la propaganda franquista con una voz unificada de respaldo estatal, tanto en el exterior como en el interior.

A partir de 1936, la República toma conciencia de la gravedad de la situación y ve la necesidad de una coordinación de los diferentes aparatos propagandísticos para unificar las consignas y controlar la prensa y los espectáculos públicos.

El Gobierno de Largo Caballero sustituyó la antigua Oficina de Propaganda por  el Ministerio de Propaganda a cuyo frente estuvo Carlos Esplá de Izquierda Republicana. El día 21 del mismo mes se crea la Subsecretaría del Ministerio de Propaganda con Federico Martínez Miñana al frente.

El día 3 de diciembre de 1936 se incorporan las funciones del Patronato Nacional de Turismo al Ministerio de Propaganda. El Ministerio quedará organizado en varias secciones: Servicio de Información (que facilita a la prensa las noticias diarias nacionales y extranjeras), Servicio Español de Información (selecciona la información que debe ser conocida en Europa sobre la guerra de España), ediciones y publicaciones (se ocupa de la edición de folletos, libros, carteles), cine, radio (retransmite discursos de personalidades políticas, cuenta con un servicio de escucha de las radios enemigas y radia cinco veces al día el noticiario La Palabra), discoteca (realiza los actos musicales, da a conocer música clásica y revolucionaria y selecciona los principales discursos radiados para ser editados), servicio fotográfico y la Oficina de Prensa Extranjera.

Este Ministerio fue poco operativo en sus primeros momentos pues el Gobierno hubo de trasladarse a Valencia. Cuando esto sucedió, se organizó en Madrid una Junta de Defensa que, entre otras cosas, asumió también las labores de propaganda a través del Consejero de Orden Público primero y luego de una específica Delegación de Propaganda y Prensa, que contaba con dos subsecretarías generales: una de propaganda y otra de prensa.

La propaganda realizada entre las milicias y el ejército popular dependera exclusivamente del Subcomisariado de Propaganda ligado a la Comisaría General de Guerra.

Con la formación del primer gobierno de Negrín (17 de mayo de 1937) el Ministerio de Propaganda desaparece como tal y queda absorbido por el Ministerio de Estado. Carlos Esplá pasará a ocupar la Subsecretaria del Ministerio de Estado y Leonardo Martín sustituirá a Federico Miñana en la nueva Subsecretaría de Propaganda que estará integrada por las siguientes dependencias:

  • Dirección General de Propaganda
  • Sección Central con los negociados de registro, personal, habilitación y contabilidad.
  • Asesoría Jurídica
  • Patronato Nacional de Turismo
  • Delegaciones en el territorio nacional y en el extranjero
  • Agencia autónomas de propaganda

Por decreto del 29 de mayo la Subsecretaría de Propaganda consigue una cierta independencia al poder actuar por delegación del ministro en todos aquellos asuntos competencia de sus respectivas dependencias. El 19 de junio se nombra delegado para los servicios de propaganda en Madrid a José Carreño España.

La Generalitat de Cataluña y el Gobierno vasco ejercieron competencias autónomas en este terreno. En Cataluña se creó un Comisariado de Propaganda del Gobierno Autónomo encabezado por Jaume Miravitlles, que intentó llevar a cabo su función por encima de la propaganda partidista haciendo hincapié siempre en la unidad antifascista. El Comisariado de Propaganda realizó una importante labor en el terreno cinematográfico y también en el de la prensa.

El Gobierno vasco tuvo también un Servicio de Propaganda. Tras la caída de Bilbao (14 de julio de 1937) hubo que trasladarse a Barcelona. El aspecto más interesante de la propaganda del Gobierno vasco fue el resaltar la libertad de que gozaba allí la Iglesia católica frente el anticlerismo imperante en el resto de la España republicana.

Era necesaria una modificación de los planteamientos republicanos dirigidos fundamentalmente a la opinión internacional, a la retaguardia enemiga y al propio territorio. La propaganda tenía que captar la atención y la adhesión del enemigo; por ello, debía ocultar su intención última mostrando desinteresadamente la realidad de la lucha española.

El desarrollo de la guerra exige un mayor control de los medios de información, tanto en el interior como en el exterior, y por ello, el 18 de noviembre de 1937 se prohíben las emisiones de propaganda y publicaciones que el Comisariado de guerra venía realizando, ocupándose de las mismas la Subsecretaría de Propaganda. Con idéntica intención se disuelve por decreto del 16 de diciembre la sección de información, prensa y propaganda del Ministerio de Justicia.

La formación del gobierno de “Unión Nacional” (5 de abril) exige una modificación de los órganos y técnicas republicanas de propaganda. El día 17 de abril el Gobierno decide intervenir las empresas de espectáculos públicos y las de alquiler y distribución de películas. Una vez más intenta lograr el control de aquellos medios de comunicación que considera fundamentales para la difusión de su propaganda. La complejidad de las labores de propaganda obliga al gobierno a crear el 1 de julio una Secretaría General dependiente de la Subsecretaría de Propaganda. Pese a la prohibición gubernamental expresa (noviembre 1937) de realizar una propaganda independiente, el Comisariado de Guerra continúa su labor. El Gobierno, por el contrario, estima que la propaganda incontrolada perjudica más que beneficia a la causa republicana puesto que priman los intereses partidistas. Por ello, el 11 de agosto de 1938 promulgan una orden que prohíbe a los jefes militares dirigir arengas a la tropa. Se intentaba impedir de este modo el proselitismo comunista en el ejército.

La caída del gobierno de Negrín (5 de marzo 1939) y su sustitución por el Consejo Nacional de Defensa supone una nueva reestructuración dentro de las labores de propaganda. Por decreto del 19 de marzo de 1939 se determina que la Subsecretaría de Propaganda dependa de la Consejería de Estado quedando al frente Ángel Martínez Carmona hasta el final de la guerra.file:///Users/BelenyJavi/Desktop/Captura%20de%20pantalla%202011-02-18%20a%20las%2013.43.19.png

Inicialmente, las milicias y, a partir del segundo trimestre de guerra, el Ejército Regular Popular se convierten en creadores de un nuevo bloque mediático destinado a una audiencia receptora de hombre en armas y también de sus familias, que crean su andamiaje moral. Las publicaciones se convierten en emblemas de identificación de la unidad editora, en cauce para la trasmisión de postulados propagandísticos gubernamentales y, en ocasiones, en pálpito del sentir de una brigada que reivindica permisos para la retaguardia.

En la zona franquista se les prohíbe leer y escuchar la propaganda republicana. La República decide la impresión de las octavillas y panfletos por ambas caras para que puedan ser leídos sin necesidad de recogerlos del suelo.

La defensa de Madrid crea una mitología simbólica diferenciada, paralela a los cambios trascendentales que tienen lugar en la capital del Estado. El llamamiento a la resistencia planea sobre todos los lemas que gritan periódicos y carteles. Las palabras de Dolores Ibáturri: “Más vale morir de píe que vivir de rodillas” o el “No pasaran” adquieren el carácter de símbolo universal. El enemigo, que cerca por su cintura fluvial Madrid, es más identificable que nunca en la propaganda. Los “moros” son presentados como el gran espantajo: la crueldad, las violaciones y el saqueo se identifican con su presencia. Los miles de refugiados que afluyen a Madrid desde las tierras andaluzas y extremeñas lo ratifican con el terror de sus relatos. Los bombardeos que día a día machacan la ciudad le hacen adquirir una dimensión mítica: “¡Madrid Resiste!”.

La llegada de las primeras unidades de las Brigadas Internacionales para la defensa de la ciudad hace tangible a la conciencia de la zona republicana un elemento fundamental: “No estamos solos, aunque las democracias occidentales nos hayan vuelto la espalda”.

Conceptos y temas

En las filas del adversario existen mayoritariamente dos tipos de combatientes: los que se han visto obligados a luchar y los que tienen una información equívoca de la contienda. En los primeros hay que despertar su conciencia de clase y a los segundos hay que ayudarlos a salir de su error. Por ello los temas recomendados serían aquellos en los que se pusiese de manifiesto el contraste existente entre la política republicana y la franquista: cultura, problema religioso, mujer, etc.:

PROMESA: Franco dice: “Elevamos y dignificamos a la mujer”. REALIDAD: En la zona facciosa se ha creado el “auxilio social” mediante el cual las mujeres de 17 a 35 años, solteras o viudas sin hijos, son obligadas a prestar servicios en comederos y cocinas militares, hospitales y cuarteles donde los “señoritos de la Falange” las tratan como antaño trataron a sus criadas “para todo”. LA REPÚBLICA: Dignifica verdaderamente a la mujer dándole los mismos derechos que al hombre y, sobre todo, respetando su libertad, lo mismo en la guerra que en la paz para elegir su ocupación y el trabajo que mejor le parezca. ¡VIVA LA REPÚBLICA!.

La propaganda interna debe explicar al pueblo las causas profundas de la guerra y su transformación en una lucha revolucionaria y de independencia nacional.

Los destinatarios y temas de la campañas propagandísticas gubernamentales se mantendrán prácticamente inalterables a lo largo de la contienda. Únicamente los acontecimientos bélicos o políticos relevantes modificarán el tono de las mismas. En los primeros meses del conflicto la propaganda gubernamental se dirige fundamentalmente a la retaguardia y a los soldados. Cuando la propaganda se dirige a los combatientes suele ser monotemática.

Propaganda exterior

Buena parte de la propaganda gubernamental se orientaba a la defensa de la causa republicana en el exterior que, en principio, contaba con mayores simpatías que la de los rebeldes. Su mayor dificultad en este terreno venía dada por el creciente peso de los comunistas e indirectamente de la Unión Soviética, dentro del campo republicano, y también por la persecución religiosa, muchas veces incontrolada, y difícil de ocultar.

El Gobierno republicano disponía fuera de España de las representaciones diplomáticas regulares, cuyos servicios de prensa, además de servir comunicados a los distintos periódicos y agencias, editaron en muchos casos folletos de propaganda en varios idiomas. En las embajadas de París y Londres se publicó en francés y en inglés una serie de folletos sobre las destrucciones del tesoro artístico español a mano de los fascistas, referidos cada uno de ellos a un caso concreto: el Museo del Prado, el Palacio del Infantado de Guadalajara, el Palacio de Liria en Madrid, etc. Se organizó además una especie de agencia internacional de noticias a finales de 1937 que enviaba a España sus propios corresponsales.

Por otra parte, se organizaron algunas asociaciones de distinta índole como el Comité International de Coordination et d’Information pour l’aide à l’Espagne Republicaine o la Asociation Hispanophile de France.

La participación española en la Exposition Internationales des Arts et Techniques, celebrada en París en el verano de 1937, supuso un hito en propaganda exterior republicana.

 

Prensa

Durante la República española el servicio de información se estructuraba de una forma muy similar a como estaba organizado durante la monarquía de Alfonso XIII.

Su organigrama lo formaba una escala descendente, desde el Estado Mayor Central del Ejército de Tierra, hasta los diferentes estados mayores de las Capitanias Generales. Los servicios de información dependían de las segundas secciones del Estado Mayor. Estas se ocupaban de estos menesteres desde tiempos que se remontan a la reestructuración del Cuerpo, a finales del siglo XIX.

Dichos servicios estaban más bien pensados hacia una posible agresión exterior, que no hacía un aspecto de guerra interna.

El organigrama del Servicio de Información republicano sería el siguiente:

En toda la zona controlada por el Gobierno de la República la prensa escrita se transformó por completo. Los periódicos de la derecha o bien dejaron de publicarse, o bien lo hicieron por cuenta de partidos y organizaciones leales al Gobierno.

Hay que mencionar también la “prensa de trinchera”. Fueron numerosísimas las publicaciones de las distintas unidades militares. Estos periódicos de guerra destinados al sostén de la moral de los combatientes, así como a su adoctrinamiento político e ideológico, contribuyeron también a las campaña de alfabetización que, a pesar de la enormes dificultades, se llevaron a cabo en los frentes de batalla.

Radio

En cuanto a la propaganda radiofónica, cuando comenzaron a llegar noticias del levantamiento armado, el Ministerio de Gobernación comenzó a radiar una serie de notas cada media hora en las que resaltaba la normalidad de la situación.

Ayuntamientos, gobernadores civiles y otras autoridades leales llamaron al restablecimiento de la normalidad ciudadana desde las emisoras.

Uno de los grandes logros propagandísticos en el bando leal fue el conocido Altavoz del Frente. Era un organismo dependiente del Subcomisariado de Propaganda del Ministerio de la Guerra que comenzó a emitir todos los días a las nueve de la noche, desde el 14 de septiembre de 1936, a través de Unión Radio Madrid. Sus emisiones, en las que alternaban charlas de distintos dirigentes con música revolucionaria o poemas cantados, adquirieron justo renombre.

El tono de las intervenciones del Gobierno, tranquilizador y sereno, contrastaba con el de los mensajes radiofónicos de los partidos y sindicatos, que buscaban excitar al pueblo en la defensa de la República contra el Alzamiento del Ejército y las derechas, que ya nadie ponía en duda.

En los primeros momentos, las principales emisoras radiofónicas quedaron en la zona republicana y fueron intervenidas por las autoridades o por comités revolucionarios, como había sucedido con la prensa no afín. En Madrid, el Gobierno republicano intervino Unión Radio Madrid y Radio España de Madrid, y se instalaron micrófonos en el Ministerio de la Gobernación, desde donde se emitían las intervenciones oficiales. En Cataluña, Radio Barcelona y Radio Associació de Cataluya se convirtieron en las radios oficiales de la Generalitat. En el País Vasco, Unión Radio San Sebastián jugó un papel esencial a favor de la República. En Bilbao es intervenida Radio Emisora Bilbaína.

Los partidos políticos, sindicatos y organizaciones antifascistas creaban o intervenían sus propias emisoras en los lugares que podían.

La radio, además de entretener con la música e informar, fue un importantísimo medio para trasmitir órdenes, consignas y toda clase de llamamientos del Gobierno republicano, de los Gobiernos de las “regiones autónomas”, de las Juntas de Defensa y de los partidos y sindicatos afectos al Frente Popular. Quizá las intervenciones más numerosas fueron las del jefe del Gobierno Juan Negrín, a partir del año 37.

Las notas y comunicados que se radiaban eran de lo más variados.

Fue muy importante en ambos bandos lo que se conoció con el nombre de “llamadas de socorro”, y consistía básicamente en conocer el paradero y la situación de personas que habían sido separadas por la guerra y sus familiares querían saber sobre ellas. Durante la guerra hubo prácticamente en todas las emisoras una sección específica sobre información de detenidos, prisioneros, muertos, heridos y desaparecidos. En el lado republicano se fue haciendo más estricto el control de estas llamadas de socorro, porque parece que fueron utilizadas en ocasiones por la “quinta columna” para pasar información.

Durante el mes siguiente al Alzamiento, aproximadamente hasta la primera quincena de agosto, el Ministerio de la Gobernación radiaba unas notas que eran una especie de compendio del parte de guerra, nota propagandística e informe para mantener el ánimo y la moral del pueblo y los combatientes. Cuando queda claro que ha fracasado el golpe y que se ha transformado en guerra civil, las notas oficiales, basadas en los partes diarios que facilitaba el Ministerio de Guerra, se van convirtiendo en partes de guerra[1], más breve y descriptivos de la evolución de los frentes. El encargado de leerlos en Unión Radio Madrid fue Augusto Fernández.

Se debe destacar también la propaganda ejercida por la denominada “la Pasionaria”, Dolores Ibarruri.

Literatura

 

La literatura también toma partido en la guerra. Algunos autores que mostraron su apoyo a la república fueron Antonio Machado, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Emilio Prados o Manuel Altolaguirre.

Hay una superioridad de la poesía escrita desde el bando republicano. La poesía de este bando ofrece una mayor impresión de sinceridad y una visión más compleja de la realidad lo que determina que muchos de sus textos puedan resistir hoy en día una lectura desapasionada.

En cuanto a narrativa se distingue dos grandes grupos: uno que se dedicaría a la exaltación del heroísmo del propio bando, dentro de la misma hallaríamos publicaciones como Primera de acero y Contraataque de Ramón J. Sender, Puentes de Sangre de Herrera Petere, El cojo de Max Aub o Entre dos fuegos de Antonio Sánchez entre otros; mientras que por el otro lado encontramos todo tipo de recursos destinados a degradar la actuación del enemigo, en esta línea encontramos ¡Queman, roban y asesinan en tu nombre! De J. García Morales, Los crímenes del fascismo de Luzbel Ruiz o Yo he creído en Franco (Proceso de una gran desilusión) de Gonzálbez Ruiz. En el bando republicano estas últimas son menos abundantes.

El teatro pasó a convertirse en un instrumento para la difusión de las respectivas tesis. Por parte de la izquierda, la ofensiva desde los escenarios fue de mucho menor calado. La máxima de los republicanos era convertir el teatro en instrumento educativo al servicio de las clases populares.

En 1937 el Gobierno de la República decide intervenir y crea el Consejo Central del Teatro cuya labor asignada era la de intervenir directamente en la estructura de la producción teatral y la de supervisar su contenido ideológico.

… No tenemos otra obligación que gritar hasta enroquecer, para que nos oigan en el último rincón del mundo. Como sea, con la pluma, con el pincel, con el lápiz con la palabra, pero gritar tan fuerte que nuestro eco quede vibrando en el aire eternamente. Esa es nuestra misión

SANTIAGO ONTAÑÓN

El teatro, en definitiva, como arma al servicio de la lucha ideológica un fracaso aunque no solo en el bando republicano sino también en el nacional.

Papel determinante en el conjunto de la acción propagandística republican cumple con la Alianza de los Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, organización surgida para agrupar a los intelectuales del Frente Popular y que nace por inspiración comunista.

Cine

Al quedar partida la Península en dos zonas, las infraestructuras técnicas de Madrid y Barcelona (estudios y laboratorios) quedaron en zona republicana, así como la sede de la importante productora valenciana Cifesa.

La más inmediata respuesta cinematográfica a la sublevación de julio de 1936 la produjo la central anarcosindicalista CNT en Barcelona. Creó una Oficina de Informqación y Propaganda cuya primera producción fue Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona, montada y comentada por Mateo Santos. Este documental excepcional, que capta con crudeza la convulsión revolucionaria de los primeros días, se caracterizó por su inflamado comentario que denunció “la traición de unos militares sin honor (…) en sorda alianza con la alta burguesía y los negros cuervos de la Iglesia que inspira el Vaticano”. Estrenado el 14 de agosto, el virulento anticlericalismo y la estridencia revolucionaria hicieron de este reportaje una pieza ideal para la contrapropaganda enemiga.

También la CNT incautó y colectivizó las 116 salas de cine que funcionaban en Barcelona.

Tras tan estridente debut, Mateo Santos recibió el encargo de confeccionar un más apacible Barcelona trabaja para el frente que mostró la organización de la distribución alimenticia de los anarquistas para abastecer al frente y a la retaguardia. Fue retirado antes de su estreno.

En Cataluña los anarquistas desarrollaron también una importante actividad cinematográfica. Produjeron largometrajes como Aurora de Esperanza y documentales como la serie Los aguiluchos de la FAI por tierras de Aragón.

Otros títulos son: Bajo el signo libertario (1936), El cerco de Huesca (1937), La columna de hierro (1937), Teruel ha caído (1937), La toma de Teruel (1937), Alas negras (1937), La silla vacía (1937), Castilla se liberta (1937), entre otras.

Una figura muy destacada fue la de Buenaventura Durruti.

Los comunistas también participaron en la producción cinematográfica. Además de organizar efervorizados mítines caldeados con la proyección de películas soviéticas, los comunistas proponían como estrategia central la unidad política y militar de todas las fuerzas antifascistas, bajo un mando único con la prioridad castrense de ganar la guerra. Este modelo de integración unitaria estaba muy bien ilustrado por la película favorita de Stalin, Tchapaief, el guerrillero rojo (1934).

Algunas de sus producciones son: Mando único (1937), Unificación (1937), Por la unidad hacia la victoria (1937), El Ejército del Pueblo nace (1937), Ejército Popular (1937), ¡¡Pasaremos!! (Documental de la guerra civil en España) (1936) y El camino de la victoria (1936) entre muchas.

Los comunistas dispusieron de la productora y distribuidora Film Popular, ubicada en Barcelona que se encargó de la edición en castellano del noticiero España al día.

Los fines humanitarios del Socorro Rojo Internacional explican que produjera documentales como La obra del facismo: bombardeos de Madrid (1936) o Éxodo (1937).

La Subsecretaría de Propaganda del Gobierno republicano, cuya sección de cine estaba a cargo de Manuel Villegas López, produjo numerosas películas documentales entre las que destaca España leal en armas o Espagne 1936, con guión de Luis Buñuel y dirigida por Le Chanois.

La propaganda del Gobierno republicano asumió la estrategia unitaria marxista y un título como Todo el poder para el gobierno, producido por el Ministerio de Propaganda en 1937. Entre su producción destacó el documental de media hora Madrid (1937). Desde 1938 la Subsecretaría editó unos breves films, llamados traillers, de tres o cuatro minutos y con efectos de montaje rápido, que se proyectaban en los intermedios de las sesiones, mostrando temas de actualidad u ofreciendo consignas. Entre los títulos más destacables de la Subsecretaría figuraron La batalla de Guadalajara (1938) y Los trece puntos de la victoria (1938).

La película gubernamental de mayor alcance propagandístico fue Sierra de Teruel de André Malraux.

Tiene especial interés la actividad de propaganda cinematográfica del Comisariado de Propaganda de la Generalitat, cuya sección de cine, a cargo de Joan Castayer fue productora, distribuidora e importadora de numerosos títulos soviéticos. Entre sus producciones se puede destacar el documental de Joan Serra Un día de guerra en el frente de Aragón, el famoso Enterrament de Durruti o el mediometraje Catalunya Mártir. Su obra más importante fue el noticiero semanal Espaya al dia. Noticiari Nacional.

Fotografía

 

La fotografía será fundamental durante la guerra. Desde el comienzo del conflicto su identificación con la causa popular es muy clara, hasta el punto que algunos fotógrafos plantearon su trabajo durante la guerra como un claro instrumento de propaganda al servicio del gobierno constitucional . En este sentido, muchas de sus imágenes fueron utilizadas para la propaganda republicana en los carteles y tarjetas postales que editaba el gobierno central, la Junta de Defensa de Madrid, el Socorro Rojo Internacional, etc.

Los fotógrafos tuvieron grandes dificultades para realizar su trabajo en los frentes y la retaguardia, pues en el bando republicano escaseaba el material gráfico, las películas y el papel, de manera que a veces debieron volver a utilizar las viejas placas de cristal. El fotógrafo Alfonso contaba que para hacer uno de sus reportajes sobre Madrid tuvo que emplear los restos de un rollo de película de cine. Todo ello sin contar lo arriesgado de la empresa, que le costó la vida a la fotógrafa Gerda Taro.

Manuel Albero y Francisco Segovia -destacados fotógrafos deportivos en la República- fueron “los grandes cronistas de aquellas jornadas” en Madrid, desde el mismo 18 de julio de 1936 en que fotografiaron el asalto republicano al cuartel de la Montaña; seguramente muchas de las fotos seleccionadas, ahora anónimas, son suyas. También trabajaron en Madrid Santos Yubero y los hermanos Mayo que constituyeron una agencia de prensa que enviaba fotos a todo el país.

Algunas de las fotos pertenecen a fotógrafos muy conocidos en el mundo del fotorreportaje fuera de España, que tenían claras sus simpatías por la causa republicana y consideraban su trabajo como una forma de contribución a la lucha antifascista. Está entre ellos el húngaro Robert Capa, quien había tenido que huir de los nazis por motivos políticos; estuvo en España el año 36 y realizó un amplio reportaje sobre la guerra civil para la revista francesa “Vu”. Otros fotógrafos extranjeros eran David Szymin, “Chim” (que luego formaría parte de la agencia Magnum fundada por Capa), Walter Reuter y las fotógrafas Gerda Taro, Tina Modotti y Kati Horna.

El inicio de la guerra civil supuso una ruptura brutal de la vida cotidiana para todos los españoles. Muchas familias sufrieron muertes y separaciones por la situación de los frentes, otras tuvieron que ser evacuadas de sus lugares de origen pasando a ser refugiados en la gran ciudad. La fotografía refleja con gran dramatismo todas estas vivencias.

Una parte importante de los reportajes fotográficos de Madrid en guerra fueron encargados por la Junta de Defensa de Madrid y forman el llamado “Archivo Rojo” (aludiendo al general Vicente Rojo). Este organismo, encargado de coordinar la defensa de la capital, fue creado por el gobierno a raíz de la ofensiva franquista el 6 de noviembre de 1936 y lo formaban representantes de todos los partidos políticos en el gobierno; lo presidía el general Miaja que nombró jefe de estado mayor al entonces comandante Vicente Rojo.

Por medio de las imágenes de la capital de España durante la guerra, la sección de prensa y propaganda de la Junta de Defensa intentaba crear sentimientos de apoyo al pueblo español con el fin de recabar la solidaridad internacional hacia la República amenazada.

La propaganda republicana convierten a la mujer-madre, víctima de la guerra, en un símbolo de la inocencia del pueblo frente al ataque fascista. Por ejemplo, los carteles del Ministerio de Propaganda editados dentro de la campaña de Ayuda a Madrid toman la imagen de una mujer desesperada con su hijo en brazos bajo las bombas.


[1] Más adelante expondremos en un post específico las características del parte de guerra como instrumento de propaganda durante la contienda.

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