Diego Martínez Barrio y Unión Republicana: El estallido de la Guerra Civil

El gobierno que se formó fue puramente republicano, ya que los socialistas se negaron a participar. Bajo el mandato de Manuel Azaña, como presidente del gobierno, Diego Martínez Barrio fue erigido Presidente de las Cortes.

El 7 de abril las Cortes destituyen al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y al día siguiente Martínez Barrio fue designado para ese puesto hasta el 11 de mayo cuando fue sustituido por Manuel Azaña y recupera su anterior puesto como Presidente de las Cortes. A esas alturas para Diego Martínez Barrio las posibilidades de convivencia no habían desaparecido totalmente: “era posible gobernar, pues unos y otros, los grupos aferrados a la violencia, la extrema derecha y la extrema izquierda, aplacaban sus ímpetus cuando se le hablaba alto”.

A Santiago Casares Quiroga le correspondió la presidencia del gobierno. Para Martínez Barrio su gestión fue una peculiar mezcla de “inconcebible pasividad y explosiones de cólera”. Casares, ni siquiera logró la colaboración de algunos de los ministros de Azaña en la etapa inmediatamente anterior.

Lo peor del gobierno, no fue lo que hizo, sino lo que no supo evitar. El desorden público que reinaba en Espala era importante, los actos de violencia se prolongaron hasta el momento del estallido de la guerra. Se ha calculado que el número de muertos pudo ser de alrededor de 350, cifra que resulta bastante superior a los 200 muertos que precedieron la toma del poder de Mussolini. Además, había que sumar los producidos por la revolución de octubre de 1934. Por supuesto, la violencia fue practicada por lo dos lados: las masas del Frente Popular incendiaron iglesias, periódicos de derechas y locales de esos partidos, mientras que los falangistas ponían bombas en locales sindicales o intentaban asesinar a figuras como Jiménez Asúa y Eduardo Ortega y Gasset. A menudo la violencia era espontánea y reactiva. Por supuesto, la descripción de esta violencia no justifica, en absoluto, la posterior sublevación, que produjo un número de víctimas infinitamente superior, sino que testimonia las deficiencias de la acción gubernamental y la angustiosas sensación, sentida por muchos, de que el adversario podía tomar la iniciativa e imponerse impidiendo la acción propia.

Mientras tanto, Casares Quiroga tenía una estrategia que consistía en esperar a que la sublevación, una vez vencida, le sirviera a él para afirmarse en el poder. Al mantener esa pasividad demostraba una ignorancia real de la situación española. Su error era tan manifiesto que fueron muchos los políticos del Frente Popular que a lo largo de las últimas semanas de la República denunciaron la existencia de una conspiración.

En febrero de 1936, aunque la Guerra Civil apareciera ya como una posibilidad, lo era todavía lejana. En julio estaba mucho más cercana, pero hasta el último momento pudo haber sido evitada. El último empujón se lo dio el asesinato de Calvo Sotelo. Nunca en Europa occidental democrática un dirigente de la oposición había sido asesinado por miembros de la policía.

El 18 de julio de 1936 se produce la sublevación de los militares. Una sublevación para la que el gobierno de la República había tomado medidas, muchos militares sospechosos fueron trasladados a puestos en lo que parecían menos peligrosos: así sucedió con Franco en Canarias o Goded en Baleares, a Mola se le mantuvo en Pamplona porque tenía como superior a Domingo Batet, el general que había suprimido la revuelta en octubre de 1934. Pero lo gobernantes republicanos pecaron de exceso de confianza, ya que pensaban que las sublevaciones militares eran cosa del pasado.

El mismo 18 de julio de 1936 Casares Quiroga convoca en el Palacio de Buenavista una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros de la República, el asunto a tratar era la sublevación militar. Los miembros del gobierno en ese momento eran:

  • Asuntos Exteriores: Augusto Barcia Trelles
  • Gobernación: Juan Moles
  • Marina: José Giral
  • Agricultura: Mariano Ruiz-Furnes
  • Industria y Comercio: Plácido Álvarez-Buylla
  • Justicia: Manuel Blasco Garzón
  • Hacienda: Enrique Ramos
  • Educación Nacional: Francisco Barnés
  • Obras Públicas: Antonio Velao
  • Trabajo: Juan Lluhí Vallesca
  • Comunicaciones: Bernardo Giner de los Ríos
  • Presidente de las Cortes: Diego Martínez Barrio

Además, les acompañaban tres personalidades que no formaban parte del gobierno:

  • Marcelino Domingo, presidente de Izquierda Republicana.
  • Indalecio Prieto, del PSOE
  • Francisco Largo Caballero, secretario de la UGT

Largo Caballero tenía una idea muy concreta de lo que había que hacer: disolver el ejército, licenciar a las tropas y armar al pueblo. Es decir, oponer al ejército las milicias obreras armadas. Largo Caballero siempre había demostrado su desinterés hacia el ejército y había sembrado entre sus seguidores cierto odio a ese estamento. Su mano derecha, Luis Araquistain diría “el dilema es este, franca dictadura burguesa o franca dictadura del proletariado”.

En cambio, Martínez Barrio no pensaba igual, él quería dominar la rebelión militar con la fuerza armada de los militares leales, mantener a los militares indecisos dentro de la legalidad republicana, y hacer un llamamiento a la concordia entre todos los españoles. Su primera idea fue establecer un gobierno republicano y socialista presidido por Prieto, pero Largo Caballero seguía negándose a la entrada en el gobierno de los socialistas.

Casares Quiroga dio por terminado el Consejo, se trasladó al Palacio de Oriente, residencia del Presidente de la República, Manuel Azaña, y puso sobre la mesa su dimisión.

Las dificultades para formar gobierno

A las 21.00 horas, Azaña manda formar gobierno a Martínez Barrio. Para Antonio Alonso Baño Martínez Barrio era el político ideal para ese papel ya que “era el político de la clase media española, el político que mayor confianza inspiraba en esas zonas medias del país, oscilantes y neutras ”. Esta afirmación del autor la justifica en los siguientes hechos:

1. José Antonio Primo de Rivera, desde la cárcel de Alicante una vez estallado el conflicto, redactó la composición de un posible gobierno de pacificación nacional y este estaría presidido por D.

2. En las últimas elecciones se presentó a diputado por Madrid obteniendo 225.227 votos, 3732 votos más que Largo Caballero (también se presentaba por Madrid).

3. Para asumir la Presidencia de las Cortes obtuvo 386 votos, es decir, no solo le votaron los partidos ganadores sino también los derrotados.

Además, Martínez Barrio había sido ministro del Ejército con lo que tenía un amplio conocimiento del mismo. Quizás esas fueron las razones para que Azaña le eligiera para formar gobierno ese 18 de julio. Pero, la pugna entre militares y obreros era cada vez más profunda, Martínez Barrio quería impedir la polarización de los españoles.

A la hora de mandarle formar gobierno Azaña le dio las siguientes instrucciones: “que estén representadas todas las fuerzas políticas y sociales afectas a la República, con la exclusión de la derecha de Acción Popular (CEDA), y por la izquierda de los comunistas”. Es decir, quería un gobierno de centro con espíritu de unión nacional.

Martínez Barrio se traslada al domicilio de Sánchez Román y se celebra una urgente reunión política. Se tratará del primer intento de Martínez Barrio por formar gobierno. Se encuentran presentes: el propio Sánchez Román, Indalecio Prieto (PSOE), Marcelino Domingo (Izquierda Republicana) y Antonio Lara (Unión Republicana). El gobierno tendría como principales soportes a Prieto y Sánchez Román. El primero se dirigiría a las clases populares para calmarlas y el segundo se dirigiría a las clases acomodadas trasmitiendo el mismo mensaje. Ambos estaban de acuerdo, pero prieto no podía formar parte del gobierno sin la autorización de su partido. Los socialistas se vuelven a negar a entrar en el gobierno. Ante la negativa, Martínez Barrio desistió de formar gobierno y se va directo al Palacio de Oriente. Son las doce de la noche, ya era 19 de julio.

Azaña le pide a Martínez Barrio que no decline en el encargo y que forme gobierno aunque sea sin los socialistas. Procederá, entonces, con su segundo intento de formar gobierno. Se convoca a Sánchez Román, Marcelino Domingo y Antonio Lara. En ese momento se recibe la llamada de Casares Quiroga, se había sublevado los Regimientos de Carabanchel y Getafe. En esas condiciones no era aconsejable cambiar el gobierno, sino sostener el que ya había. Se deshizo la reunión pero, dos horas después, se desmintió la noticia dada por teléfono, la sublevación en Getafe y Carabanchel no había tenido lugar.

Por tercera vez, Martínez Barrio intentará formar gobierno. Ahora cuenta con plenos poderes otorgados por Azaña. Son las tres de la mañana y Martínez Barrio se compromete a que esté constituido en tres horas. Esta vez lo hará desde su domicilio situado en la calle Villanueva. Acompañándole estarán de nuevo Sánchez Román, Marcelino Domingo y Antonio Lara. Además, se llama al general Miaja, que será el Ministro de Guerra y a Augusto Barcia Trelles que será ministro de la Gobernación.

CIUDADES SUBLEVADAS 18 JULIO 1936
MÁLAGA Se declara el estado de guerra y el Ejército se hace con el mando de la ciudad. Este después de hablar con Diego anula el mando de guerra, mete a las tropas en los cuarteles y se pone a las órdenes del gobierno de Madrid.
CÁDIZ Se declara el estado de guerra y se hace con el control el general sublevado Varela.
SEVILLA Se declara el estado de guerra y se hace con el control el general sublevado Queipo de Llano.
VALLADOLID Se declara el estado de guerra. Se hace con el poder el general sublevado Saliquet.

Martínez Barrio quería convencer al Ejército de que no se sublevará, con lo que, según él, la agitación de las masas obreras se calmaría. Al mismo tiempo, ofrecería al Ejército una política de prestigio y respeto a las instituciones armadas con represalias para las organizaciones obreras que no lo entendieran así.

Diego Martínez Barrio
Martínez Barrio intentó frenar el estallido de la Guerra Civil
LOS QUE NO SE SUBLEVARON EL 18 DE JULIO 1936
SANTANDER El jefe  de la guarnición coronel don José Pérez García-Argüelles no se subleva.
ALICANTE El general José García-Aldave se pone a las órdenes de Martínez Barrio.
SAN SEBASTIÁN El Coronel León Carrasco Amilibia permanece leal a la República.
LOGROÑO El general Víctor Carrasco Amilibia permanece leal a la República.
BILBAO El coronel Andrés Fernández-Piñerúa se dispuso a obedecer al gobierno de Martínez Barrio.
GALICIA El general Enrique Salcedo Molinuevo se mantuvo inflexible bajo la legalidad militar republicana.
BARCELONA Las fuerzas militares de la ciudad permanecieron leales a la República.
BADAJOZ El general Luis Castelló Pantoja cortó enérgicamente los intentos de sublevación de algunos oficiales.
CARTAGENA El general Toribio Martínez Cabrera se mantuvo fiel a la República.
MURCIA El coronel Vicente Aguirre Verdaguer se mantuvo fiel a la República.
BURGOS El capitán general Domingo Batet Mestres se puso a las órdenes de Martínez Barrio.
VALENCIA Se mantuvo fiel a la República.
LOS INDECISOS
OVIEDO El coronel Antonio Aranda Mata se sublevó la tarde del 19 de julio.

Martínez Barrio, en su tercer intento, forma según sus propias palabras “un gobierno de conciliación”:

Formación del gobierno de Martínez Barrios[1]
Presidencia Diego Martínez Barrios
Gobernación Augusto Barcia Trelles
Ejército General José Miaja Menat*
Marina José Giral Pereira
Asuntos Exteriores Justino Azcárate*
Educación Nacional Marcelino Domingo Sanjuán*
Obras Públicas Antonio Lara y Zárate*
Industria y Comercio Plácido Álvarez Buylla
Justicia Manuel Blasco Garzón
Hacienda Enrique Ramos Ramos
Agricultura Ramón Feced Gresa*
Trabajo Juan Lluhí Vallesca
Comunicaciones Bernardo Giner de los Ríos
Sin cartera Felipe Sánchez Román*

* Son los nuevos miembros del gobierno, el resto ya formaba parte del gabinete anterior.

El único documento del que disponemos de este gobierno es el Manifiesto que por la mañana el presidente del Gobierno pensaba dirigir a la población por radio. Decía lo siguiente:

Españoles: Acaba de confiárseme la penosa tarea de constituir Gobierno. He aceptado el encargo por dos razones esenciales, para evitar a mi Patria los horrores de una guerra civil y para poner a salvo la Constitución e Instituciones de la República.

No llegará a feliz término esta obra, si la gran masa de españoles, ansiosa de tranquilidad y seguridad, es remisa a colocarse detrás del Poder constitucional, asistiéndolo con su apoyo y fuerza moral.

Eso espero de todos vosotros y singularmente de quienes tienen comprometido su honor en defensa de la Patria y de la República.

El único programa cuyo cumplimiento puedo ofreceros es el de restablecer la paz pública, haciendo por igual justicia y devolviendo a España la confianza de sus destinos.

Inmediatamente hablarán por el Gobierno las obras. Yo invito a los españoles a que se sostengan en el marco de la ley, y a los que se salieron de ella, a que vuelvan a su mandato, sin otra dilación ni espera.

Españoles: Por la Patria y la República, por la paz social, base de la prosperidad de los pueblos, ayudad al nuevo Gobierno, representante legítimo de la legalidad constitucional y de la voluntad popular. ¡Viva España! ¡Viva la República!

Martínez Barrio tiene dos frentes abiertos. Por un lado, el general Mola que aún no se había sublevado, al que Martínez Barrios telefoneará para intentar que se posicione del lado del gobierno, haciéndole recapacitar sobre la posibilidad de desatar las movilizaciones obreras y por consiguiente una guerra civil. Mola le informa de que de ninguna manera se iba a poner bajo las órdenes del gobierno, las conversaciones se rompen. Algunos autores han afirmado que Martínez Barrio le ofrece a Mola el puesto de ministro de la gobernación o el ministerio de guerra para intentar persuadirle. La Gaceta de Tenerife publicaría el 26 de julio “El Gobierno de Madrid, ya en la agonía, ofrece al General Mola la formación de un gobierno y la cartera de Guerra”. En cambio otros autores como, Antonio Alonso Baños niega esa premisa, y el propio Martínez Barrio en sus memorias lo desmiente.

El otro frene abierto es con Largo Caballero. En el mismo momento que la noticia de la sublevación llega a las calles las organizaciones se manifiestan violentamente. El carácter moderado de Martínez Barrio provocó la indignación de las izquierdas: si el anterior presidente del gobierno no había dado armas al pueblo, menos lo haría el político sevillano. El 19 de julio, las masas obreras se manifiestan contra el gobierno de Martínez Barrio al grito de “¡Traición! ¡Traición! Queremos armas ¡Armas! ¡Armas! ¡Armas!”. El gobierno llamó a su representante Largo Caballero.

En el Palacio Real se encuentran Martínez Barrio, Sánchez Román, Indalecio Prieto, Manuel Azaña, Largo Caballero y un diputado lerrouxista, ante ellos, el presidente del gobierno, presenta su dimisión al considerar que ante las manifestaciones públicas en su contra no es prudente provocar más a las masas. Prieto considera que una vez establecido el poder la opinión pública se calmará. En cambio, Largo Caballero declaró que la UGT nunca aceptaría un gobierno que se negará a dar armas al pueblo, como era el caso del gobierno de Martínez Barrio.

Se llama para formar gobierno a Mariano Ruiz-Funes, catedrático de la Universidad y perteneciente a Izquierda Republicana, pero también se niega a aceptar las pretensiones de Largo Caballero. Finalmente, se sugiere a José Giral que decidió armar a la clase obrera.

Para Diego Martínez Barrio el único causante del fracaso de su gobierno fue Largo Caballero, así lo expresa en una carta  dirigida a Salvador de Maradiaga, reproducida en la cuarta edición del libro “La España de Madariaga” en Buenos Aires en el año 1943:

En ningún momento se buscó el concurso de los rebeldes. Creímos que ellos, al observar el cambio de política, cambiarían a su vez, de actitud. Y que no estábamos descaminados lo demuestra el hecho de la pasividad de Mola durante las veinticuatro horas que se estuvo hablando del Gobierno de Martínez Barrio; la indecisión de Aranda en Oviedo, sublevado luego de conocer la noticia del fracaso de mi tentativa; y el cambio de frente del general Patxot en Málaga, quien después de haber proclamado el estado de guerra, metió las tropas en los cuarteles, al saber que yo había sido nombrado presidente del Consejo. El Gobierno de Martínez Barrio murió a manos de los socialistas de Caballero y de los comunistas. Y de algunos Republicanos irresponsables.

Para Gómez Ortiz “El gobierno que los socialistas llamaron de capitulación y los republicanos moderados de la transacción hacia aguas por todas partes. Ni las masas estaban dispuestas a capitular ante el golpe militar, ni los militares y sectores comprometidos con el alzamiento estaban dispuestos a negociar, ni siquiera con un gobierno tan moderado como lo era del de Martínez Barrio[2]”.

[1] Gaceta de Madrid, 19 de Julio de 1936

[2] GÓMEZ ORTIZ, J. M., Los gobierno republicanos. España 1936-1939, Bruguera, 1977, p. 46.

One comment

  1. Hola Belén:
    He estado leyendo tu artículo y me ha gustado bastante. Por cierto, también he estudiado Historia en la UNED.
    No obstante, me gustaría comentarte algunas cosas. Por ejemplo, la quema de conventos e iglesias se produjo ya antes de formarse el Frente Popular, al igual que el asalto a las redacciones de algunos periódicos.
    Yo soy de la opinión que los del Frente Popular quisieron poner a Azaña como presidente de la II República, para quitarse de en medio a Alcalá Zamora, que era menos manejable.
    Sin embargo, Azaña, que no era tonto, pues puso en su anterior puesto a un hombre de su absoluta confianza, una especie de hombre de paja, y ese era Casares Quiroga.
    Hoy en día, hay muchos autores que afirman que Azaña sabía perfectamente que iba a ocurrir el golpe del 18/07/1936, porque en los cuarteles había muchos miembros de la UMRA, que le informaban de ello. No obstante, dejó que dieran el golpe para así separar el “grano de la paja”. O sea, crear un nuevo Ejército donde todos fueran realmente leales al régimen. Todo ello, en la confianza de que podría derrotar fácilmente al golpe, como ocurrió con el de Sanjurjo.
    Realmente, a Calvo Sotelo, según parece, no lo asesinó ningún policía, sino un matón a sueldo, que, según dicen, tenía alguna relación con el PSOE. Lo que pasa es que iba acompañado de guardias de Asalto, mandados por un oficial de la Guardia Civil. Por ello, al ver a este oficial uniformado, el político se confió y les acompañó sin presentar ninguna resistencia.
    A Franco le trasladaron a Canarias para alejarle de la Península y de los corrillos golpistas. No obstante, aunque siempre estuvo al corriente de la organización del golpe, porque había sido el Jefe del Estado Mayor Central, parece ser que no se decidió a intervenir hasta que se enteró del asesinato de Calvo Sotelo. Este hecho, hizo que se aceleraran los preparativos para la sublevación.
    Goded era un general procedente del Estado Mayor, que ya había participado en otros golpes contra la II República. Por eso, intentaron inutilizarlo enviándolo a Baleares, donde había estado antes Franco, porque allí podría disponer de muy pocas tropas y tampoco estaría en la Península.
    Mola fue el último Director General de Seguridad de la Monarquía y estuvo muy atento a los planes de la famosa Sublevación de Jaca. Colaboró en la detención y encarcelamiento de muchos republicanos y eso pesó en su contra cuando llegó la II República. De hecho, el Gobierno, aprovechó la excusa del golpe de Sanjurjo para echar a Mola a la calle y lo pasó francamente mal en la vida civil. No olvidemos que se vivía una etapa de crisis económica.
    Con la victoria de las derechas, el Gobierno le amnistió y le readmitieron en el Ejército, dándole el importante mando del Ejército de África, un instrumento muy peligroso en poder de un golpista. Así que Azaña lo vio claro y, en cuanto ganó el Frente Popular, lo mandaron a la ciudad de Pamplona, donde esperaban que se peleara con los requetés. Además, le pusieron mandos con probada lealtad republicana, por si había que rodearlo.
    En cuanto a los votos de Martínez Barrio, te puedo decir que, aunque los candidatos se presentaran por una circunscripción electoral, como las listas eran abiertas, los podía votar cualquier español en cualquier sitio.
    Efectivamente, el crear y formar un gobierno a base de un fuerte partido centrista fue lo que más preocupó a Alcalá Zamora, pero los partidos de uno y otro signo tampoco se lo permitieron.
    Por cierto, no sé si sabrás que el consuegro de Alcalá Zamora era el general Queipo de Llano, que le avisó con tiempo para que se marchara de España, debido al inminente golpe y por eso ya no volvió.
    El PSOE se negó a entrar en el Gobierno de Martínez Barrio, porque dentro de ese partido ya predominaba la corriente izquierdista de Largo Caballero e Indalecio Prieto ya pintaba más bien poco.
    Varios cuarteles de Carabanchel se sublevaron, porque en uno de ellos estaba el teniente Gutiérrez Mellado, el cual, al ver que fracasaron huyó con otro compañero.
    Por cierto, el general Varela, en el momento del golpe, se hallaba encerrado en la prisión militar del castillo de Santa Catalina, así que, evidentemente, no tenía mando sobre tropa.
    Saludos y enhorabuena por tu artículo.

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